Jueves 2 de Febrero de 2023

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  • 20º

SáTIRA

10 de enero de 2023

Presentación: trasfondo falontológico del libro "El priapismo del unicornio"

Por Óscar S. Vadillo

 

Bueno, es un placer, gracias por esta oportunidad que sin duda merezco. Antes que nada, quería aclarar que a mí me parece que hay dos modos de enfrentar la confección de ese artefacto de combate falontológico que es un libro, o eso que conocemos, claro, heteroparejiadamente, como "libro". Primero está, por supuesto, el de toda la vida, el libro-códice, una mixtificación que apuntala el sistema binario trans/normativo capitalista reinante y que es el propio de lo que desde el viejo s. XX se conoce como el intelectual orgánico -permitidme no citar nombres, todos los conocéis ya, son esos señores que escriben exactamente lo que se espera de ellos y que cobran a fin de mes su buena bolsa de treinta monedas (risas). Y, después, está el modelo que yo vengo a proponer aquí, ante vosotros, que es el de la escritura como un modo de llamar y hasta derribar las puertas cerradas, prohibidas del sistema, esas que nos clausura el heteroparejiado y cuyas llaves custodian celosamente los intelectuales orgánicos, como ese fascista de Paul B. Preciado, pero no quiero dar nombres... (abucheos) La escritura, pues, en tanto ariete, erección, Priapo erguido, enhiesto surtidor de sol y sombra, que es la penetración falontológica correspondiente a una nueva generación de escritores caracterizada por la no-unidad, la no-consigna, la no-identidad/mordaza y el no-dinero en absoluto en la cuenta corriente. Más allá, apenas hay que decirlo, de toda clasificación, de todo academicismo vacío, tautológico, y, por descontado, de todo absurdo pudor y falsa vergüenza. Yo, a estos, a nosotros/vosotros, a esa dispersión silenciada y chepuda, a los del borde, a los que padecen halitosis rizomática, me vais a permitir que los denomine intelectuales orgásmicos. Ser un intelectual orgásmico auténtico -cuidado que corren muchos impostores fachas por ahí- es poner en cuestión y finalmente triturar el entramado heroparejiado que reglamenta el deseo de los cuerpos vivos en orden a la descarga orgónica en la forma no-opcional de una fusión entre dos o más miembros binarios. Me/nos parece política y íntimamente (si hubiere alguna distinción en ello más que meramente analítica) inaceptable, y lo que pretendemos con nuestro activismo textual es desmontar esa represión intolerable, pero siempre desde el intersticio (que es un intersticio, naturalmente, ontológico, falontológico para ser más exactos) que nos proporciona nuestra vocación de unicornios, es decir, vocación, llamado, de ser los terceros, la tercera parte en discordia, aquellos que en una fusión de cuerpos se apartan a un lado para hacerse un tremendo y pringoso pajote -enhiesto surtidor de sol y semen...

 

Un unicornio, como ya sabéis, es la forma de referirse a un constructo-mujer que condesciende a ser partícipe de una relación fusional parejiada a cambio de afecto génerico sin deudas ni compromiso, pero nosotros contestamos firmemente, a nosotros esto nos parece una instrumentalización, una violencia ejercida ilegítimamente sobre los cuerpos vivos implicados en el acontecimiento sin-bólico. El unicornio pajillero, en cambio, rehusa tener contacto con la fusión heteroparejiada, y convierte el acto de observar y ser observado mientras se la casca y babea sin someter ni sojuzgar a nadie en una auténtica reivindicación política. Mi novela, si es que en efecto la categoría heteroparejiada "novela" se puede aplicar a este Priapo soberano, a este ariete textual, versa justamente sobre todo eso. Jonás, un ser de número de cabezas indefinido y fluido, lucha por encontrarse a sí mismo en una sociedad/cárcel en la que el constructo-gayola está políticamente excluido y se recluye en espacios de marginalidad sexoafectiva. Jonás, mi personaje, si es que en efecto la categoría heteroparejiada "personaje", etc., etc., buscará su lugar en el afuera de la microretícula del entorno-cárcel por ver si halla cuerpos vivos con los que establecer una fusión desligada de violencia semiótica o epidérmica, es decir, con los que co-participar onanísticamente. Para ello me he basado en las experiencias reales que tuvieron lugar en la comuna anticomunal Junta-2 hace unos años y de las que fui testigo entusiasta y masturbator maillior, y que terminaron con la irrupción totalitaria de la guardia civil ¿Qué en qué estoy trabajando ahora? Bueno, en estos momentos, ando profundizando en la teoría/práctica falontológica mediante una nueva arma textual orgásmica, que se va a titular (si es que en efecto la categoría heteroparejiada "título", etc., etc.) El cis-cadáver de la (de)similitud. Os puedo asegurar, eso sí, que se van a cagar por la pata abajo todos los intelectuales orgánicos como esa fascista de Cristina Morales... Pero antes de todo eso, anuncio que tengo la intención de coserme la pija de un cerdo en la frente, para visibilizar priapicamente la unicornidad y contribuir a acabar con el heteroparejiado. Gracias (ovación y aplausos)

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