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POLíTICA

17 de febrero de 2022

Apagar el fuego con nafta

Un incendiario diputado nacional, que prometió en su campaña "quemar" o "dinamitar" una entidad autárquica del estado nacional, en su guerra declarada contra lo que llama "la casta" consigue, dentro de la misma, émulos y seguidores que replican, sus antidemocráticas acciones, como la de "sortear" sus haberes, transformando su dieta por una supuesta labor realizada, en un acto de campaña en tiempos no electorales y desustancializando el ejercicio de su representación y de la política misma. Debemos reconocerle al legislador su honestidad intelectual, dado que nunca deja de presentarse como un "anarcocapitalista" es decir alguien quién pretende la disolución del estado de derecho imperante. Lo llamativo es que consiga imitadores de sus actos (el donar sueldo y publicitarlo o negar el funcionamiento de la lógica de la política) en distritos deforestados de posibilidades reales de crecimiento y desarrollo por problemas estructurales (pobreza y falta de infraestructura) como coyunturales (desastres naturales o climatológicos) y que no exista reacción alguna ante un hecho claramente antidemocrático, cómo el de incinerar la función o la funcionalidad de gobernar o representar cómo lo es hacer de una supuesta donación un acto publicitario para obtener réditos individuales a expensas de la quema de lo común o público.

Tener en claro los conceptos fundamentales de lo democrático, debiera ser una política pública que se sostenga por intermedio de cursos, charlas, talleres, capacitaciones, mesas de trabajo, encuentros en el diálogo y tantas dinámicas que prevengan que se quemen los libros o los manuales de los presupuestos mínimos para continuar viviendo bajo el significado de la definición democrática.    Sea por acción u omisión, ningún gobernante o representante en ejercicio, ni que pretenda serlo (candidato o autoridad de cualquier partido político) podría alegar el desconocimiento de que una acción cómo la hacer publicidad de la donación de un haber, obtenido por el ejercicio de gobierno o de representación, es lisa y llanamente un hecho antidemocrático que debiera estar tipificado como tal.    El valor de una labor específica y determinada, se establece mediante una suma que se le otorga a quién llevó a cabo el trabajo. Lo que el beneficiario haga o deje de hacer con la misma, es algo que le pertenece a su fuero íntimo en todos los casos, salvo que lo percibido sea en función de haber sido votado para gobernar o legislar. En este supuesto, sí decide regalar, donar, entregar o desprenderse de lo que le corresponde, no puede transformar tal acto en un hecho público o político, dándolo a conocer o haciendo publicidad del mismo, dado que convertiría una supuesta buena intención en una agresión demagógica.    Bajo la misma lógica, actuaría en tal caso cualquier sujeto, que mal comprenda la libertad en un contexto democrático, saliendo completamente desnudo a la calle o pretendiendo ingresar a un lugar para realizar un trámite o transacción sin nada de ropa que le cubra el cuerpo. Siquiera sin barbijo o mascarilla, por disposiciones comunes, dispusieron que no se podía transitar, no podemos, por tanto, retroceder a explicar lo obvio para quiénes no comprenden razones sino que se atienen a caprichos insustanciales bajo formas de gritos de guerra guturales por más que expresen !viva la libertad carajo!    Lo grave es que no es una disgresión más, se trata de un ejercicio táctico para horadar el pilar fundamental del sistema democrático que es el estado de derecho. Sí no se entiende, y para colmo, se imita el acto demagógico de "donar" un sueldo siendo gobernante o representante, la viralización de tal proceder o mal obrar, nos puede llevar a agravar aún más la poca salubridad de la democracia en general.    Nadie que fue elegido por voto ciudadano para realizar una labor, puede banalizar, bastardear el percibir su haber (por más que no lo necesite o padezca de dinerofobia y lo quiera quemar) transformando este desquicio en un acto público y publicable para perversamente, convertir esta agresión contra lo democrático, cómo si fuese una caricia o un remedio.    Estupefactos observamos como no pocos, émulos del incendiario diputado de la nación, desconociendo las intenciones anárquicas de este, creen estar haciendo un bien, copiando su antidemocrática disposición de donar el sueldo, bajo la discrecionalidad de dar a uno o grupo de personas tal dinero para que compren caños o mangueras, cómo sí el trabajo para el que fueron votados tenga que ver con la automaticidad de "devolver" lo percibido y no llevar a cabo actos y acciones que justifiquen las atribuciones regladas y reglamentadas por el estado de derecho.   Han sido votados y para ello cobran (de lo contrario debieran renunciar a sus funciones no a sus sueldos) para llevar a cabo políticas públicas, no para convertir actos privados en mitines de campaña o dispositivos publicitarios para cambiar tales sumas por "me gusta" y corazones en redes sociales o aplausos en la virtualidad y la interfaz de los medios de comunicación.    En caso de que tengan otras labores que les permitan generar ingresos, estarían reconociendo, con tal donación, que naturalmente le dedicaran menos tiempo al trabajo público, o en su defecto, podría ser peor en la hipótesis que sean retribuidos por sectores que tengan intereses específicos y determinados y que estén pagando, por tanto, para tener como empleados y entenados a gobernantes y representantes. En la última de las hipótesis a las que nos llevaría un accionar mayoritario de estas acciones demagógicas y antidemocráticas, es que en función de que el dinero como retribución por una tarea pública no sea necesario en ningún caso y por ningún centavo, sólo podrían ser gobernantes y representantes aquellos a quiénes les sobren recursos y por tanto debiera quedar en claro a nivel normativo y constitucional esta modificación que podría esconderse detrás de acciones funestas como la descripta.    Estas pequeñas llamas, incipientes en el edificio de lo democrático, no deben ser desatendidas, al contrario, se debe actuar con rigor contra los "tirabombas" que mediante las "molotov" de la donación de sueldos, ya consiguieron émulos que, tal vez, por el romanticismo del acto revolucionario (el egocentrismo de creerte bueno porque le regalaste lo que te sobra a un puñado de necesitados, para lo cuál te encargas de hacerlo público y distribuís la buena nueva en los diversos medios y redes, para extasiarte en la gula de aplausos y me gusta virtuales) no comprendan que están azuzando un incendio que podría ser inmanejable.    La institucionalidad, advertida desde hace tiempo de estos focos ígneos que no retroceden y que pueden agigantarse, aún pese a las buenas intenciones de los que creen estar haciendo la heroica y no hacen más que agrandar las llamadas, tienen a disposición las mangueras de agua y los aviones y carros hidrantes, llamados cursos, talleres, charlas y encuentros de lo democrático, para repasar una y otra vez las nociones fundamentales, que son, siempre al principio, conceptuales.   Por Francisco Tomás González Cabañas. 

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