Miércoles 27 de Octubre de 2021

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ACTUALIDAD

5 de marzo de 2021

Cristina la nueva integrante de las Erinias. 

Las Erinias, en la mitología griega eran personificaciones femeninas que perseguían venganza, buscando a los autores de ciertos crímenes o supuestos culpables de los mismos. Anteriores a los dioses olímpicos, por tanto no estaban sometidas a la autoridad de Zeus. Al pasar a la consideración de la mitología romana, se las tradujo como las “furias” término que resignificó su función por fuera de la ley, o lejos de la misma (en su tensión de género incluso, dado el significante ley como lo masculino y la dimensión de las Erinias como personajes femeninos) y más próxima a la mencionada venalidad de origen.

No debe resultarnos extraño por tanto, que episódicamente, en diferentes circunstancias de lo que damos llamar historia, reaparezcan, estas formas, maneras o metodologías de reaccionar ante algo, a los efectos de conseguir mediante ello, una compensación, así sea, espiritual o abstracta, que se materialice, mediante la penalidad, reprimenda o castigo, hacia quiénes hubieron de perpetrar la acción que obliga a esta reacción, que será entendida, más luego, bajo la consideración de lo que se entiende por justicia, o búsqueda de la misma, como si fuese algo más auténtico, ejemplar o incluso justo, que el aguardar el proceso que impone o impondría la norma o la ley. También en su potencial como amenaza o advertencia. En los sucedáneos de tal historia, de nuestra historia, en su curso y decurso, en donde lo único que varía es la categoría semántica o la forma de nombrar a las cosas y su vinculación con los hechos o sus interpretaciones. Bajo la denominación de la revancha, la argucia nominal del "lawfare".  Aquí está la cuestión. El andamiaje de lo jurídico-legal, como reaseguro de lo legitimador de un sistema político-social y económico, más allá de sus fallas y fallos. No puede no existir una tensión, en la relación de convivencia obligada entre lo público y lo privado, que no desande el aspecto performativo de la institucionalidad.   “La justicia es el gobierno del pueblo, el cual es la individualidad presente a sí de la esencia universal y la voluntad propia y autoconsciente de todos. Pero la justicia que le devuelve el equilibrio a lo que universal que sobrepuja al individuo singular es, en la misma medida, el espíritu simple de aquel que ha padecido la injusticia-no se descompone en el que ha padecido  y en alguna esencia que esté  más allá; aquél es, él mismo, el orden subterráneo, y es su Erinia la que urde la venganza; pues su individualidad, su sangre, sigue viviendo en la casa; su sustancia tiene una realidad efectiva duradera. La injusticia que pueda hacérsela al individuo singular en el reino de la eticidad es solamente esto; que a él le ocurra pura y simplemente algo”. (Hegel, G. “Fenomenología del espíritu”. Pág. 299. Editorial Gredos. Madrid.2010). Así encontramos, en todas y cada una de las comarcas, que etiquetadas bajo la rúbrica de lo democrático, de la división de poderes republicano, y en plena ascensión o extensión de las capacidades de lo humanidad misma, mediante la profundización de la técnica, o de la constitución del brazo armado de la “inteligencia artificial” (que permite por ejemplo audiencias a distancias o por interfases) incontables experiencias en donde, el camino como respuesta, es que se vuelva, se retorne, se forcluya, a tal estadio en donde, facciosamente, se persigue, a los responsables de haber quebrantado una armonía, para qué, al decir de Hegel, les ocurra algo, es decir, para que  se genere justicia. La falta de credibilidad de la ciudadanía con respecto a la justicia donde se la propone desde el propio sistema del que lo separan hábilmente (ejecutivo y legislativo) cómo si fuese la parte a remover, como servicio, tiene que ver, con que no trabaja, culturalmente, desde este pliegue o esta perspectiva. Es decir la justicia representa una idea, no actúa per se o desde tal finalidad. Aquí es donde se cuestiona, quiénes con una representatividad ganada en las urnas creen por ir más allá y dentro mismo de sus consideraciones legales. No debiera ser excluyente, pero enfurecidos y enfurecidas, habiendo perdido eso que ganaron en las urnas, al irse del poder, se encontraron cuestionadas en su gobierno, para entender, que desde esa otredad, institucional, no gobernaron bien, sino quebrantando leyes, normas, que no son más que representaciones, proyecciones, aspiraciones, de construcciones de mayorías, de las ideas y deseos de un pueblo, de una masa, que siempre está en construcción y revisión. Nunca pueden o deben ser las mismas rígidas o inmóviles, lo electoral es la llave que abre y cierra las puertas de la conformación de tales mayorías, circunstanciales y dinámicas.  Se le impone, al ciudadano, desde la artificialidad, de un supuesto sistema de contrapesos, en donde lo justo tendría que interactuar con los que ejecutan y los que redactan la ley (de eso que se define como justo), sin embargo, a nadie se le explica que la acción que uno perpetra con respecto a otro, posee una incidencia, insospechada, por sobre el conjunto, por sobre el colectivo, redefiniéndolo y modificándolo en esa dinámica. Sí yo, como sujeto pasible, de una agresión por parte de otro, en búsqueda de que le ocurra algo, por lo que me hubo de hacer le genero un daño mayor o un daño de otro tipo (por ejemplo mancillar su honor) en otro orden, participo de la cosmovisión general que se tiene con respecto al conjunto de comportamientos humanos. Es decir, pasamos de temer a una ley, que no se cumple, que no se aplica, o que en nombre de ella, se edifica un servicio que no funciona o funciona mal, al pavor, que nos produce, la reacción que pueden tener los otros, sea cual fuere la misma. Todos tendríamos el mismo derecho a acudir a nuestra memoria arquetípica, a nuestra necesidad de “venganza” o de que al victimario le ocurra algo, en tanto y en cuanto, el servicio de justicia, siga funcionando, tal como lo hace, diciendo y declamando que actúa, pero escondiéndose en los pliegues de esa funcionalidad, solo normativa, performativa o en papeles, en concepto esgrimido en papel. Regresamos a la cita de Hegel, a su inicio, cuando determinadamente expresa que la justicia es el gobierno del pueblo, allí es en donde la política debe actuar, explícita y profusamente.  Dado que una cosa es que cualquiera de los mortales, en un determinado momento, nos veamos embargados en la furia de las pasiones de sentir que la vida, y el sistema generado que falla nos trató injustamente. Se nos debe perdonar que en nuestra condición de individuos, podamos proferir maldiciones o admoniciones acerca de todo el judicial, y vernos tentados en caer en la acción vindicativa o revanchista, en la falsa defensa de reaccionar ante la agresión, devolviendo o aumentando la misma. Mediante el avance de la técnica se observa en redes sociales estos compartimentos, bajo la lamentable operatoria de los "escraches" o supuestas denuncias públicas o mediáticas sin un debido proceso u ofreciendo un derecho a la defensa. Ahora bien, que está acción se vea, observe y replique públicamente, por parte de quienes forman parte de otros poderes del estado, que abrazaron como profesión el conocimiento de las leyes y que forman parte desde hace tiempo en el juego del poder, nos debe generar una respuesta, política en nuestro rol de ciudadanos.  A menos que seamos integrantes de una horda, de la cual debemos simplemente sobrevivir, el escarnio, le befa tenaz, la provocación golpista a la institucionalidad, debe ser respondida con firmeza por quiénes están para administrar justicia, en el eco de que se lo hagamos hacer llegar de la vía y manera que fuere. Esperemos nuevamente que un tribunal se vuelva a repetir el axioma "Señores jueces, nunca más!". Pretender cambiar ipso facto un sistema político, bajo la cosificación de una mayoría circunstancial, debe ser expresamente mencionado como una criminalidad de lesa humanidad, el resto de los crímenes tendrán sus respectivos fallos, pero la condena por ampararse en el hambre de los pobres y marginales que no tienen otra posibilidad que seguir siendo representados por quiénes los expoliaron y los dejaron en tal condición, no podrá dimensionarse en años de privaciones o indemnización, sino en la memoria colectiva de un pueblo, que así cómo se liberó de sus dictadores, también lo hará de las candidatas a tiranas, de sus cómplices y del legado.    Por Francisco Tomás González Cabañas.   

 

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