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ANÁLISIS

11 de junio de 2020

El peronismo correntino es asintomático.

Conducido por un Chaqueño, a quién envió un formoseño, con anuencia de un Sanjuanino, desde Buenos Aires le marcan la agenda, los herederos del matrimonio compuesto por la Platense y quién fuera el Santacruceño.

El Mercedeño, no necesita ante este escenario, ni control remoto para seguir gobernando, pese a que “gobierne” el de Ituzaingó. Compraran, en términos políticos claro, al de Santa Lucía, al de Paso de los Libres o al de Santo Tomé, tal como lo hicieron en la elección pasada con la distribución de obras y fondos, enmascarando gobernanza, gestión e institucionalidad con política. Y aquí viene el embrollo, porque además los “amenazan” con carpetazos o causas, tal como les ocurrió a la de Perugorría, al de Itatí y al de Goya. En esta suerte de “véndete, hacete mi socio menor, o la justicia independiente te investigara, y probablemente te encarcele” se presenta enfrente, como alternativa la murga interprovincial, con comandancia central en el instituto patria. Otros, como el Misionero, buscan traficar de un lugar a otro, para lograr sus conchabos y espacios, siempre en nombre de dios y las buenas costumbres, pese a que no se crea ni se practiquen las mismas. Y esta es la razón por la cuál el peronismo no gobierna Corrientes, desde los tiempos del peronista de San Luis del Palmar. Es una expresión política que se dice corresponder a la creada por el de Lobos, que no lo demuestra ni lo parece. Como si fuese poco, intenta parecer lo contrario a lo que es. El correntino, el votante, al ver y sentir esta falsedad, al palpar la farsa y dar cuenta de tamaña hipocresía, vota a los originales y no a los truchos, falsos o la mera copia. Escucha su voz, la reverberación del sapucay en el esplendor del ECO y vuelve, con su chamamé y carnaval, a festejar sus valores acendrados en la liturgia de las patronales y de la madre morena que vela desde la orilla del Paraná. Nada de esto, mínimo y esencial, les puede garantizar quién se diga peronista y correntino o crea presentarse como tal.

El síntoma es la comprobación de la ausencia. Al prescindir de tales, el peronismo correntino, queda engrampado en la supuesta demostración de que es algo consumado, perfecto, armonioso y presto a dar cátedra sobre asuntos políticos, de estado, o de independencia de poderes. En el sumun de la perversidad, que lo convierte en una expresión increíble, en un recuerdo, en un sentimiento, antes que un partido político con chances electorales, lo hace con actores de otras provincias, que defienden todo tipo de intereses, supranacionales, de la patria grande, mediana, chica, atemporales, los muertos y ajusticiados del ayer, los despojados por la campaña del desierto, el derecho a las madres de no serlo y los decretos-ley del proceso que no manchen la memoria de los pañuelos. Así conformado, presentado y exhibido el peronismo correntino, no representa los intereses primordiales de la mayoría de un pueblo que muy a su pesar integra la Nación. 

El peronismo correntino parece desde hace un tiempo una composición imposible. Los que son peronistas no son correntinos o no representan los intereses o valores de estos (porque no los conocen, no los quieren o pueden conocer) y los correntinos no son peronistas porque estos no se muestran como tales (trabajando por la justicia social, porque exista una sola clase de hombres, velando por los únicos privilegiados, los niños).

De acuerdo, a las últimas informaciones, los asintomáticos no contagian o contagian muy poco, pero están enfermos.     

 

Por Francisco Tomás González Cabañas.

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