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ANÁLISIS

23 de marzo de 2020

El intendente correntino que alega su propia torpeza.

Violando el principio jurídico de “nemo auditur propriam turpitudinem allegans” el Jefe comunal de la Ciudad de Paso de los libres (Corrientes) en manifestaciones públicas a un medio de comunicación capitalino, expresó “los que venían del exterior tenían que cumplir cuarentena si o si pero no teníamos capacidad para contener esta cantidad de gente (radio dos)”. El reconocimiento acabado y expreso de su incapacidad para gobernar la ciudad, no es óbice para no ser responsable del desastre sanitario que esto puede significar para la Argentina toda. Más teniendo en cuenta, que el jefe comunal, desde diciembre a esta parte, no sólo recibió al ministro de Desarrollo Social de la Nación, Arroyo, por motivos de la tarjeta alimentaria, sino que se saca, desde entonces, fotos con funcionarios nacionales de toda índole y función, generando esto mismo, una doble responsabilidad, de no haberse podido comunicar o en el caso de que sí, infructuosamente, con quiénes alega tener aceitados vínculos, para hacer cumplir la ley de registrar (a los efectos de realizar el posterior control de donde harían la cuarentena) a quiénes transitaron por Paso de lo Libres, en los útimos días, de acuerdo a la gravedad de la pandemia y las consecuentes disposiciones del Presidente de la Nación y sus ministros, que debieran tener antes que meros aplaudidores, miembros del poder político que entiendan lo principal del deber institucional (ni que hablar a nivel internacional, en donde por ejemplo la Intendente de Guayaquil, dispuso que camionetas del municipio se apostaran en la pista de aterrizaje para que no decole un avión español).

 

Así como el mundo, y por ende el poder ejecutivo nacional, trabaja en lugares de internación, como hoteles y hospicios de campaña, en otras provincias como La Rioja y Mendoza, el poder político dona sus sueldos o les pone tope ante la pandemia (sea como una respuesta que sirva en el plano real o en el simbólico). En el caso de Corrientes, la mayoría de los comunicadores, aún le sigue teniendo más miedo al temor reverencial de los capataces, que al coronavirus y sus consecuencias, de salud, económicas y sociales. Nadie aún le ha preguntado al vicegobernador hotelero, porque no pone a disposición del sistema sanitario provincial sus camas o a quiénes se las piensa seguir alquilando en este contexto, tampoco le preguntan al gobernador en este caso, la cantidad de respiradores con los que cuenta la provincia (cómo sí lo hizo la Nación, 9000 en la actualidad) enojándose éste cuando un secretario de salud municipal (Esquina) le habla con la verdad a sus ciudadanos y les dice que cuentan con 3 respiradores para una población total de 50.000 habitantes. Tuvo que ser un medio nacional, el dar a conocer el pedido de Alberto Fernández a la República popular de China, para contar con más respiradores (el verdadero remedio contra la versión más hostil del virus), tras la solicitud que también, desde estas columnas, habíamos realizado, a gran parte del gobierno de la provincia de Corrientes, que recorrió durante semanas empresas y provincias Chinas, para que se comunicaran con estas personalidades que conocieron en tan difundido viaje (como otrora lo hizo otro ex gobernador y un ex intendente capitalino al mismo destino) para que nos envíen a nuestra provincia con un sistema sanitario tan débil (al que ni siquiera, sus encumbrados dirigentes le prestan camas) equipamientos o profesionales, como lo hicieron con España con Italia, y como ahora esta pidiendo Fernández en nombre de todos los argentinos, pero que administrará desde su centralidad (los hospitales nuevos a concluir por ejemplo, no contemplan a Corrintes y sí a Chaco).  

Lamentablemente este tipo de acciones no se mejoran con el lavado de manos, o con el aislamiento, compartiendo las fotos de un fulanito o sultanito, sí cumplió o no la cuarentena o sí se afecto o no de coronavirus. 

No son las mismas responsabilidades, por más que el virus nos afecte a todos y por más que las disposiciones generales, sean claras y todos las tengamos que cumplir, a regañadientes, como fuere o incluso con sus excepciones. 

El tiempo escasea y lo que no agrave el virus, agravará la inoperancia o ineptitud de gobernantes o dirigentes que no estén a la altura del desafío que se nos presenta. Sí los medios no expresamos, lo que pensamos, creemos y sostenemos con argumentos, no seremos, como otrora, simples cómplices de actos de posible desvío de fondos o de lesiones éticas o morales, sino que seremos coresponsables de nuestras posibles muertes, la de nuestros familiares, amigos y cualquiera que no estará exento de la pandemia que no solamente debe ser atacada con sloganes, márketing o cadenas de la buena onda, síno ademas y tal vez prioritariamente, con inteligencia y cierta dosis de arrojo, esa que tiene que decir las cosas, más allá de hombres y nombres, antes que sea demasiado tarde. 

 

 

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