14 de diciembre de 2019

Cuando no se discute nada, perdemos todos.

Hace tiempo que en nombre de un “supuesto bienestar” espiritual o social, el hecho de que no se pongan en evidencia las tensiones o contrapuntos lógicos, que existen y existirán entre seres humanos, se muestra o se vende como algo de avanzada o positivo, cuando en verdad no es más que el cobarde accionar de ocultar cómo nos degradamos como seres racionales y cada vez menos capaces, por ende, de vivir en una comunidad con mínimas reglas de juego claras incluyentes antes que excluyentes.

A diario, las muestras, se dan a borbotones. Un jerarca, del poder menos democrático, de la institucionalidad de una provincia arreciada por la pobreza, inconspicuo como pocos, hasta denunciado por sus investigados, a horas de asumido el nuevo gobierno nacional, sí tal como lo leyó, a horas de la asunción, proclama en los medios de los amigos que el poder que detenta le da, de la posible parcialidad que tendría ese ejecutivo nacional, votado hace semanas y asumido hace horas, desde su posición de supuesta imparcialidad que dice que tiene hablando como jerarca del judicial de una provincia que muestra, pornográficamente, estos “brutaísmos” de su clase dirigente. 

 

Tenemos que volver a repetirlo, para que podamos conceptualizarlo, es decir, entender lo que está pasando y lo que nos está pasando, a nivel compresión de las palabras y lo que significan para cada cuál. 

 

No es ajeno, a lo que ocurre, a nivel nacional, con el protocolo, acerca de la interrupción del embarazo o del aborto. La falta de una comunidad de debates, de contraposiciones, da como resultado, que facciones, dogmatizadas, se pongan de un lado de la cincha, para desterrar la fuerza que se le opone o confronta. 

 

Pero claro, es más fácil escuchar al “coaching ontológico” que no se sabe a ciencia cierta que tipo de saberes obtuvo y por ende, luego, a título de que, departe, que ningún tipo de vibración debe perturbarte, y bajo ese principio individualista, sí frente de nuestras narices, están violando a una niña, no debemos interceder, porque sí “sucede, conviene”.

 

En una provincia, pobre y empobrecida, la oclusión de los pensamientos que se disputen una idea, es tan contundente como la pobreza que la somete y sodomiza.

 

Lo único exhibible, en tales avernos de la condición humana, son los sellos académicos de unidades prestigiadas por historias como la de la “mamacita” o de las acomodadas políticas, que obligan a la plebe hambrienta a tratar de doctor a sus hambreadores, como una forma más, simbólica está, de sometimiento cotidiano. 

 

La culpa, cada tanto, golpea las mientes, de quiénes saben a la perfección que están en las poltronas del poder, por la condición de estultos, cuando no de brutos, directamente.

 

Volvió a suceder, recientemente, en grado de flagrancia. Queriéndole, hacerle un favor, al jerarca judicial, le dieron rienda libre en el micrófono, y éste, obsequió una razón más, para que suceda, lo que dice temer en grado sumo; la intervención al poder judicial. 

 

Debería investigarse sí en alguna, provincia perdida, de las democracias africanas, se puede encontrar algo semejante. 

 

A pocas horas de la asunción de las nuevas autoridades políticas, elegidas democráticamente, un alto funcionario, de un poder supuestamente independiente, se pega un disparo en un pie y se deja rengo. Afirma, sin tomar conciencia de la barbaridad que esta protagonizando, que desde su imparcialidad, él supone o cree, lo titulado en tapa durante días por los medios a lo que concedió sus inefables opiniones como las siguientes: “Estoy preocupado por la situación de la Justicia con éste Gobierno Nacional”, admitió y agregó: “se dicen muchas cosas y es como que están preparando todo para salvar a alguien”.

 

El sincericidio, volvemos a recordar, se perpetraba a minutos de asumido el gobierno nacional, ya en “concurso real” profundiza sus “opiniones” políticas, cuál si fuese el más recalcitrante de los opositores al gobierno nacional, con un grado de brutalidad tan magnánino de siquiera respetar no ya los 3 meses de luna de miel que indican los libros de institucionalidad política, sino al menos 3 días para que las autoridades nacionales, votadas por el soberano, lleven a cabo acciones de gobierno, que puedan ser, criticadas u objetadas, con el decoro de las formas y cierto viso de seriedad y no ser descartadas ín limine por la parcialidad e irracionalidad de quién, en un delirium tremens, se pretenda con autoridad para decir algo de un gobierno nacional con minutos en el poder.

 

Tal como se dice que afirmó Napoleón Bonaparte, con aquello de que “sí el rival se equivoca, no lo distraigas”, seguramente ya debe estar redactado, un nuevo proyecto de intervención al poder judicial correntino, en los fundamentos o exposición de motivos, alcanzaría y sobraría (al menos en términos teóricos) en citar las expresiones públicas y publicadas del jerarca, para demostrar la parcialidad, cómo la falta de racionalidad por parte de uno sus máximos integrantes de un poder del estado, de una provincia donde los debates faltan, están ocluídos y las palabras, para la mayoría, molestan o sobran.  

 

  

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