14 de septiembre de 2019

¿Cuál es el rol o la función de la primera dama correntina?

La indagación es más general y se corresponde con un trabajo de investigación que se está llevando a cabo para proponer ciertos parámetros para que las primeras damas en Argentina, tengan cierta uniformidad de criterios en su accionar institucional (de lo contrario, ¿seguiremos apoyando el rol ornamental al que en los hechos se la destina?.) En tiempos de la irrupción de la perspectiva de género y de todo lo que implica la fenomenal transformación cultural que se propone desde la igualdad real de oportunidades entre hombres y mujeres, creemos más que atinente el preguntar, en una provincia alambrada, como Corrientes, en donde precisamente, de acuerdo, a la “Sharia” de la correntinidad, indagar figura en lo más alto de las prohibiciones.

La leyenda afirma que los correntinos son libres en sus lunas chamameceras, como en sus noches de carnaval, más luego durante el año, apenas una vez al mes, cuando se anuncia el cronograma de pagos, impuesto por el mandamás, el de la alpargata que aprisiona las cabezas y los sueños de los que se atrevan a desear una provincia que tenga las farmacias, los supermercados o los servicios que existen en cualquier otro lugar de la Argentina, pero no en su comarca debajo de sus gordos pies, que no por ser tales, no dejan de ser de barro, como los falsos ídolos que tan sabiamente advierten pasajes bíblicos. 
La perspectiva de género tampoco puede salirse de la alpargata opresiva. No sólo que en Corrientes, a nivel provincial, no se votó la ley de paridad de género, como ya se aplica a nivel nacional y en casi todas las provincias, sino que la muestra acabada y manifiesta del sometimiento, con características del viejo y recalcitrante machismo, que imprime la alpargata a la correntinidad, es que nadie osa preguntar, el rol de la primera dama, no hablamos de afirmar o cuestionar, sino de simplemente preguntar. 
Es decir, siquiera la posibilidad de que los comunicadores pagos, puedan armar artificiosamente una entrevista con la esposa del gobernador, que lleve a cabo una acción solidaria, una acción social, un acompañamiento más institucional que el ocasional en algún desfile o misa. 
En la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, por disposición normativa la primera dama, es presidenta de la fundación del banco provincial, por tanto, desarrolla una actividad pautada e intensa. En otras provincias, mejor dicho, en la mayoría, lleva a cabo acciones de índole solidaria o social, independientemente que tengan o no fijado sus tareas mediante disposiciones pautadas legalmente.
Existen distritos, en donde la primera dama, per se, posee una imagen a la par de su esposo gobernante o aún más, demostrando a las claras, el cambio de perspectiva y la igualdad de género que se inició y que indefectiblemente continuará. 
Precisamente en honor, sobre todo y particularmente, a las ciento de miles de correntinas sometidas a la alpargata de tinte machista, es que la actual primera dama, debe responder, no por la voz de su marido y de sus cortesanos, ¿Cuál es el rol (como figura simbólica) de primera dama, ejerce desde hace dos años.?

En los campos alambrados, el de la alpargata, desestima las preguntas, fustiga las misma y sostiene su concepción machista, tal como lo declaró hace no mucho en acto público “veleta como mujer” porque sabe, tal como lo representa Verdi, en un aria de su Ópera “La donna e móbile”: La mujer es cambiante, cual pluma al viento, cambia de acento, y de pensamiento.
Pensar, desear ser libre, y preguntar son las prohibiciones implícitas del régimen de la alpargata, que fustiga principalmente a la mujer, dado que, en su condición de tal, es mucho más pretensiosa y menos obcecada, que el hombre al que tal vez lo conforman con el sueldo, el chamamé y el carnaval. De todas maneras, sí alguna vez, la correntinidad, da el giro para cambiar, lo deberá hacer a la par de los géneros, independientemente de quién de el primer paso. Lo que sí, primero, y antes que nada, preguntar, el silencio de la alpargata es la señal de que más temprano que tarde claudicará en su opresión.  
     

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