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ANÁLISIS

9 de diciembre de 2017

La designación de los gabinetes o la Kénosis de los partidos políticos.

"Kénosis (vaciamiento) utilizado en la antigüedad por San Pablo en alguna de sus Epístolas, que fue retomado posteriormente por los luteranos para referirse a la renuncia de Jesucristo a su divinidad, en el momento de su encarnación como simple ser humano”. En términos de la política actual una de las tantas funciones, imprescindibles (dentro de la definición tácita dispuesta por el artículo 38 de la Constitución Nacional) que debieran tener las instituciones fundamentales del sistema democrático, es la de, mediante documento escrito, avalado por convenciones u organicidad partidaria que corresponda de acuerdo a cada carta orgánica, poder sugerir, recomendar, apadrinar (en su connotación positiva ) a quiénes pudieran ser ungidos, más luego, por los gerenciadores de la cosa pública, los mandantes en los ejecutivos, como secretarios o ministros, sería tal vez un mero formalismo, como el de izar la bandera, el de pararse para cantar el himno, o tantos otros hitos simbólicos, que son ni más ni menos que la traducibilidad de los deseos y sus consecuciones.

La política es la traducción de expectativas individuales, múltiples y contradictorias, que deben canalizarse en hechos unívocos que constituyan o representen aquello, con la menor tensión posible, políticas públicas. Costaría muy poco, no estamos planteando que esto tenga que hacerse desde el plano de lo real (insistimos, cantamos el himno jurando por gloria morir y no por ello lo hacemos, dado que es una afirmación desde el plano de lo simbólico) sino desde los rigores formales que acrecientan o consolidan en este caso lo democrático. Acciones de esta naturaleza, fortalecerían mucho más nuestras institucionalidad social y política, que las ceremoniosas, cuando no engalanadas y ostentosas juras que tienen más que ver con cabildeos extemporáneos en donde el poder, en vez de mostrar su rostro más cercano y afable, muestra su faceta más portentosa, elitista y sectaria que en una concepción estética, estaría muy lejos de lo que las democracias actuales deberían acendrar en quiénes creen o desean creer en ella.

 

Puntualizando que no trabajamos sobre cuestiones puntuales o específicas, sino por la generalidad de que contemos con una democracia mejor, entendiendo que la misma, se puede fortalecer desde la normativa vigente. Dado que como excusas, muchas veces se presentan la imposibilidad de realizar modificaciones de forma o de fondo, para tal efecto, creemos en la disposición constitucional que fija a los partidos políticos como las instituciones fundamentales del sistema democrático.

No sería nada demasiado complejo, que por más que los funcionarios se designen bajo el criterio que fuese, que tengan el barniz de esta disposición simbólica que enaltezca nuestros formas y nuestras símbolos participativos y democráticos.

 

 

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