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ANÁLISIS

3 de junio de 2017

Argumentum Ad Populum versus Vox Populi, Vox Dei.

“Hay dos grandes principios de nuestros razonamientos: uno es el principio de contradicción, que hace ver que de dos proposiciones contradictorias, una es verdadera y la otra falsa; el otro principio es el de la razón determinante, que consiste en que jamás ocurre nada sin que haya una causa o, al menos, una razón determinante, es decir, algo que pueda servir para dar razón a priori de por qué existe eso de esta manera más bien que de otra” (Leibniz).

“Los argumentos ad populum se suelen usar en discursos más o menos populistas, y también en las discusiones cotidianas. También se utiliza en política y en los medios de comunicación. Suele adquirir mayor firmeza cuando va acompañada de un sondeo o encuesta que respalda la afirmación falaz. A pesar de todo, es bastante sutil y para oídos poco acostumbrados al razonamiento puede pasar inadvertido…

 

…Los resultados en democracia no se pueden catalogar como «verdaderos» o «falsos» de acuerdo al número de votantes: tan solo se puede afirmar que el resultado es el que el mayor número de personas quiere, y eso en democracia debe ser suficiente. Votar por una solución o voto plural como método para saber si una afirmación es cierta o falsa es falaz e incorrecto. Un espectador de un juicio que observa una votación y no los argumentos no puede deducir después de la votación o por el resultado si lo votado es cierto o no. Esto es así porque la votación pudo haberse llevado a cabo a través de los prejuicios y no a través de los argumentos. De igual manera, si la lógica es llevada solo a través de argumentos sólidos no sería necesaria la votación. Tanto la democracia como los juicios no obvian esto sino que simplemente hacen la falacia irrelevante definiendo leyes que son subjetivas más que objetivas. Es decir, no se trata de hallar la verdad o lo mejor posible sino de encontrar una solución que agrade a la mayoría...

…La expresión vox populi, vox Dei (en latín, literalmente, "la voz del pueblo, [es] la voz de Dios") significa que "la opinión popular de la gente ordinaria revela la voluntad de Dios y debe obedecerse"; o sirve para indicar que, sean o no acertadas, las creencias populares se imponen por su fuerza irresistible, y no es prudente oponerse a ellas. Es también muy utilizado para sugerir la naturaleza providencial de determinadas decisiones tomadas por consenso o aclamación, especialmente en el ámbito eclesiástico, como la consideración de la santidad o la elección de cargos…

…La idea aparece ya en textos griegos como La Odisea y Los trabajos y los días (los rumores -ossa o pheme- provienen de Zeus, o son un dios ellos mismos); y en Séneca: crede mihi, sacra populi lingua est ("créeme, sagrada es la lengua del pueblo")…

…En su uso más temprano (798) se encuentra un sentido popular favorable. En una carta de a Carlomagno, Alcuino de York le advierte resistirse a aquella idea:

Y no debería escucharse a los que acostumbran a decir que la voz del pueblo es la voz de Dios, pues el desenfreno del vulgo está siempre cercano a la locura”…(Wikipedia)

“Hay dos grandes principios de nuestros razonamientos: uno es el principio de contradicción, que hace ver que de dos proposiciones contradictorias, una es verdadera y la otra falsa; el otro principio es el de la razón determinante, que consiste en que jamás ocurre nada sin que haya una causa o, al menos, una razón determinante, es decir, algo que pueda servir para dar razón a priori de por qué existe eso de esta manera más bien que de otra” (Leibniz).

“Si todos los mensajes pudieran circular libremente entre todos los individuos, la cantidad de informaciones a tener en cuenta para hacer las elecciones pertinentes retardaría considerablemente la toma de decisiones, y por tanto la performatividad. La velocidad, en efecto, es un componente del poder del conjunto…En el marco del criterio de poder, una demanda no obtiene ninguna legitimidad del hecho de que proceda del sufrimiento a causa de una necesidad insatisfecha. El derecho no viene del sufrimiento, viene de que el tratamiento de éste hace al sistema más performativo. Las necesidades de los más necesitados no deben servir de principio regulador del sistema, pues al ser ya conocida la manera de satisfacerlas, su satisfacción no puede mejorar sus actuaciones, sino solamente dificultar sus gastos. La única contradicción es que la no satisfacción puede desestabilizar el conjunto. Es contrario a la fuerza regularse de acuerdo a la debilidad. Pero le es conforme suscitar demandas nuevas que considera que deben dar lugar a la redefinición de las normas de vida… Los técnocratas declaran que no pueden tener confianza en lo que la sociedad designa como sus necesidades, saben que no pueden conocerlas puesto que no son variables independientes de las nuevas tecnologías…tal es el orgullo de los decididores y su ceguera ” (Jean Lyotard en La Condición Postmoderna)

 

“El poder global lo ostentaba subrepticiamente un joven tecnócrata. Él dijo o tipeó a su pueblo: “El mundo próximamente adquirirá un dinamismo tal, focalizado en el avance de las comunicaciones y encasillado en la sectorización de un ordenador, capaz de convertir a un individuo en un ser completamente autoabastecido y desligado de las problemáticas coyunturales o de relación, ungiéndolo en alguien capaz de sentirse realizado, verse necesario y completamente armonizado para con sus congéneres. Gestando de esta manera una sociedad informada, equilibrada, comunicada y lograda sin la necesidad de intercambio de palabra física alguna. Desterrando las dudas y forjando un ilimitado progreso”. De esta manera un vasto sector del pueblo, sin las posibilidades económicas suficientes como para embarcarse en tamaña pretensión tecnológica fue quedando progresivamente relegado. Las eclosiones sociales de Pitóm y Ramsés formaban una clara muestra de la división de las aguas, los oprimidos no sólo reclamaban pertenecer al informatizado sistema, exigían que se les cubrieran las necesidades básicas, potencializados sus justos reclamos por la vergonzosa ostentación de los favorecidos él clima se mostraba más que tenso. El prestidigitador dio una orden a su pueblo “arrojen a los necesitados en el río de la esperanza, pero usufructúen la fe en pos del avance de nuestro mundo, pequeño pero valioso” (González Cabañas, F. “El pérfido engaño”, 1999).            

Usted elige, o al menos ese cree y en esa credulidad sostiene su ser en el mundo, que lee, cuando y en tal caso en que coincide o en que no. Nada muy diferente a votar, salvo que bote su decisión de votar, ya por impericia o complicidad las botas suprimieron los votos en su momento, y años después, botas pero de lluvia no militares, nos vuelven a demostrar porque nos sirve, sí es que tenemos la oportunidad, de pensar antes de optar en una elección. 

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