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POLITICA

22 de marzo de 2017

La guerra del fotomontaje.

Hasta somos acusados de reiterativos, cuando no de pedantes y agrandados, por señalar que de un tiempo a esta parte, cierta dirigencia, redujo la democracia a cuestiones meramente electorales. Lo sostenemos párrafo a párrafo, y cada tanto, somos reproducidos, sin la grandeza de que citen la fuente, como en el reciente discurso del gobernador ante el Presidente de la Nación, cuando exclamo “No es fácil gobernar con una oposición que pone palos en la rueda, con fines electoralistas. No es fácil gobernar tampoco cuando algunos medios intentan confundir a la sociedad”. Claro que el problema es de la democracia reducida al rito, al símbolo electoral, del cual toda la dirigencia, desde el recupero de la democracia, es responsable. Y aún más, mientras el gobernador, repetía lo que venimos sosteniendo, en la provincia que gobierna, el próximo turno electoral, del presente año, se profundiza en sus cloacales niveles, en sus fútiles y lamentables disputas que ahora se debaten por la prolijidad en la que pueda ser foto-montada una imagen. De las disputas de ideas, de proyectos, de propuestas, pasando por la más discutible confrontación de liderazgos de individualidades, a la pelea por el foto montaje mejor realizado, o la truchada mejor elaborada.

A nivel nacional, o en verdad, desde el centralismo porteño (los más furibundos, son los de las provincias que encandilados por las luces de neón del vedetismo capitalino creen estar habitando el olimpo, los casos más representativos, el periodista deportivo santafesino y la doctora chaqueña) aquellos que se creen parar desde una perspectiva de izquierda (esto no casualmente es una pérdida de saber pararse ante el mundo, pues definirse de tal manera no es más ni menos que ser víctimas del eurocentrismo que desde la revolución francesa quiere seguir capitalizando lo democrático desde tal pensar) critican, furibundamente los consejos publicitarios y marketineros de donde Jaime Durán Barba.

Pocos saben que el hombre tiene formación filosófica. Esto habla mucho, no de su inteligencia, pues se puede estar formado en filosofía y no ser inteligente, pero sí de su voluntad y preocupación por llegar a las últimas o las primeras causas. En el fondo esto es lo determinante de quiénes trabajan esta perspectiva, que en tiempos de crisis son las que nos llevaran a tomar las decisiones más razonas y posteriormente, que resulten tal vez más adecuadas.

Jaime sabe de la crisis democrática, tal vez resolvió, porque no quiso o no pudo, trabajar y ganar muy bien con ello, colaborar con maquinarias políticas que aprovecharan estos hiatos, estos quiebres actuales de un sistema político en crisis.

Llevó, o contribuyó en verdad, al partido con nombre de cepillo de dientes, y con bandera ideológica de un globo amarillo al máximo sitial del poder argentino. No se le puede pedir más, al menos por respeto a su logro profesional que vaya en busca de algo que no estuvo o no está dentro de sus metas.

A diferencia del ecuatoriano, nuestras preocupaciones son más basales, más profundas, así lo venimos expresando, y luego de que el poder desconfiara, tal vez siempre lo haga, al menos ahora lo empieza a verbalizar, a usar los diagnósticos, las palabras  y está muy bien que suceda, más allá de que por ahora nos priven del reconocimiento de citar la fuente.

Sucede, que esta banalización de lo democrático, que proviene de haber totemizado lo electoral, en esas frases hechas que pronuncian en las jornadas de votaciones, de la fiesta de la democracia de los tiempos oprobiosos de las dictaduras, en vez de encargarse de trabajar en el día a día de lo democrático, genera una perversión de la democracia en sí, cada vez más flagrante, cada vez más decante y contumaz.

La última semana, alguien, que ni si quiera merecería ser nombrado, mucho menos denunciado o tenido en cuenta para algo, con un sencillo programa de computación, elucubró un mapa del delito, apócrifo, con la imagen del gobernador, señalado como sospechoso de las actuaciones que se habían llevado detenido al intendente de Itatí acusado de narcotraficante. Lo peor sucedió después. Es decir la comprobación de lo que venimos sosteniendo, que la política, desde esta democracia endeble, meramente electoralista, se puede hacer desde la bobada, de truchar una imagen.

Como usted sabrá esa tontería que bien podría ser referenciada como la típica acción de un adolescente que pretende falsificar la firma del padre en el boletín, genero el consabido tembladeral político, que llevo al gobernador a entre otras cosas, pasearse por decadentes programas que se dicen nacionales de televisión sin siquiera haber tenido la delicadeza de ordenar los pagos, que son un derecho, a los que trabajan comunicando en la provincia que gobierna.

Los Legisladores opositores, sector acusado por el oficialismo, de donde al parecer provino la falsificación, ahora es víctima de la contraofensiva, que es ni más ni menos, que otro foto montaje, otra truchada.

Es que lo electoral, va camino a transformarse en esta carrera de la podredumbre y la hediondez. No hay cabida para los proyectos, las propuestas, ni en los medios, menos en los partidos, que pasaron a ser abstracciones de los líderes con poder. Las candidaturas se resuelven, por una carrera de quién llora más, se acomoda mejor o succiona más delicadamente a los diferentes dueños de la lapicera.

Esas lapiceras que podrían haber sido usadas, para refutar un proyecto de intervención, para defender los derechos de un pueblo soberano, a quién le sacaron sus autoridades políticas votadas, por escuchas telefónicas, que no se constituye en la pesquisa del delito in fraganti, como indica la ley. La confirmación de esto, es que después de detener a los ungidos por el pueblo, se presentó el proyecto de intervención, cuando tuvo que haber sido al revés. De lo contrario, estamos ante un conflicto de poderes, pues mañana un juez federal puede detener, aduciendo audios, a un gobernador y luego de este apresado, el parlamento tratar la intervención Provincial. Cuando el judicial, sobre todo en Itatí, es quién más cuestionamientos debió haber tenido, desde los políticos hasta los medios. Con los delirantes viajes de su majestad a China ya habría alcanzado para una presentación en el consejo de la magistratura.

Pero así estamos, quiénes rechazaron la intervención en vez de hacerlo en pos de la defensa de los derechos soberanos del pueblo de Itatí y por ende de la democracia, lo hicieron por proteger a dos o tres cebadores de mate que deben tener adscriptos en la comuna. Los oficialistas, en vez de ir por el o los jueces sospechados, que son los más responsables ante este drama del narcotráfico (por acción u omisión) va detrás del que se cree vivo por haber hecho un mapa del delito trucho.

Lo peor es que del otro lado le contestan con cartelitos, también truchos por redes sociales, o pegatinas en la calle, con personajes del pasado.

Se preguntaran, estos irresponsables de lo democrático, que además son los más beneficiados del propio sistema al que atacan con estas tonteras, ¿a donde se tendrían que meter sí es que la ciudadanía piensa o se organiza para truchar una elección o trucha la legitimidad política, mediante algún atajo vil?   

 

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