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ANÁLISIS

4 de marzo de 2017

La democracia “Colombista” desafía el Teorema de Arrow.

Nadie pretende que desde el ámbito de lo teórico se gobierne per se la cosa pública. Tal principio “Platónico” (aquel del gobierno ideal de los más sabios) en verdad fue una respuesta a la muerte de Sócrates (obligado a beber cicuta por propiciar, tal vez, la primera revolución de la mente, como caracteriza Robert Palmer a los textos filosóficos disruptivos) quedando como herencia maldita, para el círculo intelectual, que en verdad, desde hace un tiempo a esta parte, protege, cuida y preserva intereses facciosos y sectoriales, en donde la principal víctima, es sin duda la episteme como el logos ( Es interesante, la reacción generada a partir del ensayo de Cansino “La muerte de la ciencia política” para dar un ejemplo de esto mismo). En la cansina Corrientes, desde donde, siguen siendo honorables y doctos los hijos putativos de aquella docente de la universidad, conocida o llamada, como “la mamacita”, que de acuerdo a una investigación periodística, que luego se judicializó, al parecer vendía, o condicionaba los resultados de las evaluaciones, al contante y sonante que los alumnos depositaran antes, o con la condición de asistir a cursos de apoyatura, organizados por los mismos evaluadores (algo no muy distinto ocurre, cuando el conjunto de una clase de borregos universitarios, se ve obligado a comprar el libro del profesor, que sin tal condicionante no tendría ni una sola venta, a los efectos de estar bien preparados para rendir) la democracia, que definimos como Colombista (dado que quién ejerce el poder, desde hace 8 años ininterrumpidos, y es protagonista central desde hace 20, se apellida Colombi) tiene sus peculiares características, que se debaten previamente en una mesa de café (como dato de color o parroquial) y que ofrece, en su profundidad conceptual, rebatir, teoremas políticos como el de Arrow.

De acuerdo  a lo que señala, Henry Mora Jiménez, de la Universidad Nacional de Costa Rica; “El teorema de Arrow, establece que cuando se tienen tres o más alternativas para que un cierto número de personas voten por ellas (o establezcan un orden de prioridad entre ellas), no es posible diseñar un sistema de votación (o un procedimiento de elección) que permita generalizar las preferencias de los individuos hacia una preferencia social de toda la comunidad de manera tal, que al mismo tiempo se cumplan ciertos criterios razonables de racionalidad y valores democráticos”. Son cinco los aspectos que se deben cumplir o al menos no violar, para encontrarse dentro, de la caracterización de lo democrático, a nosotros, nos alcanzará, solamente con transcribir el primero: “Principio de no-dictadura: No existen individuos que determinen la ordenación de las preferencias sociales con independencia de las preferencias del resto. Nadie puede imponer la decisión social. Todos cuentan por igual (un ciudadano = un voto)”.

Alecciona Mora Jiménez, “El resultado del Teorema de Arrow concluye que no existe ninguna regla de agregación de preferencias que tenga tales propiedades normativas deseables, a no ser que las preferencias sean el fiel reflejo de las de algún individuo, denominado dictador”.

El Costarricense que estudió al premio nobel que da el nombre al teorema, probablemente no sepa siquiera lo que es Corrientes, y mucho menos que el postulado teórico de su admirado, en estas tierras, ha sido volteado, a los panzazos, por un grupo de doctos y notables, que en nombre del consenso, de la deliberación, y de la legitimidad que consiguen, repartiendo como migajas, los bienes públicos sobre los que están sentados, son los grandes señores democráticos, de una institucionalidad avant la lettre, que en breve será ratificado por una aclamatoria de mayoría u opción condicionada, que dan en llamar elecciones libres.

A nadie se le puede escapar, al menos los que habitamos por estas tierras, que es lo que está ocurriendo con nuestra cosa pública. El candidato, por un conjunto de factores de la realpolitik, que tiene grandes chances de ser proclamado gobernador, el oficialista, en esa condición de “caballo del comisario”, ha sido elegido, por uno solo, que además, se lo preserva, ”in pectore” (es la expresión utilizada por la Iglesia católica para referirse a los nombramientos del Colegio cardenalicio por el Papa, cuando el nombre del nuevo cardenal no es revelado públicamente es guardado por el Papa en su pecho, este derecho del Papa rara vez se ejerce) en nombre de este derecho canónico, en desuso o casi nunca usado, el muladar en el que habitamos, se completa de legislaciones que no están en lo formal, de modelos no democráticos (como la elección de los papas, en donde no votan todos los corderos y los cardenales deben arribar a un consenso unánime que es cuando se da la fumata blanca) y rebatiendo postulados en el campo de la ciencia política, de eminencias intelectuales.

En términos puros, o duros “La democracia sería un procedimiento de amenazas y negociación, que implicaría que las expectativas se ajusten o acondicionen a las de los otros individuos. Las personas tienen que negociar, intercambiar, regatear y alcanzas consensos, bajo la amenaza del exterminio mutuo” (Henry Mora Jiménez).

Claro que esto finalmente no ocurre, por una cuestión matemática, básicamente. La principal variable que mantiene el statu quo, de estas simulaciones democráticas, es la pobreza y la marginalidad. Mientras se tengan índices altos, aquellos que escapan de tal reducto, más chances tendrán de seguir sometiéndolos, a sus decisiones, por un mendrugo o una dádiva a todo un universo de individuos al que de lo contrario, los tendrían que integrar en el cabal sentido del término. En la pirámide de los decisores, están no sólo los que gobiernan o manejan la cosa pública (más familiares, amigos y socios) sino también quiénes desean estar en tal lugar (opositores) y por lógica, deben aceptar las reglas de juego para participar. Estos, en su mayoría en verdad, son meros asociados, que se reparten cuotas o cotos de caza (ciudades o municipios, o bancas legislativas, o cargos en la justicia) para sostener la legitimidad y la legalidad, en el peor de los casos, están los incautos, que creen que podrán cambiar algo, sin cambiar antes las reglas de juego, estos son los idiotas útiles, los que les salen gratis al poder y los más furibundos y acérrimos defensores de un sistema que los tuvo, los tiene y los tendrá, como esclavos, o cancerberos de los opresores a quiénes dicen combatir.

Finaliza Mora Jiménez: “La igualdad contractual se transforma ella misma en relación de dominación, y lo hace por su lógica interna, que es una lógica de compra-venta (en general, de intercambio entre valores equivalentes). Por medio de la compra-venta se transmiten poderes, y estos poderes establecen una relación de dominación que en ningún momento viola la igualdad contractual”.

La violencia sexual produce por lo general strepitus fori, básicamente dado que el accionar de índole privada (o reservada) como la práctica sexual, es socializada, a efectos de que alguien resultó víctima padeciendo como abuso de la genitalidad de otro, o siendo menoscabado/a en su propia genitalidad, perforando la cuestión orgánica, y siendo afectado/a en su dimensión moral, psicológica y humana. Esta aberración, demuestra hasta qué punto los seres humanos, podemos prescindir de nuestra humanidad, despertando la curiosidad, de los congéneres, como para exorcizar la posibilidad de que eso mismo vuelva a ocurrir.

En términos políticos, ocurre algo muy parecido. Descontando a los pobres y marginales, a los que están en el negocio, como oficialista u opositores, a los románticos o incautos que les hacen el juego, el resto observamos impávidos, como violan una y otra vez, a nuestra democracia sometida a los peores vejámenes desde hace tiempo, es tan cruenta y atroz esta situación que no haremos nada para que cambie o se modifique, solo esperamos que no nos ocurra a nosotros lo mismo, al punto de ofrecernos a besar el falo del violador para creer que de tal modo, no seremos violados, sí es que nos entregamos antes.

En los términos del Teorema de Arrow, y como para refutarlo, sepultándolo, el candidato/delfín/caballo del comisario/sucesor/elegido por consenso que será ratificado en las urnas, solo casualmente coincidirá con los deseos del gobernante actual.

En estas tierras de realismo mágico, no precisamos ni nobeles, ni reconocimientos académicos, ni subversiones del orden establecido, nos alcanza con el sueldo a término, un rezo, un chamamé y un carnaval.   

 

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