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ANÁLISIS

31 de julio de 2016

Entrale de punta a la reforma.

Mientras todo el coro de la oficialidad (incluido la oposición, sus partes, tanto la colaboracionista con el oficialismo, como la supuestamente intransigente) se apresta a reformarte la Constitución, para refrendar que sólo el manejo de los asuntos públicos, le corresponden a la clase de seres angelados que creen provenir de un mundo distante como benévolo, para decirte que día, cobrarás tus exiguos ingresos, la definición acerca de que clase de comunidad, somos o queremos ser, debería ser lo principal, en una carta magna o en el manual en donde se estampen las principales reglas de juego.

Propuesta para consignar como política pública, dentro del texto constitucional, la batalla contra la pobreza estructural:

Consideramos que el político o quiénes dedicamos nuestras energías para pretender representatividad para administrar asuntos de estado, tenemos la obligación moral de pensar en términos que nos transciendan como sujetos protagónicos, es decir lo que se da en llamar largo plazo o estar a la vanguardia de los acontecimientos.

Es imperioso reafirmar que la construcción de estas bases para una Corrientes a unos años, sí bien no prescinde, no posee una alta carga ideológica, no porque uno prefiera no dotar las iniciativas con la convicción con la que uno actúa, sino porque es menester priorizar lo que pueda pensar el conjunto de la correntinidad, o la mayor cantidad de correntinos, esforzarnos en ser amplios y convocantes, en vez de sesgados y parciales, fundamentalmente porque se persigue un objetivo que está mucho más allá del de ganar una elección, o prevalecer en un debate.

Nuestra rica historia no se ha visto privada de confrontaciones bélicas y de disputas sangrientas en donde so pretexto de sostener una idea o una convicción se disputaba en un campo de batalla por la misma; hasta no hace mucha la supuesta heroicidad que mana de nuestras tierras para con nuestros hombres era un estandarte de supuesto orgullo nacional, tampoco hace demasiado tiempo atrás que los actos electorales en vez de ser piedra basal de la institucionalidad democrática se convertían en contiendas cuerpo a cuerpo, más cercanas a un combate bélico que a un acto democrático.

Nuestra tierra regada por la sangre de mártires y héroes, debe enseñarnos de una vez por todas que el camino de la violencia, conduce irrevocablemente al odio, la desesperanza y la sinrazón, que no son precisamente valores que tengamos naturalmente o que nos guste desarrollar a los correntinos.

Asumir aquellos encontronazos de nuestra historia, que como planteamos, no pocas veces se suscitaron mediante cruentas guerras, debe ser un ejercicio de reflexión respetuosa, que siempre debemos ejercer antes de emprender una acción histórica, cultural o política, más no así no debe ser un gueto donde responsen las malas artes del revanchismo absurdo o el resentimiento etéreo.

Debemos tener muy en claro que no ha sido fácil para nuestros antecesores el construir nuestra actual Corrientes o nuestra Correntinidad y en caso de haber surgido un sinfín de injusticias o de situaciones desiguales, para sectores o forjadores de nuestra historia, las reparaciones a la mismas, la haremos siempre y cuando tengamos como meta, como horizonte, un camino donde podamos aprender de nuestros desaciertos y equívocos. Dejando de lado el odio o la venganza, pero con el recuerdo fresco de los senderos truncos que hemos transitado anteriormente en el recorrido de nuestra historia, es de la forma o de la manera que podremos emprender un recorrido donde bajo la guía de la paz y de la armonía, reencausemos nuestro norte en donde hemos fallado.

Sin lugar a dudas, tenemos deudas que pese a los esfuerzos que podamos reconocer, y por sobre todo a las buenas intenciones que todos o casi todos hemos tenido, aún restan por saldar.

La más desgarradora de todas es la que nos señala, desde hace tiempos antediluvianos, como una de las provincias con peores índices sociales, que nos sentencia a poseer lo que se da en llamar “Pobreza Estructural”.

De acuerdo a la siguiente definición que nos brinda Ramos Soto en "Desigualdad y pobreza" en Contribuciones a la Economía, la pobreza estructural es: “un concepto emergente, donde se combinan dos criterios para medir la pobreza, la línea de pobreza, que imputa la condición de pobre a la población que recibe ingresos insuficientes para sustentar el costo de un estándar mínimo de consumo , el segundo es el enfoque de las Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), que describe a la pobreza con carencias inherentes a ella, como la vivienda, nutrición, acceso a la salud, educación indicadores independientes a la del ingreso; La pobreza crónica o estructural se refiere a deficiencias de infraestructura y de ingresos”. 

El poder saldar esta deuda con nosotros mismos, es del desafío del ayer, el de hoy y lamentablemente, lo será del mañana, dado que no podremos estipular iniciativas coyunturales o que ataquen tangencialmente el magma o nudo gordiano de nuestra endebles como pueblo. Se requiere no sólo alternativas o proyectos, sino un acción clarad y determinante, para que la curva en descenso, revierta la tendencia y la lógica de la distribución pueda depositar ingentes recursos en los que menos posibilidades poseen y generar más luego la inclusión en el sentido lato del término.

Inclusión como concepto antropológico, no político, económico ni estadístico. De acuerdo a la definición más aceptada hablamos de lo siguiente: “contener o englobar a algo o alguien dentro de otra cosa, espacio o circunstancia específica. Incluir entonces es sumar algo a otra cosa ya existente. Así, el término inclusión hace referencia al acto de incluir y contener a algo o alguien. Usualmente, este concepto se utiliza en relación con situaciones o circunstancias sociales en las cuales se incluye o se deja afuera de ciertos beneficios sociales a grupos sociales específicos”.

Desde el momento mismo en que por las más intrincadas razones del misterio humano, ciertos hombres decidieron prevalecer por sobre otros, utilizando como recursos no ya la violencia expresa, si no la acción de apartar, hacer a un lado, discriminar y excluir enfrentamos este problema desde nuestra condición de seres humanos, claro que sí el concepto se ha hecho carne en nuestra cultura política, lo enfrentamos desde la más sideral y profunda adversidad, dado que la exclusión debe ser el enemigo público de los políticos que abrazamos los principios democráticos y republicanos.

Es lógico que tengamos como imperativo categórico el desarrollo sustentable de la economía. También lo es que cuando nos referimos a la frase conceptual citada, tengamos que al menos esbozar una definición al menos sencilla de toda una ciencia en si misma como lo es la economía.

Descontando que la definición terminológica es sumamente clara, en cuanto a la administración de la casa entendida como patrimonio (al parecer se le atribuye el término a Jenofonte), debemos tomar para sí, al menos un postulado teórico en donde sentemos bases desde que lugar económico pensamos la Corrientes del hoy para el mañana.

Abonamos la teoría macroeconómica que se da en llamar "síntesis neoclásica", que según los entendidos fue hegemónico del pensamiento macroeconómico por décadas, por lo menos hasta la de los ochenta. Uno de los puntos de esta síntesis señala, y para nosotros el más importante, que no existe ninguna tendencia automática que garantice el pleno empleo. Por esa razón muchos economistas consideran que las políticas gubernamentales deberían encaminarse precisamente a garantizar el pleno empleo, y en esas condiciones se conjetura que la economía sí se comportaría del modo que la economía clásica y neoclásica sugieren.    

El pleno empleo, corazón de lo que se conoce como el pacto Keynesiano y piedra fundante del estado de bienestar, nos brinda, a nuestro humilde entender, también una perspectiva mucho más amplia que la económica solamente. La ocupación genera valores, mas enraizados en el alma y la naturaleza del ser humano, como lo son, la dignidad y la referencia ante la familia, como proveedor o sustento de la misma. El empleo es también un aliado de los credos religiosos y un ordenador de la vida social, el trabajo para los ciudadanos es en verdad la razón de ser de los contratos sociales.

Como se expresó el Derecho Prioritario quedará establecido en la necesidad de generar empleo, no sólo desde los nodos de cooperativas, trabajo asociado y pymes, sino también a partir de fortalecer los parques industriales y propiciar polos productivos. La Inversión privada sea en proyectos arroceros, madereros, sus derivados o las potencialidades a desarrollar, deberán ser atendidas dentro de un “marco de sustentabilidad ecológica” pero nunca haciendo depender de ello la generación de empleo. Es decir, se priorizara la inversión productiva y el empleo para generar una sociedad capaz de luchar por ámbitos más bio-conservables o saludables, una vez que se proporcione la posibilidad de que tengan un trabajo y por ende un ingreso digno.

 

Se Impondrán como políticas de estado, la formalización laboral, la desgravación de impuestos para los inversores, el programa de primer empleo o empleo joven como así también la integración plena, como estímulos extra, para la mujer cabeza de familiar o jefa de la misma.

Se fomentará la regularización de los dominios de la tierra (se creará una dirección especial que resuelva tanto sucesiones familiares complejas como irregularidades catastrales en construcciones recientes), fijando como punto de partida que ni las reservas provinciales ni nuestras riquezas subyacentes de las mismas (agua, arcilla, vegetación, etc.) podrán ser declaradas de utilidad de particulares ni de prioridad nacional antes que provincial.

Como observamos la base de nuestra sociedad civil, es el contrato, de allí nuestros orígenes provenientes de los “contratistas” y bien valdría un conveniente recorrido por aquellos que lo asentaron mediante la escritura de textos que consagraron nuestro sistema

El fuerte emplea su fuerza por naturaleza y se hace valer, la ley crea un estado de cosas artificial que embaraza en el empleo espontáneo de su fuerza. Las leyes las hace la masa, es decir, los débiles que son los que otorgan alabanzas y censuras con el patrón de sus conveniencias. Ejercen mediante las leyes del estado y la moral imperante una política de intimidación contra los fuertes, que quieren tener, por naturaleza, más que los débiles, y declaran esta pleonexia injusta y perniciosa.

El ideal de la igualdad es el ideal de la masa, la cual se da por satisfecha con que nadie tenga más que el otro. E invocando los ejemplos de la naturaleza y de la historia, la ley de la naturaleza es que el fuerte use de su poder para con los débiles.

Pero la ley de los hombres se lo impide; le pone trabas al fuerte, se las infunde por medio de la cultura y la domesticación ya desde su infancia y, para mantenerla a raya, le inculca los ideales que benefician al débil. Pero cuando aparece un hombre verdaderamente fuerte, pisotea toda esta pacotilla hecha de letras que son nuestras leyes y nuestras instituciones contrarias a la naturaleza y vuelve a resplandecer de pronto la chispa del derecho de la naturaleza.

Thomas Hobbes describe a las personas como siendo por naturaleza enteramente egoístas o desprovistas de auténticos sentimientos de simpatía, benevolencia o sociabilidad. Cada individuo está preocupado exclusivamente en la gratificación de sus deseos personales, y la medida de la propia felicidad es el éxito alcanzado en mantener un flujo continuo de gratificaciones. Hobbes llama poder al medio para alcanzar el objeto del deseo. Él sostiene que en un estado natural, los individuos son aproximadamente iguales en sus poderes físicos y mentales. Bajo estas condiciones, la competencia intensa elimina virtualmente todas las posibilidades de que los individuos alcancen la felicidad, y lo que es más serio, amenaza su propia supervivencia.

Dícese que un Estado ha sido instituido cuando una multitud de hombres convienen y pactan, cada uno con cada uno, que a un cierto hombre o asamblea de hombres se le otorgará, por mayoría, el derecho de representar a la persona de todos (es decir, de ser su representante). Cada uno de ellos, tanto los que han votado en pro como los que han votado en contra debe autorizar todas las acciones y juicios de ese hombre o asamblea de hombres, lo mismo que si fueran suyos, al objeto de vivir apaciblemente entre sí y ser protegidos contra otros hombres (Leviatán, Cap. XVIII).

Maquiavelo alecciona al gobernante que convendría ser amado y temido, pero como esto resulta muy difícil, es mejor ser temido, debido a que los hombres tienen menos miedo de ofender al que aman, pues el amor está mantenido por un vínculo que debido a la naturaleza mala y despiadada del hombre se rompe, pero al temor se mantiene por el miedo al castigo. Acerca de las promesas y el guardar la palabra dada, Maquiavelo dice que no es necesario mantenerla cuando este cumplimiento se vuelve en su contra. Hay otras dos características que un gobernante de poseer, que son la astucia de la zorra y la fuerza del león. La astucia para saber reconocer las trampas y la fuerza para alejar a los enemigos.

Con el establecimiento de la comunidad a través del contrato social, Hobbes dice que se dan las condiciones necesarias y suficientes para que se haga presente la moralidad. Lo que sea que vaya de acuerdo con la ley del soberano es correcto, mientras que lo que se desvía de ella es incorrecto. Hobbes establece por tanto la autoridad civil y la ley como el fundamento de la moral. Él argumenta que la moral requiere autoridad social, la cual debe estar en las manos del soberano. La voluntad de un poder soberano cuya autoridad es absoluta e indivisible constituye la única ley por la cual el comportamiento humano puede ser regulado apropiadamente. La moralidad, entonces, se basa en la ley –la ley del soberano absoluto–. Sólo con la institución de un gobierno que pueda premiar las acciones correctas y castigar las incorrectas es posible la conducta moral. Sin una autoridad civil, sería tonto y peligroso seguir los preceptos morales, mientras con ella, la moralidad se convierte en un “dictado de la razón”. En último análisis, actuamos correctamente sólo porque ello conduce a la seguridad individual, y la primera condición de la seguridad es el poder civil absoluto.

Jean Baudrillard, (sociólogo) un pensador contemporáneo que analiza la realidad desde amplios puntos de vista, que van desde el Cáncer, el Sida, el Transexualismo, pasando por la primer Guerra del Golfo, hasta los conceptos filosóficos de otredad, de azar, y libertad, polemizando con célebres pensadores de todos los tiempos nos brinda otra perspectiva.

 

En su texto, intitulado el Intercambio imposible, el francés afirma: “Hasta ahora todos los sistemas han fracasado. Los sistemas mágicos, metafísicos, religiosos, que antes cumplieron su papel, han quedado anticuados. Sin embargo, esta vez, parece ser que tenemos la solución final, el equivalente definitivo: la realidad virtual en todas sus formas: lo digital, la información, la computación universal, la clonación. Es decir, el desarrollo de un artefacto perfecto, virtual y tecnológico, tal que el mundo pueda canjearse por su doble artificial.” 

Y sigue “Lo que estamos presenciando es el triunfo paródico de la sociedad sin clases, la realización paródica de todas las metáforas utópicas: el hombre del ocio, el pluralismo transdisciplinario, la movilidad y disponibilidad de todos los signos: la cocinera convertida en jefe de Estado....lamentablemente, entretanto, el Estado ha desaparecido, o casi, debido al mismo efecto sin duda que ha hecho que la cocinera acceda a él, sin que se sepa si es la desaparición de aquél que ha acarreado la promoción de ésta, o la inversa”.

Estamos hablando de lo sustancial del poder, de lo inaprensible para tantos hombres únicos que quedaron en los anales de humanidad. Desde Marx, planteando la lucha de clases, y disponiendo su sapiencia para que el proletariado prevalezca en lo que consideraba lo propio del poder, con la violencia como factor, determinante, casi  natural (aunque este no sea un término marxista). Pasando por Weber, Foucault y tantos otros que se le animaron a definir la latencia y las tensiones del poder, para develar el sustrato de las relaciones sociales, de aquella vieja distinción  que ya observamos entre Rousseau (el hombre bueno por naturaleza) y Hobbes (El hombre lobo del hombre) que aún hoy sigue como apotegma de la ciencia política y del ejercicio de la política.

En esta, permítannos la autoevaluación,  criteriosa recorrida, para las pretensiones finales de este boceto de proyectos y propuestas políticas que debe ser ejecutado en la praxis, tanto en el terreno de lo eminentemente político o discursivo, daremos cuenta de un aspecto, también basal para todo corpus social de la humanidad, y mucho más para las comunidad que se debate en el día a día de las preocupaciones lógicas del sostener un hogar, criando a nuestras futuras generaciones. Hablamos de la educación, entendida claro está desde una perspectiva macro, que luego, retomaremos en aspectos determinados y concretos, en vistas a la propuesta en sí, pero antes el contexto y desde que lugar concebimos conceptualmente a la misma.

Debemos aprender de la historia, y que mejor si nos remontamos a la antigua pero a la vez siempre actual cuna de nuestra civilización; Grecia. Donde el concepto de la virtud “areté”, se tenía como el objetivo máximo al que un ciudadano podía llegar a aspirar. Se precisaba para tan alta estima y consideración reunir un conjunto de atributos muy significativos, desde la excelencia y solvencia intelectual, pasando por la solidez moral, hasta una permanente actitud de servicio comunitario. 

 

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