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ANÁLISIS

11 de noviembre de 2015

Prórroga de mandatos ¿legitimada? Por plebiscito.

En lo que se constituiría en toda una alquimia jurídico-electoral, el Ricardismo que a medida que se extingue el Kirchnerismo, cada vez se le parece más (tendrían que salir algunos de sus edecanes, a pedir Ricardo eterno, profundizar el modelo correntino o ir por todo) habiendo aprobado como su alter ego en Nación, la propuesta del defensor del pueblo (como a los camporistas en el Congreso, a las apuradas y atropellos) y como seguramente lo hará con el pliego del último de los supremos, devela su estrategia más osada y controversial. Una jugada peligrosa que puede ir encadenada con la debilidad institucional, que la Argentina afrontará en diciembre, entre los que se resistirán a ir y los que deben probar en el minuto uno que gobernarán.

Pensar que desde Corrientes, uno de sus hijos notables, planteo al mundo, quién respondió de inmediato y con sumo interés, la posibilidad de redefinir el contrato social, devolverle al pobre y ponerlo como sujeto histórico de lo democrático, sus derechos conculcados y que el voto de estos, valga a razón de cinco. Por fuera de todo marco teórico y por más que despierte la enjundia intelectual de los faros luminarios del pensar del mundo, algo básicamente o al menos impracticable. Una locura irrealizable, bien podría corresponderle tal epíteto a la propuesta más novedosa de los últimos tiempos en el campo de la filosofía política: “El voto compensatorio” del correntino Francisco González Cabañas.

Sin embargo, ahora se entiende  más, como los sujetos, independientemente de su propia individualidad, son hijos de su tierra y por ende de sus circunstancias. En lo que podría constituirse en la aventura institucional más arriesgada que afronte la provincia desde el retorno de la democracia, el radicalismo gobernante, por carecer de cuadros políticos de sucesión, intentará, por una elucubración teórica, prorrogar los mandatos ejecutivos (del gobierno provincial y de los municipios, en su mayoría gobernados o mejor dicho los más poblados por peronistas opositores) y llamar a un plebiscito, para que en caso de que gane el sí, los mandatos (habrá que ver que deciden sobre los espacios legislativos) se prorroguen, en una suerte de automaticismo dictatorial.

Por supuesto que esta jugada, maquiavélica, ya se ha ganado(casi desde el vamos) al peronismo local, siempre atendido por los radicales, para los postres y como furgón de cola de los mismos (en la aprobación del defensor del pueblo, se conformaron con caramelos de madera, como un adjunto y algunos carguitos de portería) en donde casi sin resistencia, se ofrecerían, como esas esclavas sexuales, esas víctimas de trata de personas, a las que las someten por las diferentes vías sin que tengan la posibilidad si quiera de esbozar queja, pena o dolor.

Pero el problema, ya no sería la oposición, o quién ganaría o no un plebiscito en donde se sabe se seguirá imponiendo la distribución de expectativas, de cargos y de reparto de bolsas y vales de supermercado.

El problema pasaría a ser lo institucional, en un clima nacional en donde se sabe a ciencia cierta quién ganará la elección, pero no se sabe cómo reaccionaremos los argentinos ante el cambio.

Podríamos reconocerle al radicalismo gobernante la creatividad del salvoconducto que encontraron para un Ricardo eterno, pero tenemos la obligación de señalarles, que en el empacho de soberbia y poder, que los enajena, que los emborracha hasta el paroxismo, no dan cuenta que las circunstancias institucionales, a nivel nacional, no  serán ni siquiera aceptables.

Todos aquellos, que no dedicamos con seriedad y abnegación, al análisis tanto teórico como práctico de lo político y no desperdiciamos el tiempo, ostentando el poder enajenado a la pobre correntinidad, haciendo uso y abuso del valor de la amistad, para entronizar una suerte de “amigocracia” como la reinante, sabemos que los próximos meses, serán claves para la democracia argentina.

Tan responsables como todos, sí lo expresamos es a los efectos de anticiparlo, para que la cuestión no se torne aún más gravosa. Los que se tendrán que ir, al no estar preparados, conceptualmente para ello, y siendo engañados en muchos casos en su buena fe, no podrán ser echados de sus actos ilícitos con toda la fuerza del código penal del gobierno recién electo. Sería apagar el incipiente incendio con litros de querosene.

Para el círculo rojo mediático el problema es el cepo y el dólar, sin embargo y peor, que en el `99 el problema será el recambio y no porque unos sean indómitos y los otros débiles, sino porque todo lo que venimos expresando desde hace tiempo, lo que sobre esto pensamos, no ha sido resuelto.

El vínculo disuelto en el 2001, entre representantes  y representados, la legitimidad, nunca ha sido reconstruido, tan solo ha sido emparchado. Ese parche, ahora se va, se retira, se saca y se verá que la herida no está cauterizada o cicatrizada. Más allá de que el nuevo gobierno, tenga toda la pericia y toda la legitimidad electoral, necesitará de un tiempo, que no tendrá para tener legitimidad política.

Estos irresponsables de la política, que piensan que la democracia es votar, repartir mercadería y vales entre punteros y cargos entre amigos, creen que sólo con esto basta, por ello, en Corrientes, sin dar cuenta, del clima nacional que se nos avecina, piensan y ya plantean una suerte de Fujimorazo (disolvió el congreso, es decir la representatividad)” a la correntina, de votar por un sí o un no y prorrogar mandatos, ejecutivos.

Las llamas de la sideral crisis de representatividad que aún no ha sido extinguida, pueden revivirse con mucha más facilidad de la que podríamos imaginar (sí es que seguimos en la nube tóxica de desinformación y de ostentación vana de poder) y quiénes vivimos en Corrientes, deberíamos recordar, que aquí comenzó todo, con dos muertos en el puente, cuyas almas aún piden justicia.

“Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y otra vez, como farsa.” Carlos Marx (En su libro El 18 de Brumario de Luis Bonaparte)

 

 

 

  

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