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ANÁLISIS

23 de junio de 2015

¿Uno es libre en el cuarto oscuro?

Desde dentro de las cuatro avenidas de la capital correntina, donde muchos miran por sobre el hombro a los votantes de barrios periféricos, acusándolos incluso, sino no comparten su apreciación política, de haber alquilado su libertad por la bolsita, dádiva, por el contrato con el estado, por el pago puntual de este a su masa asariada, tenemos la obligación moral, al menos (por más que a los fines pragmáticos no signifique nada) de preguntarnos de que libertad hablamos al usarla o no en la votación. En ese recinto, en donde se ejerce el soberano principio democrático, que paradojalmente es llamado “cuarto oscuro”.

El trillado concepto de libertad, es abordado como tríada entre opresión, libertinaje y búsqueda perenne de libertad.

El precio de la libertad, no tiene que ver con ser autónomo o independiente. Ganarse el pan, por intermedio de un sueldo, es sumamente digno, deja de serlo, cuando el que paga, requiere sexo a cambio, que le ceben un mate (sí es que uno no fue contratado para eso) o que se entreguen a algo, de lo que uno no está convencido. Uno también puede ser autónomo, pero agachar la cabeza ante el primordial inversor, tampoco es señal de haber adquirido libertad.

El camino, está lleno de obstáculos, de impedimentos, de dificultades, y también de sapos.

En definitiva, es una cuestión de elección, allí radica la verdadera libertad. Muchos optan por lustrar zapatos, y son designados ministros, subsecretarios o legisladores. Las vacilaciones que detentan, ante cada paso que deben dar, los develan, pero bueno sí son felices así, bienvenido sea. Cada tanto pueden hacer uso de esa libertad condicional, o esos metros que recorren con el collar y hasta donde les da la correa, para irse un puñado de días a solearse a una playa en Centroamérica o a descansar esas rodillas, tan mustias y ampolladas, ante el ejercicio cotidiano de flexionarlas y saltan, con la camioneta último modelo o el auto deportivo.

 Los que buscamos otra cosa, más allá de no saber si llegamos a fin de mes y descubrir a grandes personas, que entienden la situación, al menos podemos escribir con total sinceridad, lo que nos ocurre, sin tener que consagrarnos a lo que nos dicten. Y esto quizá no sea importante, quizá no se refleje en los diarios o portales (muchos de los que están a cargo de estos, se enfurecen cuando dan cuenta que existe otra forma de vivir, que no solo es la que ellos aceptan, tolera y endiosan, esa de lamebotear, para viajar en avión, tener la quinta y esas nimiedades existenciales de las que ya hablamos), pero constituye la esencia básica de la humanidad, el rasgo distintivo entre nuestra humanidad (esta en nosotros que la usemos o la vivamos) y los vegetales, o las objetos, que naturalmente, son creación nuestra, automatizada, robotizada, y que para justificar tamaño tiempo dedicado, nos relatamos que nos son útiles, como si la utilidad, fuese lo decisivo en el hombre y allí se gesta el círculo vicioso que nos saca humanidad. Que nos mete en la prisión, como la del cuarto oscuro.

¿De que se trata la libertad?

Usted pregunta si la experiencia de la libertad no se vuelve insostenible. Hay dos respuestas a esta pregunta, que son solidarias. La experiencia de la libertad se vuelve insostenible en la medida que no se logra hacer nada con esa libertad. ¿ Porque queremos la libertad?. Primero la queremos, ciertamente por ella misma; pero también para poder hacer cosas. Si no se puede, si no se quiere hacer nada , esa libertad se convierte en la pura figura del vacío. Horrorizado ante ese vacío, el hombre contemporáneo se refugió en la acumulación laboriosa de sus –ratos libres- en una rutina cada vez más repetitiva y acelerada.¨(C. Castoriadis)

 

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