Sábado 13 de Junio de 2026

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13 de junio de 2026

Presentan en Granada, España "Leyendas en dos lenguas" (Castellano/ Guaraní).

El autor, el misionero Juan Ramón Fariña, fue presentado por el internacionalista español Juan Manuel de Faramiñán Gilbert, quién participó en distintas ocasiones en actividades propiciadas por la escuela correntina de pensamiento.

Si existen culturas ancestrales que deben ser rescatadas y protegidas una de ellas es la cultura guaraní. Asentada en Sudamérica, particularmente en el entorno geográfico de Argentina, Paraguay, Bolivia, Brasil y Uruguay, si bien en sus orígenes llegaba hasta el Caribe, ha logrado mantener frente a los embates del tiempo y de otras culturas su idiosincrasia intacta. Se trata de un pueblo, el pueblo guaraní, de arraigada tradición agrícola, con unas tradiciones y una lengua muy sólida y una cosmovisión de carácter espiritual muy elaborada.
Cabe destacar que la lengua guaraní es una de las corrientes lingüísticas de origen indígena más desarrolladas, con varios millones de guaraní parlantes que han ido transmitiendo sus conocimientos por vía oral y en la actualidad conviven con otras lenguas, en particular con el castellano o el brasileño como bilingües. El guaraní, es un idioma aglutinante, muy rico en morfemas que se enriquecen con sufijos y colocan relaciones gramaticales después del sustantivo, como, por ejemplo, para decir “en casa” se dirá óga-pe (óga: casa -pe: en), u otro ejemplo, para decir “en mis casas”, che-róga-kuérape, todo va pegado sin palabras separadas, con el prefijo posesivo “mis” (che) con la raíz “casa” (róga), con el sufijo plural “mis” (kuéra) y con el sufijo locativo “en” (pe). Se trata de un idioma muy rico, utilizando piezas gramaticales muy claras, bien encajadas una tras otra, que se ensamblan con un orden estructural que marca el sentido de una lengua de raíces ancestrales.
Su sentido religioso tiene una fuerte vinculación con la naturaleza y con los animales con una gran fuerza chamánica y una fuerte espiritualidad que le da a los guaraníes un gran contenido ético y místico en todos los actos de sus vidas. Su religiosidad, lejos de fundamentarse en dogmas, se enraíza en la idea de habitar el mundo y hacerlo siguiendo los preceptos de teko porã, “el buen vivir, la vida bella, la vida correcta”. Pues, el vivir bien implica el hablar bien, escuchar bien y transmitir bien la palabra. Se entiende al ser humano como la palabra encarnada, Ñe’ẽ, que conforma su espíritu, su alma, su nombre y su voz. Dado que el principio del pensamiento y de la palabra es de Ñamandu Ru Ete, el padre de todas las cosas, creador del mundo a través del pensamiento y la palabra. Por medio del buen vivir se puede alcanzar la Yvy Marãnẽ’ỹ, la tierra donde no existe el mal, ni la corrupción, ni la muerte, que para los guaraníes no es solo un lugar espiritual, sino también un estado de vida en la Tierra.
Es interesante recordar que según algunas de sus tradiciones sus orígenes se remontan a tiempos ancestrales cuando los dos hermanos Tupi y Guaraní llegaron a las costas del Brasil provenientes de una región mítica situada al otro lado del mar con el fin de instalarse en las nuevas tierras. Se cuenta que, luego, Tupi se desplazó con su prole hacia el norte del Mato Grosso y Guaraní hacia el Guairá, internándose en el sur del Brasil, Paraguay y Argentina.
Existen en Latinoamérica otras tradiciones que hablan de pueblos venidos del Este, donde textos como el Chilam Balam habla de que otro pueblo, como el maya, sus primeros pobladores vinieron de oriente, del lugar donde sale el sol o que Kukulkán vino del mar o del Este. O en el caso de los incas, Viracocha dicen que vino del mar. Estas leyendas llevaron al jesuita José de Anchieta, de familia de origen vasco, pero nacido en Tenerife y misionero en Brasil, a plantear la posible relación entre el idioma vasco y el idioma guaraní. Si bien no se trata de una teoría de carácter científico, al menos recoge similitudes que indican que ambas lenguas son de carácter aglutinante y que, además, muchas de sus relaciones gramaticales se expresan añadiendo elementos y no con preposiciones independientes, lo que llevó a Anchieta a observar semejanzas entre el tupí y el vascuence.
Todo ello nos hace pensar que se trata de pueblos con orígenes muy antiguos, relacionados con gentes que vienen del mar, desde el Este, que podría entroncarse con tradiciones de masas continentales que se sumergen como consecuencia de cataclismos y sus habitantes se desplazan hacia otros puntos cardinales.
Todas estas razones han llevado a que la editorial Kinnamon, en la búsqueda de rescatar antiguas tradiciones, haya contactado con Juan Ramón Fariña, un experto en idioma guaraní y en sus ritos, con el fin de recopilar de manera bilingüe once cuentos tradicionales del pueblo guaraní que recogemos en esta obra.
En el presente volumen encontramos sugerentes leyendas guaraníes que nos evocan la vinculación de este antiguo pueblo con la naturaleza y los animales. Como la leyenda del ave Urutaú, o la de Ypaka’a, la del Lapacho, del pombero, del Chochĩ, del Karãu, de la Virgen de Caacupé, del Pitogüé, de la Yerba Mate, del Colibrí, de la Luciérnaga, donde con estas once narraciones Fariña nos introduce en las raíces simbólicas y vitales de su pueblo.
Nos encontramos ante una recopilación muy bien elaborada de mitos y leyendas que nos permiten adentrarnos en el espíritu guaraní con el fin de que a través de su lectura nos convirtamos, también nosotros, en avaguaraní, es decir, en un ser humano integrado en ñe’ẽ, en el espíritu de la comunidad humana guaraní, como un avareko, un ser humano que sabe llevar una vida correcta de acuerdo con la naturaleza y con las tradiciones de un pueblo milenario.

Juan Manuel de Faramiñán Gilbert

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