Martes 14 de Abril de 2026

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14 de abril de 2026

La arrogancia del que escribe ante el espejo de lo escrito por la inteligencia artificial.

Nunca hubo nada que decir. Intolerantes al vacío, en un punto, no alcanzó con la oralidad para dotar de nombres a las cosas. En definitiva, es más de lo mismo, pretender imponer una voluntad por sobre otras. Se desarrolló la técnica de la escritura (tal como nos recordó Juan Carlos Fernández Naveiro en el seminario pensar en tiempos de inteligencia artificial) y se amalgamó el logocentrismo. Hubo historia, de lo humano, antes y la habrá después.

Jordi Nieva Fenoll plantea en su libro “El origen de la justicia” que los faraones olvidaban sus fallos y para no dar cuenta que eran humanos y continuar legitimados como seres divinos, propiciaron el dejar asentado lo que dictaminaban.

La Ilíada y la Odisea son consideradas el punto de partida de una razón fundada en lo escrito. Caducó la estrategia de Penélope de tejer y destejer, para no dar cuenta de cómo transcurrimos en el tiempo.

Desde la marginalidad, marrón y cuando no fétida, en que hemos sido alumbrados, nos tatuamos el “logos en la piel” para escribir libros de filosofía política, hacer simposios anuales, seminarios varios, dar conferencias mediante artículos validados por referatos ciegos y sin darnos cuenta, creamos una escuela de pensamiento, con sus congresos, su revista, publicaciones y demás actos académicos, como tantos otros que excedieron tal lógica, incardinadas en la acción social, comunicacional y política.

Pero tal vez lo que creemos, en nuestra calidad de fundadores, más determinante es que venimos insistiendo, y adjuntamos los documentos fechados, de la necesidad de volver a las palabras, independientemente de la técnica, de la escritura tutelada por un ordenador, que devino, en lo que consideramos es una herida de muerte mediante la asistencia o suplantación de la inteligencia artificial.

Como en tantas otras veces, en la reiterancia de las historias repetitivas, el procedimiento o el método demuele la posibilidad de ir más allá de sí mismo.

La irrestricta posibilidad, la supuesta democratización del acceso, cómo talismán perverso de que todo es posible, de que cualquiera pueda introducir una sola palabra en una inteligencia artificial para que cree, a partir de sus vericuetos, un texto, hiere de muerte a la técnica, que hasta no hace mucho era la preferida y adecuada para que los pensantes transmitan sus consideraciones al resto y dejar asentado con ello, una experiencia de lo humano.

Agoniza la técnica del ensayo filosófico, de transmitir conceptos bajo la égida de un logocentrismo que perduró demasiado tiempo.

El pensamiento, tal vez resista en la carroña de tal cuerpo en descomposición, como también se diversifique en otras formas, maneras y técnicas, habrá que estar atentos para dar cuenta de ello y que no nos quedemos presos, de los condicionamientos y de los preceptos, que lo único que hacen es ocluir nuestra posibilidad de pensamiento.

Por Francisco Tomás González Cabañas.

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