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4 de octubre de 2017

¿Puede la democracia trascender lo electoral?

Definida como condición necesaria pero no suficiente, lo electoral, la votación, la elección, ha sido sacralizada y totemizada por quiénes, por confusión o conveniencia, transformaron esta epocalidad, esta circunstancia, esta foto dentro de una larga película, en un Agosto fabuloso, en un negocio tan grandioso para ellos, como funesto para muchos otros. Usando las experiencias totalitarias de otrora (las dictaduras sostenidas en regímenes violentos), y sin reparar en que desde la supuesta recuperación democrática o tal primavera institucional, haber reducido lo democrático a la jornada electoral, no hizo más que cosifiquemos la elección o el acto de elegir, le pongamos un número, abstracto, totalitario y cerrado a la libertad política y quedemos encerrados en este laberinto del cual solo saldremos por arriba (es decir nunca volviendo los pasos atrás, pretendiendo acudir a métodos o formas que expresen violencia o irascibilidad, mecanismo funestamente utilizado en los tiempos dictatoriales), con la urna, con el número, con la cantidad, pero agregándole, calidad, sustancia, prestancia, relevancia, una construcción o pavimentación de un sendero que sea más que una ruta, que apostrofe un proyecto de industrialización que no priorice lo humano, la conceptualización del pensar, del mundo como derrotero del lenguaje por el que somos atravesados, mucho más que por las cosas que tengamos o dejemos de tener. La democracia no puede estar atrapada en un cuarto oscuro, la democracia debe ser ejercida a pleno en cualquier espacio público, mucho más allá y acá de un resultado. A la democracia la debemos seguir construyendo, con nutrientes que la hagan fortalecerse en su dimensión cualitativa antes que en la multiplicidad de su número, antes que la hiperproducción alocada y en serie que puede derivar en una metástasis social de la que no todos saldrán indemnes en caso de que no actuemos a tiempo.

Votar, lo vamos a hacer y en breve. Lo seguiremos haciendo, y eso, no es lo determinante. Importante sería que podamos comprender que lo electoral, que el domingo de una elección es condición necesaria, pero no condición suficiente de lo democrático. La democracia precisa ser dotada de nutrientes que la consoliden en su concepto, en su logos, como en sus modos, que escapen o vayan más allá de lo meramente numérico.

Volvemos con la pregunta del título (duda incluso que a nivel internacional nos deja el reciente caso de España, que más allá de la votación del domingo último por parte de los catalanes, hubo de votar, como nunca antes desde el Pacto de la Moncloa, 3 veces para elegir a su actual primer ministro, entonces la pregunta vuelve a cobrar sentido ¿Puede la democracia trascender lo electoral?) ¿No será que en caso de que no la trascienda pierda su democraticidad la democracia sí solo se queda en la cosificación electoral?

 

“Esa es la pregunta. Posiblemente necesitemos construir una sociedad democrática, que vaya más allá de la clase política, es decir mucho más allá de su recambio, de su reemplazo o su redefinición. Necesitamos familias democráticas, religiones democráticas, clubes deportivos democráticos, entretenimientos democráticos. Una vez que tengamos esto, recién tendremos partidos políticos democráticos. Finalmente lo electoral, debería incluir la demarquía. Es decir cierta representación, como en la antigua Grecia, debe surgir mediante lo más democrático que es el sorteo, la suerte, el destino sin interpretaciones, el ucase o el azar” (Francisco Tomás González Cabañas).

“Lo electoral forma parte del menú que ofrece el sistema político que es legitimado en procesos electorales, la democracia es trascedente a todo lo sistémico, el problema es que no vemos o notamos el verdadero poder que tiene la democracia, creemos y nos hacen creer que el sistema político y electoral es la democracia, cuando depositamos un sobre dentro de una caja cada dos años calendario, dependiendo el país. La democracia es pensar y dar certeza al presente en un todo, no puede ser dividida entre mayorías y minorías, la democracia es, ante todo, inclusiva mientras que los procesos electorales excluyen a la minoría sacándola de cualquier discusión, entonces es solo democrático todo lo que pretenda instaurar el régimen de la mayoría, perdiéndose la fabulosa herramienta del consenso que utilizan por ejemplo la tribu de Ghana Ashanti o los iroqueses de América del Norte para llegar a un acuerdo sobre determinada política a ser aplicada” (Carlos Coria García)

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