14 de enero de 2023

¿DEBE OCUPARSE LA FILOSOFÍA DE LA POBREZA?

Por Ana de Lacalle
A la Filosofía se le ha reprochado, frecuentemente, que se ocupa de lo meta-físico, en el sentido de que no reflexiona o analiza suficientemente la materialidad de la existencia humana, que es aquello palpable que el individuo como corporalidad padece. Esta crítica es relativamente argumentable, pero solo si la Filosofía se centrara exclusivamente en lo que podríamos, kantianamente, denominar ideas reguladoras; es decir aquellos referentes, ideales que dan sentido a la existencia humana, que le sirven de fundamento, aunque sean indemostrables. ¿Y por qué pensar sobre lo que no sabemos si es, o no es? Sencillamente porque hay una necesidad universal de alcanzar respuestas que trascienden lo empírico, con el fin de que la materialidad en la que existimos tenga algún propósito que la haga soportable, o incluso deseable.

Cabe explicitar que el mundo contemporáneo aparenta -tras la muerte de Dios- haber aprendido a vivir sin respuestas trascendentes; sin embargo, podríamos hallar numerosas muestras de la existencia humana en la diversidad de sociedades en la que esa supuesta superación de lo trascendente, como fundamento del sentido, no es en absoluto veraz.

Así, hay un ámbito del que la Filosofía no puede prescindir, ya que es un objeto que se ajusta por antonomasia a su necesidad de respuestas; y, simultáneamente, La Filosofía tampoco puede dejar de arraigar su reflexión y reconceptualización en el devenir y el fluctuar del mundo, porque sería una disciplina exclusivamente teórica e intelectualoide apartada de la vida.

En consecuencia, podríamos cuestionarnos ¿cómo no ocuparnos de la pobreza? Sucintamente, recordemos que el mundo neoliberal globalizado económica y culturalmente somete a los individuos mediante dos estrategias: una económica, imponiendo unas necesidades, y transformando los deseos en necesidades, que a su vez tan solo pueden ser satisfechas por una minoría. La otra, sería una forma de imposición, a veces, subrepticia, cultural en la que las formas de vida se homogeneizan, incluso cuando esta forma única de existencia incluye diversidad de maneras de existencia; cuestión paradójica, pero real si analizamos los instrumentos de inclusión de los derechos del individuo que quedan contemplados en una aparente diversidad, cuando no constituyen más que una unidad económica, que es lo que domina el mundo.

Ante estas manipulaciones que el neoliberalismo y el neocapitalismo llevan a cabo, generando incluso la falaz creencia de que vivimos en democracias en las que los individuos son libres, la Filosofía debe ahondar en los mecanismos subyacentes al sistema que son necesariamente excluyentes -para que el beneficio recaiga en una minoría- y que relegan a un porcentaje de la población mundial a la pobreza: en unos casos extrema y en otros casos solapada -este último es a menudo el caso de los países más ricos-.

Si la falta de recursos para existir, y no solo subsistir, está incrustado en el sistema político-económico que domina el mundo, la Filosofía se siente exigida a repensar qué condiciones harían posible la existencia digna de todo individuo portador de los mismos derechos que el resto. De alguna manera, este análisis se ha realizado desde el momento en el que la Filosofía se la ocupado de la igualdad social, de la justicia, …sin embargo, parece que, en concreto, la pobreza como tal no ha constituido un objeto directo de indagación.

¿Qué puede aportar la Filosofía que no hagan otras disciplinas?

Este es uno de los objetivos del I CONGRESO DEL CLUB MUNDIAL DE FILOSOFÍA sobre la POBREZA que tendrá lugar de forma presencial en L’Hospitalet -Barcelona- España- los próximos 6, 7 y 8 de febrero del 2023.

¿Tal vez se hace necesario repensar el término pobreza? ¿El pobre está siendo tratado con la dignidad que debe otorgarse a cualquier individuo humano? O como me indicó Carlos Javier González Serrano[1]: “qué y cuánto perdemos cuando la filosofía pierde su presencia en el espacio público.”

Quizás, la crisis de las democracias como espacios públicos en los que los ciudadanos toman la iniciativa de presionar de formar efectiva a los que representan al demos, para que las condiciones de vida sean dignas, hace deseable que la Filosofía no se mantenga al margen.

 

 

 

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