14 de octubre de 2021

La democracia como fantasma ideológico.

La valoración que arrastramos de lo democrático, proviene del trauma de haber salido de la oscuridad de lo dictatorial. Cómo sí fuese poco, el fantasma que convertimos en “imago” contiene un sinfín de elementos distorsivos, que ex profeso, así lo venimos asimilando. En la mera y vaga noción del constructo democracia, originaria de la antigua Grecia, la dotamos de características que jamás fueron ni observadas ni reconocidas ni por Platón ni por Aristóteles que se cansaron de escribir, como de coincidir que la democracia era un sistema al que se arribaba por degeneración de formas o maneras de gobierno, más ideales o convenientes para las ciudades estado (gobierno de los mejores, de los más preparados, de los educados para). Confusa y aviesamente, se propaga y alecciona, por acción u omisión, que la democracia como invención griega es el súmmum del pensar griego, cuando en verdad es más un síntoma de nuestra forma de evitar la huella del trauma y organizar nuestro goce, imposible, de lo colectivo.

Tras la revolución francesa, la mayoría que se conformó para desplazar a la monarquía, se enquistó a nivel simbólico como pueblo. Se consumó el maridaje entre libertad e igualdad, con un tercero en discordia olvidable o para el olvido como la fraternidad. La democracia a partir de entonces se constituyó como ideología. Anteriormente a esta consagración, lo democrático no pasaba de ser una forma o manera, como recordamos poco valorada por los filósofos más insignes de la antigüedad occidental.

Guillotinado Luis XVI, la democracia como ideología inicia una recorrida que la llevará a una hegemonía que al verse interrumpida o puesta en suspenso, en algunas aldeas por el comunismo y en otras por los gobiernos militares, retorna como fantasma ideológico, desde hace unas décadas hasta la actualidad, a caballo del aceleracionismo capitalista y su condición ineluctable.  

“La ideología no es simplemente una falsa conciencia, una representación ilusoria de la realidad, es más bien esta realidad la que ya se ha de concebir como ideológica –ideológica es una realidad social cuya existencia implica el no conocimiento de sus participantes en lo que se refiere a su esencia-, es decir, a la efectividad social, cuya misma reproducción implica que los individuos no sepan lo que están haciendo. Ideológica no es la falsa conciencia de un ser (social), sino este ser en la medida en que está soportado por la falsa conciencia” (Zizek, S. “El sublime objeto de la ideología”. Buenos Aires: Siglo XXI Editores, 2003, p.47).

Es interesante la visión del esloveno en su doble condición de teórico, como de político tras su experiencia como candidato a presidente. 

“En cuanto tratamos de concebir el orden social existente como totalidad racional, hemos de incluir en él un elemento paradójico que, sin dejar de ser su constituyente interno, funcione como síntoma, subvierta el principio universal racional de esta totalidad” (Ibídem 49).

La tesis suya, para dejar en una síntesis de premura su pensamiento político más asequible, es la posibilidad de un retorno a un comunismo, desde otro lugar y tras haberlo transitado. Pero lo que más nos interesa, es precisamente su noción de ideología y la vinculación con el concepto fantasma. Alumbra esa frase conceptual de fantasma ideológico que nosotros creemos que está identificado con lo democrático, al menos en la transición en la que nos toca vivir bajo su égida.

Vale por esto mismo, las siguientes definiciones de conceptos psicoanalíticos que se usan para analizar la política o la filosofía política. 

Lo electoral como síntoma. 

“El síntoma además del mensaje que en él se cifra implica un modo de organización del goce. Este núcleo de goce que pone límites a la interpretación, Lacan lo sitúa articulado con el fantasma que, a su vez, incide en significado del Otro que el síntoma implica. Esta concepción del fantasma, como lo que pone límites al desciframiento del mensaje del síntoma, implica un otro barrado, incongruente. El fantasma viene a obturar, a tapar esa falta en el Otro. En el punto donde el síntoma hace límite a las interpretaciones, se ubica el fantasma, el cual no es interpretable. Lacan habla de atravesamiento del fantasma, que no es más que experimentar el vacío tras el fantasma, esa nada que el fantasma oculta, disimula…La función del fantasma es impedir el encuentro con un núcleo traumático, es un modo de huída de lo Real” (Perelló, G. “La noción de síntoma en Zizek”. XI Jornadas de Investigación. Facultad de Psicología - Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires. 2004).

Significado de fantasma.

“El fantasma es una respuesta del sujeto que lo protege frente al deseo del Otro, le permite un orden, una estabilidad: tanto en Freud como en Lacan el fantasma está en el lugar de lo reprimido primordial”. (Merlin, N. “Emancipación, ideología y fantasma”. 2021).

 Bajo el fantasma ideológico (es decir debajo de su hegemonía en el orden simbólico) la democracia manifiesta su razón de ser en el síntoma de lo electoral o de la manifestación del voto, que es cuando como ciudadanos, organizamos el goce de contar con algo que promete incansablemente que será lo que no es. 

Francisco Tomás González Cabañas.

 

 


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