24 de agosto de 2018

De la bota del militar al micrófono del político.

Y vos seguís ahí, en el mismo lugar. Atontado, alelado, disminuido, apocado, mutilado en tu condición humana, queriendo seguir creyendo, afanosamente, que lo que sucede es tal como te lo cuentan. Te encanta estar sobre-representado, siendo vivido, aferrado, a la excusa de que no pediste nacer, sin embargo, escondes tu cobardía de ser en esta vida, tras el manto protector del imposible, de otra vida, ultra-terrena, en el más allá. Entonces manso, por más que tengas la posibilidad de ser algo más que ese cordero, sumiso, genuflexo y pasivo, te conformas con no padecer hambre, con no ser un marginal. Ni se te cruza, ni se te cruzará, que sos cómplice, del hambre de los demás, que entre tantas tragedias, tu pasividad, genera que la muerte, lenta y silenciosa se lleve a millones, que pasan sufriendo en esta vida, para que vos, en lo mejor de los casos, protestes desde tu lugar de confort, porque el sistema de representación no te dio ni te dará lo que le da al poderoso, a su amigo o familiar.

 

Es que en verdad esa es toda tu inquietud, toda tu civilidad, tu incordio para con el sistema imperante, político, social y cultural, no te interesa nada mas que no sea la vacuidad de tu bolsillo que te permita seguir sosteniendo la ilusión de que serás feliz en el caso de que dejes de pensar, de razonar, de ser consciente, que sí algo maravilloso tiene este mundo, es que no tenemos ni tendremos  la remota chance de qué demonios pasará en el próximo segundo.

Pero claro, tu alma ruin, tu formación de holgazán, te determinan en el soldado perfecto, que ahora muta a supuesto ciudadano, a respetado republicano y ejemplar civil, supuestamente interesado en los asuntos públicos, en lo que se da en llamar lo colectivo.

En este impostado lugar, en el que decís estar, te aferraste a la puerilidad de lo múltiple, sodomizaste a la libertad y por tanto, nos convences a diario que es tan ejemplar tu preocupación por los gladiolos de color, que por las heces que las mascotas abandonan en la vía pública. Te calza perfecto la representación, la que te sobre-estima, dado que cada tanto en sus cajas de resonancias trata alguna cuestión que te podría interesar, que responde, mediante redes y a distancia a tus más insólitas peticiones, como las de declarar de interés general a la fiesta de mala muerte que cuatro gatos locos, festejan en tu pueblo, mísero y miserable, para una humanidad que podría pretender otra cosa de sí misma, por ejemplo o antes que nada, que tu vecino, que el que vive a unos metros de tu hogar, calefaccionado o refrigerado, según sea la estación, tenga algo digno de comer y no que la cosa pública, se debata para brindarte el derecho, que vos alegas que lo tenes zaherido, sí es que te queres poner una tanga y salir con ella a pasear por la peatonal sin que nadie te mire como desearías que lo haga.

Por muchos años estuvimos viendo la película desde la butaca ubicada en un lugar en donde no podíamos observar esto mismo. Los políticos que te representan, lo hacen mucho mejor de lo que te mereces, a contrario sensu de lo que creíamos desde hace muchos años, son demasiado para tu ruindad, para tu idiotez conceptual, en el sentido griego.

Siquiera se resolvería sí es que cobran el doble o el triple de lo que cobran en realidad, tampoco si le agregamos lo reverencial, lo ceremonial y lo simbólico que se les brinda a los que habitan en los sistemas monárquicos.

El político que te representa, tal como lo hizo el militar con su bota e ipso facto, con tu silencio y complicidad (o en el mejor de los casos con tu resistencia o tu disconformidad que hizo que lo militar durará mucho más que lo que debió haber durado sí es que se enfrentaba a pueblos dignos) te está dando mucho más de lo que te mereces, de lo que vales como ciudadano, de lo que sos como integrante de una comunidad en donde un tercio del total, poco menos o más, tiene problemas de hambre después de miles de millones de años de historia de la humanidad.

El que te representa, que te dice garantizar el estado de derecho, al que vos le pedís, descaradamente, además que te garantice, placer y felicidad, es mucho más benévolo y complaciente, que lo podrá ser un dios o un ser superior, justo y ecuánime, en el caso de que exista en el más allá.

¿Vos pensas acaso, con algún atisbo de razonabilidad, que en el caso de que un ser superior, creador o que todo lo puede y ve, cuando te juzgue, en ese más allá, lo hará por la cantidad de postres que le compraste a tus nietos, o porque le garantizaste el cumpleaños de quince a la nena? ¿No sería más sensato que te juzgue, en relación a que hiciste o dejaste de hacer para que no sigan muriendo en la indignidad los millones de prójimos tuyos que perecen, concomitantemente, mientras vos tiras y desperdicias oportunidades como recursos para contribuir a una humanidad mejor?

En el caso de que alguien así exista, va a ser proporcional, la gradación de sufrimiento que infringirá,  de esa  cantidad de seres que arderán en un infierno, escabroso como correspondido, por los millones a los que privaron de poder dar una contribución a tener una humanidad mejor.

Los que hoy, representados, o sobre-representados, en sus zonas de confort, quejándose, perversamente, porque encuentran ciertas dificultades en seguir acopiando bienes muebles e inmuebles, para los que el sistema, debe, necesariamente, hacer perecer a cientos de millones, el infierno que les espera, no lo pueden ni imaginar, ni conceptualizar. Por suerte tal cosa no existe, están salvados en ese más allá hipótetico, al que usan, para expiarse sus culpas dado sus comportamientos poco solidarios y humanos.

En un mañana histórico, este sujeto, que somos vos y yo, se llevará puesto el actual sistema de representación, de hecho está preparando el terreno para ello. Injustificadamente, como lo hemos demostrado en estas pocas líneas, le demanda, solicitudes imposibles, pedidos inmerecidos a sus representantes, que cayendo en la confusión les responden, casi culposamente.

Encontrará otra manifestación, esta escoria de lo humano, este ser psicótico que pide certezas, cuando la única que hay es que no existe ni existirán las mismas, para no hacerse cargo de cómo es y de que se trata la humanidad y lo humano.

Lo más probable es que esta versión, apocada, malformada, envilecida de lo que somos o de lo que podemos ser, en vez de estar leyendo algo como esto, este replicando imágenes, departiendo excentricidades, en el jolgorio de una orgía desenfrenada, en la que no todos los participes han sido consultados, o lo que es peor mucho de ellos siquiera tienen la formación para tomar aún tales decisiones, sí quieren participar.

La enfermiza y consuetudinaria repetición de estas prácticas sodomitas, debieran alertar a los representantes, que tal vez puedan darse cuenta a tiempo, que serán prescindidos, por esta turbamulta de psicóticos, a los que en vez de contentar, contener y comprender, se los debiera diagnosticar, tratar y develarlos en sus intenciones, mediante la palabra, como primer paso.

Por Francisco Tomás González Cabañas.-

  

 


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