21 de enero de 2018

La mierda, su vinculación histórica y directa con la política.

Enmudecieron los pasantes ante tan cruel reprimenda del canino que ostentaba el cargo de Capitán de la guardia destinada a la puerta principal y única al sanitario, que contaba sólo con un retrete color verde agua, en pésimas condiciones, pero que aún servía de recipiente para líquidos humanos.

Capitán Rómulo Penso, vivió en las postrimerías del siglo XV, con dieciocho años de experiencia guarderil en rincones lúgubres y excrementicios, pidió al menos, cuatro veces su trasferencia a la cocina del castillo, prefería a su avanzada edad perseguir moscas que aterrizaban en las naranjas semi podridas que olerse a diario tremendas defecaciones de empachos post banquetes, orgiásticos y borracheriles de la Corte Real.

 

Penso, el Capitán, desoyó la orden del más alto mando de los guardianes reales de sanitarios, evacuo en el marco de la puerta del baño del lado derecho y se marcho estornudando, haciendo abandono de su puesto. ¿Qué función cumplía el Capitán? Vigilar y castigar a quienes pifien al orificio del excusado y la diarrea se salga del lugar de destino. El tiempo hizo que el noble trabajo se convirtiera en una actividad muy bien remunerada y con ascenso social.

En los primeros albores del siglo XVI, hacen su aparición los profesionales del arte del compinchismo (los caza conchabos de la actualidad, los políticos del momento o los cebadores de mate profesionales), quienes fundaron, teniendo como antecedentes las labores del Capitán Penso, toda una línea de praxis bien aceitada para morder cuant curro ande dando vueltas cerca. Así, allá por los preludios del siglo XVI, en la Corte Real inglesa aparece un funcionario y a la vez, jugador clave que va adquiriendo con el correr del tiempo extraordinaria relevancia en el plano político ingles.

Enrique VII, fue el Rey que sintió profunda necesidad de contar con una persona que oficialmente se haga cargo de su caca, o sea, instauro en su organigrama un funcionario con la tarea específica y excluyente de que le limpiara el ano luego de endosar su desecho real. Una suerte de Ministro Real de la Mierda, inspirado en las historias que supieron contarle sobre el Batallón de los guardias reales de sanitarios, que tuvieron sus ancestros con el recuerdo presente y omnipotente del Capitán Rómulo Penso, que supo un día, subordinarse a sus superiores y termino por costarle que lo empalen en la plaza pública con una escoba.

El nuevo funcionario emprendía una tarea poco feliz y nada tranquila, se recorría el palacio con utensilios acuesta como toallas, pelelas, palanganas, bolsas, cepillos etc., y como si fuera poco, el Rey contaba con una  silla real de cagar, por lo tanto, el nuevo funcionario debía trasladarse también con el inodoro móvil, nunca se sabe donde apretarían las ganas de evacuar.

Jorge III, bautizado el loco, que vivió entre los años 1760-1820 usó durante su reinado a unos nueve Ministros Reales de la Mierda, en distintos momentos.

El funcionario al que nos referimos los ingleses en su lengua originaria lo llamaron Groom of the Stool, que en traducción a la lengua española quedaría algo así como; Mozo Limpiaculos, el cargo real no fue solo un oficio escatológico por excelencia, sirvió para llegar muy alto en la carrera política, así tenemos el ejemplo de John Stuart, que llegó a ser Primer Ministro británico después de su exitoso paso por el bizarro y pastoso puesto de Ministro Real de la Mierda.

En la actualidad y teniendo en cuenta el paso del tiempo e inventos como el bidet y el cambio de rol de la nobleza, el trabajo no quedo en desuso, lo que sucedió, es que muto la actividad, un puesto análogo al anterior serian los cebadores de mate oficiales, que corren a ofrecer su infusión ancestral chamanica al mandamás de turno.

La enseñanza, tal vez sin querer, del Capitán Penso es que cuidar ciertos culos puede ser el trampolín a la panacea económica, de privilegios y esto, tiene sustancia real.

 

Por Carlos A. Coria Garcia.

 


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