26 de abril de 2017

Cosmética de gestión Vs. natura naturans.

Cuando en lo alto, el cielo era aún innominado y abajo tampoco la tierra tenía nombre, las aguas se confundían en un todo... Enuma Elish, poema de la creación de Mesopotamia.

El lunes, Esteban Bullrich anduvo de visita por la ciudad de Esquina participando en la inauguración del nuevo edificio del Colegio Secundario para adolescentes y adultos, el ministro simbólico, de un ministerio simbólico uso el tiempo para la selfie, para que los medios locales en un frenético acto eyaculatorio le chupen hasta la última gota de sudor de sus medias y algún que otro discurso que sirve y solo queda para esos escasos minutos, es que siempre andan apurados y nadie sabe el por qué.

Santa Cruz acusa ser el dejavu de Corrientes del año 99, una provincia caótica de la noche a la mañana, un feudo en colisión que no resiste, se cae por su propio peso, por su propia historia. Retraso en el pago de salarios a empleados estatales, acampes, marchas, escraches, fuego, frio, llantos, desconsuelo, ministerios tomados, humo de neumáticos en el horizonte, postales todas repetidas en Corrientes, postales todas conocidas que adelantan el final de la película.

No hay peor forma de enterarte que el hacer, el hacer por hacer no siempre beneficia que en épocas campañeriles. Le toco esta vez al rey del asfalto, la Ciudad de Corrientes se encuentra literalmente sumergida, la Atlantis guaraní, la prueba cabal del desinterés total, del maquillaje absoluto, constante y latente, el faraonismo es patológico en las intendencias que se convirtieron en los últimas tres décadas en mini-feudos, el síndrome de asfaltitis se presenta como efecto secundario.

Se dice que los kosmetai eran aquellos esclavos que tenían por trabajo exclusivo custodiar y ordenar los gimnasios griegos, cuando el usuario de las instalaciones culminaba las rutinas de ejercicios se apersonaba ante un kosmetés (esclavo) para que lo lavara, perfumara y adornara para salir a la ciudad prolijamente tratado. Lo que hoy conocemos como cosmética o cosmetología nos viene de esa bonita historia, la politiquería utiliza la techne de la cosmética para hacer más bonito y adorable lo que no es, en ese sentido, meterle asfalto a cualquier cosa que se mueva o no, es un método bastante extendido en los mini-feudos correntinos, como si fuera que el asfalto cambiaria la calidad de vida del vecino directamente, cuando en realidad les triplica el perjuicio porque es pavimento cosmético. Los intendentes son kosmetai, esclavos de la cosmética y bien berreta.

Pero no solo se ve tremenda desfachatez en meter pavimento hasta donde no alumbra el sol, hay casos en que construyeron viviendas en terrenos, -a sabiendas-, indudables, a una semana de la entrega de las viviendas con la primer lluvia un metro de agua los expulso del sueño de la casa propia. En toda esta historia, aunque parezca mentira, el ex gobernador Tato Romero Feris les dejo una enseñanza: hay que ponerse las botas y salir al terreno a levantar gente en los hombros para sacarlos de sus viviendas sumergidas y hoy, vemos a los capangas, caciques, popes territoriales abriendo canales con palas de punta, manejando maquinaria vial, levantando postes de luz con el hombro, y siempre saliendo en las fotos señalando algo, siempre señalan algo eso si, en todo esta historia heroica nunca se olvidan de la docena de soldados de prensa siempre listos para la mejor toma.

La naturaleza es sabia, tanto que los pobres humanos no podemos comprenderla de ninguna manera, tan sabia es que se cobra cada fechoría que se emprende contra ella, así, lanzar una piedra preciosa al fondo de un lago no es tirarla, es regresarla al lugar que pertenece. Como el cuento del anciano hindú y el lingam-ioni, no existe sólo algunos lugares sacros, absolutamente toda la tierra y los seres que viven en ella son sangrados en idéntica forma. O como Aristóteles lo sostuvo, nosotros podemos estar seguros de que la lluvia caerá y la llama se elevará, porque está en su phýsis actuar así. Pero está fuera de nuestro alcance decir cuándo y dónde una porción de fuego se encontrará con una porción de agua, y en qué proporciones se mezclarán. La formación de un cosmos es, en efecto, el resultado fortuito y sin finalidad concreta de un choque entre substancias materiales cada una de las cuales se mueve de una forma determinada por su propio impulso interno.

                        

 


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