4 de febrero de 2017

Nomenklatura.

El término nomenklatura define una elite de la sociedad de la extinta Unión Soviética --y por extensión, a la del resto de los países del bloque comunista, formada casi exclusivamente por miembros del Partido Comunista de la Unión Soviética que tenía grandes responsabilidades como grupo humano encargado de la dirección de la burocracia estatal, y de ocupar posiciones administrativas claves en el gobierno, en la producción industrial y agrícola, en el sistema educativo, en el ambiente cultural, etc., obteniendo usualmente grandes privilegios derivados de la ejecución de dichas funciones (Wikipedia).

Sí usted cree que lo que cayó en Berlín, el muro, sepultó los manejos no democráticos, no liberales o no occidentales, se equivoca de bruces. El muro nunca ha caído como concepto en la política, en la parte liberal, democrática u occidental, de hecho en nuestra gran capital imperial, el Presidente elegido democráticamente (sí en tal lugar se habla de plebiscito de mayorías y no de comunidad democrática, imaginemos las institucionalidades de Angola, Guinea, o para no ir tan lejos, la de Venezuela) erigirá el muro, pensando en hacérselos pagar a quiénes no lo desea o directamente segrega. En el folclore de lo electoral, que se constituye en la piedra basal, en el fetiche simbólico de nuestra democracia electoral, nuevamente jugarán todo con la teoría, con el océano de distancia entre expectativa y realidad. Como esas afirmaciones que rezan que la educación rígida y formal sirve para algo mas que para disciplinar y los cargos en el estado, como en los tiempos de la URSS, se manejan no por concurso de oposición y antecedentes, sino por la lista de nombres (Nomenklatura) de amigos, familiares y entenados de los jerarcas de la politocracia establecida.

Los lanzamientos de prensa, esas reuniones en donde asisten los ñoquis de la repartición pública, que comparten en sus redes sociales las fotos  y las notas que se gacetillearon y fueron publicadas en el portal, también del libador del senador o diputado, del pauta-dependiente en la provincia que transpira y respira chamame y carnaval, como pobreza e inequidad se llevan puesta las internas, las leyes y normativas que hablan de ello, los principios, la institucionalidad, la democracia. De allí que el número uno de los privilegiados, hable, preocupado en los medios que obviamente no le preguntan ni le preguntarán nada que no le tienen que preguntar, que debemos cuidar la democracia. Claro lo que considera como tal, le brindará el tiempo más excitante y divertido.

La constitución del nomenclador, la lista de nombres. Los ungidos, las abejas que coronarán la libada al  polen estatal, no tienen partido, fe, ni convicciones, ni siquiera tienen jefes o lealtades, apenas que se reparten en facciones, supuestamente distintas o que se debaten entre sí, para libar mejor, para que ellos, esa lista de nombres, queden todos adentro de la libada, y nadie, que no pertenezca a tal ámbito pueda ingresar, sí es que no comulga con el sistema politocranico que nos hacen creer como democrático.

Por supuesto que no darán ningún tipo de discusión teórica, no la pueden dar, no sólo porque no les sirve y prefieren la agachada de cabeza, el ninguneo y la censura, bajo el agravio y la caracterización de loquitos, librepensadores, negativos o resentidos a quienes los deschaban, obligando a los medios que manejan directa o por interpósitas personas a que líneas como estás se lean lo menos posible, sino que además, la educación, la utilizan para disciplinar, y luego, cobrar por la otra ventanilla, para generar profesionales que no les discutan, ni le cuestionen la libada. Finalmente en el caso de que osarán hacerlo, las posibilidades de refutar lo expresado, tanto con la teoría, como con hechos fácticos, es muy escasa.

De todas maneras, sí algo los caracteriza es la cobardía con la que asumen su existencia. No se apoderaron del estado, de la cosa pública, por ladronzuelos, sinvergüenza o porque fueran malos por naturaleza, simplemente temen, proverbialmente, lo que pueda llegar a suceder, sin esa sensación de que lo están controlando todo. Vivir, o en nuestra condición de seres para la muerte, es precisamente eso, estar en paz y armonía, siendo conscientes de que nada resultará de cabo a rabo como lo pensemos o queramos, sin que por ello dejemos de hacer o desear.

Funcionamiento de la Nomenklatura en la ex URSS.

La existencia misma de la nomenklatura y el carácter exclusivista de dicho grupo fomentaron la creación de numerosos vínculos de clientelismo dentro del Partido Comunista de la Unión Soviética. Así, los funcionarios del Partido encargados de realizar nombramientos en cualquier nivel de la administración cultivaban la lealtad personal de aquellos a quienes habían nombrado; luego este funcionario actuaba como un "patrón" intercambiando favores con sus clientes (aquellos quienes le debían un nombramiento importante), apoyándose mutuamente frente a sus rivales en sus respectivos niveles de poder; claro está que los "patrones" más importantes del Partido eran los funcionarios que poseían mayor poder (por ejemplo, miembros del Politburó) y éstos solían tener numerosos "clientes"; a niveles intermedios un funcionario podía ser un "patrón" respecto a los funcionarios de menor rango que él había apoyado o nombrado pero a la vez podía ser "cliente" de un funcionario de nivel superior de quien recibía protección a cambio de lealtad.

Los "clientes" usualmente le debían su posición o cargo al "patrón" y por ello devolvían tal favor ejecutando fielmente las directivas del "patrón" en su respectivo nivel administrativo y dándole toda la información que éste solicitaba; con ello cada "cliente" aseguraba continuar en su propio puesto y evitar que el "patrón" lo reemplazara por otro "cliente" más agradecido. A cambio el "patrón" protegía al "cliente" de posibles rivales y promovía la carrera pública de éste dentro o fuera del Partido, con lo cual el mismo "patrón" beneficiaba su propia carrera al asegurar cada vez más el apoyo y lealtad de sus "clientes" que ocupaban cargos cada vez más importantes y seguían sus órdenes. Tal sistema operaba tanto en la cúspide del poder, como el Politburó, la KGB, el Soviet Supremo o la Secretaría General del Partido, como en las administraciones locales del Partidos situadas en las zonas más remotas de la Unión Soviética.

Tal sistema no funcionaba siempre a la perfección y algunos "clientes" terminaban por suplantar a sus "patrones" tras conseguir mayor poder; una muestra de ello ocurrió cuando Nikita Jrushchov en 1957 logró que su antiguo "patrón" Lázar Kaganóvich fuera destituido del Presidium del Comité Central del Partido Comunista y despojado de todo poder político aprovechando la impopularidad de los colaboradores más veteranos de Stalin. Luego en 1964 Leonid Brézhnev, hasta entonces "cliente" de Nikita Jrushchov, maquinó con otros jerarcas la destitución del mismo Jrushchov como Secretario General del Partido Comunista.

El conjunto de jerarcas seleccionados por Leonid Brézhnev durante su mandato da también una muestra de la práctica de relaciones "patrón-cliente" en gran escala, pues a lo largo de la década de 1970 el mismo Brézhnev entregó importantes cargos públicos a funcionarios que habían sido sus "clientes" en la administración local del Partido Comunista en la ciudad de Dnepropetrovsk (Ucrania).

Sólo es cuestión de que cambie los nombres y que agrupe a todos los partidos políticos (casi 40) en uno solo (de hecho ocurre porque se terminan agrupando en a lo sumo, dos grandes frentes políticos que son los que compiten electoralmente) el frío por el calor, el vodka por la cerveza, Dostoievski por un chamamecero, y todas las comparaciones burlescas que pueda encontrar en nuestros tiempos de rey momo, de tetazos y ubicación de secuestradores, siempre vinculado de alguna u otra manera, a la política, esa que siempre, y por más que se empeñen en decir lo contrario, habita, a millones de distancia de la gente que no está en la nomenklatura, en las listas, en los cargos, en los conchabos, en los privilegios.  

 


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