ACTUALIDAD  8 de noviembre de 2018

El pez por la boca muere. De las sanciones disciplinarias y de otras zonceras.

Sí algo no necesita ni el pejotismo, el peronismo o la juntada o rejuntada de lo que se quieran amparar debajo de los pantalones, caudalosos en votos del General, es que se ordene, se discipline, o se hable puertas afueras, del desaguisado conceptual, del indeterminado desconcierto que significa sentirse peronista hoy, más aún en Corrientes, el latifundio feudal de los choznos de Vidal, que desde hace veinte años se disfrazan de radicales.

Pero claro, al calor del fuego amigo, de los más útiles para el adversario, es decir los más inútiles para los propios, están los desbocados, los energúmenos de boca plástica y ligera, que cuál eyaculador precoz, no resisten el soltar el chicotazo, el latigazo, el obtener el placer irredento de la repetición del goce que en verdad es sólo esto, goce, tan nocivo, letal como adictivo y distorsionador. El típico sujeto que en el grupo de WhatsApp no termina de leer lo que otros publican pero que ya está comentando, que está estigmatizando, que está señalando sin terminar de escuchar el sonido mismo de la otredad. El que siempre tiene algo para decir, y en virtud de esa incansable, como fatigadora, voluntad de decir cosas, se consigue un micrófono para darle y darle, sin ton ni son, creyendo que le suma algo, a lo que cree aportar, cuando en verdad, tal vez le esté dañando, le esté sacando mucho más de lo que le brinda, en la inconmensurable tozudez de creer que todos tienen que escuchar lo que a cada rato, tendrá para decir.

Sí solo fuesen, estos militantes rasos, no habría problemas, tal vez, pese a estar munidos de estos, como en tantos partidos, el peronismo correntino hubiera regresado al poder hace rato. Sin embargo si no lo hace, es porque cientos de estos supuestos héroes jacobinos, que pelean contra o con Molinos de viento, no hacen más que esto mismo, soñar que están en algún tipo de revolución, cuando en el mejor de los casos, han sido los pelagatos, los lleva termos, de otros que ya no están, que jugaron a los soldaditos en las épocas de plomo.

Mientras el tiempo político indica, que así no fuese, se debe granjear, mojonar en la interna del Colombismo, para conseguir políticamente algo, los que se adueñaron de partidos, pisoteando los valores democráticos de los mismos, para estar sentados en bancas, que en las campañas prometían serían provinciales para en la bajeza, agacharse por unos mendrugos a la de concejal, no hacen más que empequeñecer el  espacio del que dicen ser parte, del que creen estar aportando algo, del que en la ruindad de la perversidad, aseguran trabajar para ordenar y disciplinar.

El peronismo no necesita expulsar o sancionar a nadie que no vivencie su experiencia política en la dimensión de libertad política y de inteligencia táctica tal como lo enseño Perón, por más que muchos cobren, como tales y se la den de vivas reencarnaciones de tipos que por suerte ya no están.

Si bien la política no debe estar reservada para inteligentes, tampoco debe ser el gueto de los brutos. 

Agrupación "La Don Julio Romero".

 

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