ANÁLISIS  5 de noviembre de 2018

¿Comienza el gobierno de Valdés?

Tras el cambio en el ministerio de Hacienda y Finanzas, son muy pocos los que se preguntan sí este es el inicio del gobierno del Dr. Valdés. La mayoría que no está haciendo cursos de panadería, no puede preguntarse más que lo establecido. Es decir acerca de las causas judiciales, cuál carpetazos que giran en torno a la pelea política en los pliegues del judicial, que no es ni más ni menos que el campo más abyecto, para ello y menos democrático de todos los poderes del estado. Nadie pregunta, porque tal como afirmamos una vez, el periodismo, en su sentido lato, como la literatura crítica, como los negros de piel o los políticos declaradamente homosexuales, brillan en su ausencia en Corrientes, tal vez porque los han exterminado, porque no existen o porque no se dejan ver. Lo cierto, es que la mayoría, al verse sorprendido, por esta demostración de fuerza del gobernador, deja ver que puede ser un cambio gatopardista (que algo cambie para que nada cambie) o una suerte de “destete” controlado para que no sea tan evidente que el verdadero comando, pasa por otro lugar, o en el mismo que ya va por los 20 años de manejo absoluto y discrecional.

 

 

Lo decíamos hace meses atrás en el siguiente artículo: Corrientes Correligionaria.

No sólo somos la capital mundial del Chamamé, como la nacional del Carnaval, sino por sobre todo, somos la capital política del radicalismo que se traduce de expresión democrática en partido de gobierno. El gobernador, quinto mandato consecutivo de gobierno radical, prevaleciente hace 20 años entre 37 partidos, hubo de ganar la compulsa interna (que la resolvió el tres veces gobernador y sanctasanctórum radical, el ahora senador Colombi) por sobre el ahora diputado Vischi, dado que garantizaba, en los papeles que “escondería” (como aquella definición que reza la mejor virtud del demonio es hacernos creer que no existe) su radicalismo in extremis para cumplimentar la siguiente definición política del teórico surcoreano Chul Han “El poder incrementa su eficiencia y estabilidad ocultándose, haciéndose pasar por algo cotidiano u obvio. En eso consiste la astucia del poder. El poder que sin coerción ni amenaza opera sobre el automatismo de las costumbres no se puede restringir al siglo XIX, opera en toda sociedad que muestra cierta complejidad” (Sobre el poder. Barcelona. Herder. 2016. Pág. 68.).

Nos hemos acostumbrado, a que sólo los radicales pueden gobernarnos. No se trata, con todo el respeto que no le dieron ni del estado ni del sistema político, que de esto se convenza el dirigente “lámpara” del Patono o “King Kong” del San Marcos,  ni mucho menos a los que estos dirigen (los casi 40% de pobres correntinos), sino que estamos convencidos los llamados independientes o facultados con la posibilidad de ejercer la libertad de pensamiento, de qué sólo el radicalismo debe gobernar esta provincia.

Los 36 partidos, sean aliados o no, del radicalismo sempiterno, del radicalismo devenido en partido de gobierno de una suerte de régimen estable, que garantiza como condición sine qua non, elecciones y pago de sueldos a término, deberían, hacerles notar a los correligionarios que cada día que pasa es menos indisimulable y por ende, más difícil de tolerar, que sólo los radicales liben de las mieles del poder, habitando una suerte de Olimpo Griego que los transforma en seres semi-divinos, a diferencia del resto que en el mejor de los casos, sólo podemos aspirar a servirles en sus deseos y  acompañar sus decisiones, con un poco más de dignidad, al radicalismo consagrado en un áureo adoquinado que cincela sus nombres y hombres como si fuesen tales providenciales destinados al mando y por ende condenados, nosotros, a obedecerlos, obcecada y sumisamente.

Precisamente sí en algo se está equivocando y gravemente el gobernador Valdés, es en no disimular el paso de este elefante en el bazar. Claro que le toca en suerte ser el quinto, llegar a las dos décadas, continuadas de predominio radical, pero teniendo a mano a su madre peronista, al hambre y la sed, de muchos que nunca siquiera olieron de cerca las mieses del poder, el desempeño institucional y destacado de dos figuras no radicales, como prestigiosas, “Los Pedros” o servido en bandeja la realización de un monumento al último gobernador peronista, expulsado por la dictadura, prefiere, opta, se despacha, se desnuda en su radicalismo furibundo y omnímodo, como omnisciente, en recibir a sus correligionarios de la franja morada nacional, en saludar el fallecimiento de cuanto radical perezca en su cuenta de twitter que la usa institucionalmente (sobre todo para dar cuenta del cronograma de sueldos) y de galvanizar que ya la tercera generación de radicales, estén aconchabados, con  altos y jugosos sueldos, que obviamente escapan a la media y por sobre todo a los índices de pobreza, que hace 20 años los gobiernos radicales vienen narrando que le dan batalla, sin demasiados resultados.

Quizá la salida de la pobreza, al menos en Corrientes, está a la vuelta de la esquina, sea mucho más fácil y sencilla que lo que se piense.

Habrá que afiliarse en masa (recordando que no por casualidad el radicalismo es el primer o el segundo partido provincial con más afiliados, como el líder indiscutido en cantidad de votos) al radicalismo, qué de seguro sí ocurre esto (es decir sí existe un interés en ser parte del radicalismo por parte de quiénes no lo somos) nos contestarán que permanezcamos en nuestros partidos, o en nuestra independencia, dado que al ser develados en su rol partidario, muestran, la otra faceta, que es, precisamente la institucional, la de gobierno, la que les dotó la posibilidad, como el peligro, de haberse constituido en un partido de gobierno.

Precisamente por esta razón, en favor de uno de los principales activos históricos del radicalismo, la democracia (incluso uno de los próceres de los correligionarios que fue investido como padre de la democracia), el gobernador, al menos en este año no electoral, le convendría ocultar, solapar, atenuar su radicalismo profuso y militante, ya son veinte años con casi cuarenta por ciento de pobres, por más que la fortuna de ser radical en esta tierra exima a sus pertenecientes a estar lejos del poder, no alcanza conque solos nos gobiernen o que vivan bien (que es lo mismo) solamente los correligionarios, y que nos pretendan contentar diciéndonos, que pese a esto, Corrientes somos todos.

En verdad nos quedamos cortos, nos estamos acostumbrando a que sólo el equipo de un solo gobernador puede oficiar de asesores o ministros de estado, el señor que reemplaza al que estaba desde hace tanto tiempo, pertenece también al mismo cenáculo del que dependemos hasta para que nos digan que día sacar la basura. Eso sí Corrientes somos todos, por más que el gobernador que lo diga no sea el mismo que ejerza el poder real, para ello deberá seguir nombrando a hombres propios que más que a una logia, respondan al democrático acto por el que fue electo, el que se considera el hijo político y Correntino de Don Raúl Alfonsín.

 

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