ANÁLISIS  4 de noviembre de 2018

Más que de un Living, Valdés necesita de un diván.

“Todo mando está constituido por dos elementos; un impulso y una espina. El impulso, “la energía motora” del mando, encierra la coacción del destinatario a ejecutar la orden, mientras la espina está destinada a permanecer en quien la cumple. La espina del mando introyectada acaba por agudizarse, transformando la natural resistencia inicial del subalterno en oposición y en abierta rebelión. Pero todo esto sucede solamente cuando el mando se ejerce sobre un solo individuo. En la masa, en cambio, el mando se expande horizontalmente e, incluso sí algunos empiezan a rebelarse, el movimiento se disipa de una manera fulmínea sin crear ninguna espina. No obstante la espina del mando no actúa solo sobre los dominados, sino también sobre quienes emiten las ordenes, transformándose en una “angustia de mando” que crece desmesuradamente cuanto más se asciende hacia los vértices del poder. No le quedan pues, al poderoso, sino dos caminos: librarse de la espina renunciando al poder o, como Schreber encerrarse en el delirio paranoico de suprimir a los otros para ser el único, el superviviente por antonomasia. O bien como solución más moderada y frecuente, pero no por ello normal, cultivar el deseo de servirse de los otros para convertirse en único con su ayuda… La lógica del poder parece estar constituida por dos polos; el impulso a la multiplicación y la obsesión paranoica de la supervivencia a cualquier precio.” (Contra el Poder, Giacomo Marramao).

Mientras una nueva lluvia, desataba los grandes problemas estructurales de Corrientes (al menos de la ciudad), de los que los actuales gobernantes van teniendo cada día más responsabilidad dado que están hace dos décadas en el mando y no pueden seguir jactándose de solo abonar sueldos como si con eso bastase la administración del poder, la juventud radical, irradiaba hormonas adolescentes, reventando el club regatas cuál sí se tratase de una elección en la que nuevamente prevaleciera con su brazo fotocopiador de la franja morada. Perdonable sí sólo se tratase de jóvenes con altos cargos y suculentos sueldos que deciden realimentar el circuito económico-local, erogando en gastos de logística y cotillón para que una de las provincias con mayor cantidad de pobres, se la dé también de seguidores, afiliados y émulos de Don Moisés, Sabattini , Don Raúl y todos los demás. Sin embargo, allí estaba también el gobernador de todos los correntinos, el más radical y enfermizamente partidario  de todos los tiempos, el que se dice inclusivo e integrador pero que recibe y ensalza sólo a los propios, exigiéndoles pasado de boina blanca y lengua presta para gatillar contra todo lo que se declare por fuera del corazón radical.

El problema no es personal, por más que el feminismo así lo proponga con aquello de que lo personal es político.

La necesidad del diván del gobernador, es porque no trata la angustia política, de que el mando reside en otro lugar y no donde está sentado. No pasa, desde el ´83 a esta parte lo político, por sí se es radical, peronista o del pacto, esa son ilusiones para niños que en los ochenta eran tales. La angustia de mando que debe resolver, en caso de no hacerlo se transformará en una bomba de tiempo que le estallará en sus propias manos y por ende en las narices del millón de correntinos, seamos o no, radicales, boinas blancas o lo que fuese.

Esta bomba de tiempo, como cualquier otra puede ser desactivada más temprano que tarde, con la pericia de quién pueda conocer las cuitas más específicas de la particularidad del conflicto en cuestión, pero que tiene base en una conflictividad general como observamos y que básicamente se resume en el contrato social zaherido y que por tanto puede generar nuevas situaciones conflictivas, con otros formatos, estilos y sectores en pugna, pero que responderán a la situación de fondo que no ha sido abordada por la clase dirigente de la gestión y de la discursividad (es decir quién es el que manda, quién es el que arma la lista de legisladores, quién sostiene a los ministros…)

Dirigencia a la que bien le vendría pegarle una leidita a ciertos tipos que han dicho cosas como las siguientes, siempre y cuando en la intrascendencia y banalidad de sus agendas abotagadas de obligaciones maquinales, puedan sentirse seres humanos y actuar con lo mejor de sí, y quizá tal vez, dejando ver, un sesgo de análisis y de pensamiento, le puedan ofrecer algo un poco más valioso a la sociedad a la que representan y a la que le deben todo.  

“El espíritu de libertad supone también que la ley sea respetada. No hay democracia donde reinan el dinero, el clientelismo, el espíritu cortesano, las pandillas de malhechores o la corrupción. Esto implica, como dicen con razón los defensores del espíritu “republicano” de Francia –demasiado olvidados en cambio de la dimensión representativa de la democracia-, que el poder  central haga aplicar la ley en lugar de someterse a la influencia de los intercesores locales. Cuando la ley y los representantes electos desaparecen ante los enfrentamientos de las pandillas y la policía o los que oponen a grupos étnicos que se disputan el control de un territorio, ya no es posible hablar de democracia, aunque las elecciones sean libres y los partidos políticos se alternen en el poder. (Critica de la Modernidad “Alain Touraine”).”

De lo contrario, la bomba será de estruendo, la de un festejo, pasajero, vano, vacuo y nimio, como cualquier festejo, que luego es justificado por la banalidad del “quién te quita lo bailado” para después no entender lo que ocurre o lo que podría ocurrir. Mientras en ese sucedáneo, se realicen mediante brindis orgiásticos en nombre de la democracia, la recreación de partidos a la carta, la estelarización de figurines de poca monta, de exitosos etílicos que ni jota podrían sumar a la calidad democrática, pero en el pedo democrático, que perdura, como resaca lastimera, se constituye en un problema de alcohólicos democráticos, que entre festejos eternos, piensan que tienen motivos reales para festejar, confundiendo las bombas de estruendo con la bomba de tiempo, los miles, por no decir los millones de occidente, que por los excesos de estos padecen las penurias del hambre y la miseria que ninguna fiesta ni cambio de calendario, subsana, ni subsanará.   

 

 

 

 

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