POLíTICA   26 de agosto de 2018

Al poder se llega con inteligencia, no con carisma, recursos o militancia.

El actual gobernador Valdés, diez años atrás, con jactancia preguntó a quiénes éramos sus oportunos contertulios; “Ustedes, tienen tres programas de radio diarios, exclusivamente de peronismo, nosotros, ¿saben cuántos tenemos? Exacto, ninguno”. Nuevamente la compañerada, o parte de ella, sobre todo la dirigencial, vuelve a hacer gala de su bruteza extrema para intentar arrimarse al poder. Convocatorias a fogones, a congresos, concejos, a tertulias, que se replican luego por los canales que cada quién puede tener para hacer de cuenta que podrá conducir un barco que siquiera saben hacia donde navega, ni ofrecen por donde navegará. Mientras en España, la política actual pasa por desenterrar a Francisco Franco, como elemento simbólico determinante, para que el recientemente PSOE llegado al poder siga en el mismo, Atlántico mediante, y pese a las reiteradas explicaciones, los “compañeros” siguen sin entender que por lo único que debieran luchar o mostrarse, políticamente, al menos hasta fin de año, es para que la provincia le construya el homenaje que le debe al último gobernador depuesto por una dictadura, casualmente el último peronista, que llegó mediante los votos, al poder.

Debe tener estricta relación con la pobreza y la marginalidad. Es decir son los menos, los que lamentablemente pueden salir de esta condición, sobrevivir a la lucha diaria de hacer algo con mas con la vida que ganarle la batalla al hambre. Los oligarcas, usarán a los brutos de turno, para hacerles creer que estamos diciendo que los pobres son brutos, no, ni de cerca. Lo que estamos diciendo es que los hombres de poder, les hacen creer a los idiotas útiles que los sostienen, que la política es entusiasmo, ganas, voluntad y libre albedrío.
Entonces de esta manera, tienen la mecánica perfeccionada. Llaman a un chamamecero, de esos que saben de política en grado inversamente proporcional a lo dotado que están para el canto y la guitarreada. Se creen, al llegar gracias al poder que le prestan, que son la representación exacta del correntino, entonces en vez de hacer algo para mejorar esa condición (la que nos dice que somos estructuralmente un tercio de pobres) la mantienen, con positivismo, con buena fe, con una pasividad que sólo puede ser sostenida con la palmada al hombro, con el ritmo lastimero de la supuesta valentía del que como oveja mansa acepta el destino, de un dios, que le tiene reservado una vida mejor en el mas allá por el supuesto valor demostrado de soportar la pobreza feroz en la misma estancia, en donde su patrón se la pasa mucho mejor, gracias a la compasión del peón.  
El mismo sayo le cabe al deportista exitoso, que bien pueden ser tipos que castigan a otros, bajo reglas determinadas, y que por esa misma cuestión social, se la acepta, se la premia, se la dota de un prestigio que raramente tendría, sí es que se la analizara con detenimiento; sólo es pegar al otro, vencerlo ,derrotarlo, ganarle; muy democrático, por cierto. O esas  competencias oligofrénicas, en donde va uno solo contra el mar, contra el desierto, montado en un artefacto y eso lo hace, al llegar más lejos o antes, ser benefactor de medallas y de  ser subido a un camión de bomberos, para que esa correntinidad le grite “campeón” porque claro quiere ganar algo, porque no tolera ser una de las últimas de un país, también de última.
La versión más cruel, es cuando el sistema usa a sus mutilados, enfermos o precarizados, los llena de prensa, los ensalza, estimula frente  al resto, diciéndoles que si se puede, juegan con la lástima, la disfrazan de orgullo y referencia, entonces ahí están, en el mismo podio, por más que en otras áreas la vida les haya demostrado otra cara, la política les da la oportunidad.
Y el peronista, mejor que nadie cae. Hace medio siglo que no llega al poder en esta Corrientes por los votos y reivindica a quién lo hizo mediante un golpe institucional. Es el mismo peronismo correntino que en vez de seguir protestando simbólicamente por haber sido robado institucionalmente, en el año 1992, lo ha sepultado al olvido a ese candidato al que se le debe una gobernación. 
Por eso, le ganan, como aleccionaba Valdés, con la expectativa, con el entusiasmo, embruteciéndolos, haciéndoles creer que cualquiera que pinte dos paredes, puede convertirse en dirigente y luego, llegar a diputado. Es precisamente en esta caja de resonancia, en donde se observa la afición del peronismo correntino por la estulticia. Como mínimo la mitad de sus integrantes no se puede expresar, sin provocar en sus pares sonrisas o gestos, dada la incapacidad manifiesta para expresar una idea o para hilar una definición.
Los sodomizan, con las falsas y para ellos irrebatibles ideas que se gana una elección con recursos, con marketing o con encuestas a favor. Pobrecitos, que podrán entender sí perdieron elecciones, las siguen perdiendo, con cualquier partido que tengan enfrente y que conciba, inteligentemente, una estrategia para llegar al poder.
El peronismo correntino tiene a hombres y mujeres de una capacidad inusitada, que por tradición familiar, por decisión personal o por azar del destino, se dicen y se sienten peronistas, pero en vez de ser convocados, son hostigados, apartados, ninguneados por esos peronistas perdidosos, por los brutos, funcionales a las estructuras de poder que no precisamente tienen que ver con el peronismo, ni con sus objetivos o manifiestos. Tal como reza el dicho, con los que alardean, de lo que en verdad carecen. 

 

 

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