INTERNACIONALES  11 de agosto de 2018

Trabajan en la conformación del partido “FARC” en la Argentina.

La otrora expresión guerrillera colombiana, devenida en partido político, despierta en referentes sociales de la región latinoamericana, cierto interés político, dado que ha logrado representación parlamentaria, sin necesidad de ratificarlo mediante voto directo, conformando de esta manera la novedad en sí misma de las democracias actuales en occidente. No sólo es un cambio semántico, la actual Fuerza Alternativa Revolucionario del Común, que reemplazó a la temible como execrable, para la democracia, Fuerza Armada Revolucionaria de Colombia, en los acuerdos de paz que pusieron fin a la violencia, determinaron que este espacio de arrepentidos en el uso de la última ratio, puedan tener representación en el poder legislativo, por dos turnos electorales, sin necesidad de la ratificación mediante voto, a los que no pocos señalan, sobre todo en sitios en donde la pobreza golpea con flagrancia, como una suerte de argucia o engaño, para en nombre de la democracia, empequeñecerla o reducirla. Sostienen que la “pobreza” o la marginalidad, debiera estar representada, explícitamente, en las bancas legislativas, más allá de la circunstancia electoral.

No se trata de las fuerzas armadas revolucionarias de Colombia, devenidas en partido político, menos en el contexto en donde la ETA se declaró disuelta, pidiendo perdón y repitiendo hasta el hartazgo conceptos democráticos. La sigla que tanto terror, dolor, en nombre de causas nobles, causó o contribuyó a consolidar, pasan a significar, una muestra más de la trémula, como contundente derrota de los hechos, de las acciones, del tránsito en que nos encontramos a ser y pretender traducciones de traducciones, en donde finalmente nada es tan distinto como aquella primera gran aporía que nos definió como humanos; aun pensando que somos individuos sociales, ¿Podemos tener la flagrancia de creer que nada es más importante de lo que pensemos o sintamos para implementarlo en esa comunidad que condicionamos o es exactamente al revés y apenas sí somos vocablos de  una narración que nos excede?.  Sí desde el estado no se insta a pensar, se está instando, por acción u omisión, a que se subleven contra él, mediante cualquier tipo de formas que excluyan la serenidad del pensar y la palabra, de esta manera las violencias sociales, como la inseguridad, pueden terminar en milicias paralelas que devuelvan la violencia del sometimiento, con más violencia e ira, dado que se privan de simplemente ser más humanos o algo humanos  para poder diferenciarse de sus violentos victimarios.

Las Farc también podrían significar la “Fe Argentina para Reconstruir Ciudadanía” o cualquier otra significancia, como la que devino en Colombia que se construya socialmente, bajo dos elementos insustituibles como el pensamiento y la palabra, para todo lo otro está a violencia y sus formas como las armas.

La imbricación de la experiencia de un espacio, ahora político, que tiene representación (podemos incluso llamarla forzada, como lo son los cupos femeninos o discriminación positiva) más allá de los votos, alienta lo que algunos teóricos trabajan en relación a la pobreza y marginalidad, de la que hasta ahora y tal como esta dada, la democracia no se encarga, ni representa.

La propuesta es que tal como el modelo democrático colombiano, que erradico la violencia de aquellas Farc, se establezca una representación explicita y más allá del voto para representar a los pobres o marginales.

“¿Quiénes representan a los que viven por debajo de la línea de la pobreza? ¿Acaso el mismo estado, en su representación e institucionalidad, que los somete a la indignidad de no generarles la posibilidad de que puedan salir de tal piélago de la marginalidad sin límites? ¿No constituirán acaso, la marea de pobres, desperdigados por los diversos rincones del mundo, una nación que en la petulancia de su naturalidad, no pueda organizarse social, política ni teóricamente?¿No debería imperar, un categoría política que imponga, o en el mejor de los casos, disponga de la existencia efectiva y real  de esta nación, apátrida pero con la firme necesidad de que emerja en forma prístina y contundente, bajo una declaración o manifiesto, la voz de los que necesitan, con premura y urgencia, volver a ser considerados humanos por quiénes nos decimos sus pares?”  (González Cabañas, F. “La nación de los pobres”. filopolitica.blog).

“Los partidos políticos, deben reconvenirse bajo está lógica, a lo sumo podrán existir, real o auténticamente, tres. El partido de los pobres o de los que no tienen, el partido de los que algo tienen y el partido de los que le sobran.  Hablamos desde la economía conceptual que se propone. Es decir en su viaje a la realización, el partido que pretenda representar a los pobres, podrá verse multiplicado en varias posiciones y hasta incluso, ser instado por partidarios de ricos, para socavar el interés de los pobres. Todo esto será plausible como válido, no se busca ni pretende, el imposible de anular las tensiones de lo político y por ende de sus viscosidades. Lo que se anhela, es simplemente, y valga la redundancia, simplificar la representación o la representatividad, respetando o redefiniendo la lógica de los partidos.

Que vote cada quién, ya será cosa, de la libertad política que debiera existir en cada una de las aldeas democráticas que se precien de tal. Lo que no puede o no debe continuar es pretender que la ciudadanía elija en elecciones que no significan nada, pues los partidos se desvirtuaron en su constitución como en su razón de ser.

La única manera de tratar la pobreza es limitarla en su exorbitancia en su inhumana excentricidad. La pobreza constituye una nación de pobres, más allá de territorios y fronteras, la pobreza se ha segmentado, se estableció como cupo de una porción de la totalidad de las experiencias humanas, en donde habita como estado de excepción, más como estado que como excepción. Por el partido de los pobres, debiéramos votar, los que pretendamos eliminarla o combatirla, o al menos tener la democrática posibilidad, de que exista tal cosa, el partido que sólo y única o primordialmente, represente, la pobreza como para pretender combatirla o erradicarla, mediante el voto, a través del sufragio, de un sobre o un papel, ingresando a una urna, tal como un alimento podría o debería ingresar en los desesperados estómagos de un hambriento sin que esto sea o represente un derecho o una novedad, sino una obviedad cotidiana, una imagen, democrática, de todos los días.   (Ibídem: 2018)”.  

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