ANÁLISIS  1 de julio de 2018

No somos libres al conjeturar, obligadamente, acerca de las conjeturas (sobre todo las políticas).-

“El término libertad es muy ambiguo. Hay libertad de derecho y libertad de hecho. Según la libertad de derecho, un esclavo no es libre, como tampoco lo es un súbdito, pero un hombre es igual de libre que un rico. La libertad de hecho puede consistir en el poder hacer lo que se quiera o en el poder de querer lo que hay que querer. La libertad de hacer tiene grados y variedades. Por lo general, aquel que tiene más medios es más libre de hacer lo que quiera; pero también cabe entender la libertad en particular, referida al uso de las cosas que usualmente están en nuestro poder, y sobre todo al libre uso de nuestro cuerpo. Así la prisión y las enfermedades, que nos impiden mover nuestro cuerpo y nuestros miembros de la forma que queremos y que ordinariamente podemos, van en contra de nuestra libertad: un prisionero no es libre, y un paralítico no puede usar sus miembros libremente. La libertad de querer es tomada a su vez en dos sentidos diferentes. Por el primero, se la pone a la imperfección o esclavitud del espíritu, que es una coacción o coerción, pero interna, como la que surge de las pasiones; por el segundo sentido, los estoicos decían que sólo el hombre sin pasiones es libre y efectivamente, cuando uno está poseído por una gran pasión no se puede tener libre el espíritu, ya que no es posible querer como es debido, es decir con deliberación precisa.” (Leibniz, G. “Nuevos ensayos sobre el entendimiento”. Ediciones Akal. 2016. Madrid. Pág. 272).

Consideramos que cualquier tipo de investigación referida a una búsqueda de sentido, o ligada a las primeras o últimas causas (para hablar en términos del adelantado–Aristóteles-) como una aproximación, opera de una determinada manera, donde los agentes involucrados se remiten a cuestiones pertenecientes a construcciones dialécticas, que perduran y se alimentan a través del tiempo, formando de esta manera todo un manojo de significados que apuntan a un significante específico. Esto no sólo implica la formación concatenada de un determinado idioma, que por su conformación puede llegar a manifestarse de un modo más que ambiguo, lo cual desemboca en un necesario desinterés para con la generalidad.

Más este conjunto de fenómenos nos obliga a tratar el tema con un máximo de responsabilidad, siempre y cuando, manteniendo nuestra hipótesis de que todo proceso comienza con una desesperada causa de “búsqueda recurrente de elementos para alcanzar un absoluto racional o substanciado de sentido”.

A lo largo de la historia, los sistemas encargados de contribuir con los esbozos de una aproximación hacia un camino a la verdad, siempre han poseído elementos primigenios o fundacionales, como para luego, en base a estos, edificar supuestos perfectamente coherentes que terminan formando la característica peculiar de un sistema. Es decir que ellos representan una temática que permiten fundamentar un sistema de saber, son más que esenciales en la formación de estos.

Por ello nuestra propuesta consiste en realizar un pequeño recorrido histórico, como para observar, de qué manera el elemento primigenio, por antonomasia, Dios, fue variando de formas de acuerdo a los procesos de saber.

Sería más que redundante afirmar que Aristóteles siembra el primer sistema filosófico, creando de esta manera una inseparable relación con lo metódico, es decir con el rígido rigor que una construcción seria (¡que mayor seriedad que las primeras y las últimas causas¡) merece. A partir de esta realidad las cuestiones de forma y fondo empiezan a amalgamarse generando el pensamiento científico.

Dentro de la elaboración del Estagirita, tópicos de gran importancia o verdaderos conductores conceptuales, como los casos de : La finitud del Universo, el concepto de esencia, el motor inmóvil, etc., actúan como sensatos paradigmas que van forjando todo un sistema que perdura hasta el advenimiento de pensadores llamados modernos (verbigracia Descartes, Copérnico).

La piedra fundacional de lo que después se convertiría en una monumental teoría, es el  establecer una causa que no sea causada, que no sea un efecto. Si recordamos de qué manera, paso a paso y con sigilosa rigurosidad, Aristóteles nos va construyendo un edificado objeto que mediante las sumas de las piezas va adquiriendo no solo mas voluptuosidad, sino que junto a esta realidad, también consigue más éxito en cuanto a las definiciones que realiza.

Un tema bastante tratado como mal interpretado es el del llamado Dios Aristotélico, con este ejemplo no sólo se podrá observar lo que anteriormente afirmamos, es decir la necesidad de tener un fundamento no fundamentado ( en cuestiones centrales),sino que podremos observar de que manera Todo un conjunto de manifestaciones de estricta relación con las cuestiones consideradas esenciales, van forjando una determinada realidad coherente, y de que manera los aspectos se van consustanciando, logrando una conjunción teórica, que analizada en un aspecto general constituye más que una forma y un momento del pensar, y analizada en su aspecto individual, brinda muchas posibilidades de ensalzarse con interesantes teorías.

Por nuestra parte intentaremos ver la manera en por el cual él Concepto Dios, no solo se construye de una determinada manera, sino nuestra intención consiste en observar el porqué de una aparición que tiene mucha relación con un momento particular. Consideramos que estos gajos del pensamiento que a priori no tienen relación, construyen en el inconsciente colectivo (por llamarlo de alguna manera y no con estricta relación con el concepto de Jung) un paradigma esperanzador y fundador, un axioma indiscutible, él cuál solo va modificando aspectos secundarios: estamos hablando ni más ni menos que del concepto Dios.                     

El intelecto Agente (relacionado con la actividad) y el intelecto paciente (relacionado con la pasividad), son dos conceptos claves que el hombre necesariamente posee. Aristóteles nos señala que el primero nos viene de afuera, a partir de esta definición no solo se pueden extraer conclusiones acerca de la espiritualidad del alma o de las creencias con respecto a una deidad, y no dudamos al afirmar que lo más importante se encuentra en la necesidad de sujetarse a conceptos que tienen la obligada necesidad de no verse fundamentados.          

 Nec plenum nec vacuum, el mundo engloba al ser de esta manera. Aristóteles no solo demuestra cuán influenciado estaba del famoso sistema Ptolemaico (Ver la definición de vacío en la física, ejemplo acabado de la influencia cosmológica en una aseveración filosófica) como todo un momento y lugar (una cultura determinada) se van adaptando conjuntamente a un determinado tipo de visión.

Se pueden nombrar los estudios Euclidíanos- la noción de axiomas verdaderos por sí mismos, indudables y autoevidentes- que bajo la constitución de sus Elementos sembró y fundó toda la Geometría, hasta la incursión de Nicolai Lobachevski (1793- 1856) que pese a estar influenciado por F.Gauss (1777-1855) fijó su tesis titulada la Geometría hiperbólica. El famoso postulado (el quinto) Euclidiano afirmaba la unicidad en el plano de la paralela a una recta, que pase por un punto determinado, la modificación (la primera, no tan solo sería sino que también intencionada, recordemos si no el caso de G. Saccheri, quien tratando de reforzar los argumentos en pro de Euclides no hizo más que introducir la primer estocada.) postula la existencia de varias paralelas a una recta, pasando por un punto. Pese a este importante y breve anecdotario, lo radicalmente importante resulta de qué manera los Elementos se constituyen como la importante parte de un todo. Tanto en las veintitrés definiciones ( punto es lo que no tiene partes) como en los postulados ( una recta finita puede prolongarse a voluntad), los axiomas (el todo es mayor que la parte) conforman un modelo de saber más bien deductivo, una compleja elaboración de cadenas de deducción, por algo la ya conocida frase de Leibniz “Los Griegos razonaron con toda la exactitud que es posible en matemática, y dejaron al género humano verdaderos modelos de arte demostrativo”.                            

Esta monumental construcción, se podría recorrer los caminos de Arquímides, de Hipócrates(en sus investigaciones médicas), o deleitarse con magníficos textos literarios, sea de Aristófanes, Eurípides, Sófocles; la variación corre por cuenta de la forma y no del fondo, es decir en todo el ámbito del situarse Griego frente a la vida, se encuentra una postura que reivindica la sentencia. De que para fundamentar la primera que actúa como disparador de magníficos sistemas, solo se requiere el argumento de un gran patrón, no descripto, pero si autoevidente,  para de esta manera conseguir un postulado infundado, que, paradójicamente, permite la armazón lógico-científica la cual a partir del camino se construye.            

El salto cualitativo, no así cuantitativo, se da recién en la llamada modernidad, la época denominada Edad Media, peca por su profunda subyugación ante los principios del antiguo.

Por supuesto que dentro de esta extensa etapa, la formación del pensamiento fue manifestando algunos particulares discurrires, que quizá por la situación de misticismo oscurantista, apoyada por una sociedad soterrada en paradigmas mítico- religiosos, no permitieron un acelerado desvelamiento de cuestiones que tiempo después surgieron de un modo aparentemente espontáneo, cuando en realidad se habían ido solidificando en esta época, muchas veces mal considerada y no entendida, como un determinado momento con sus respectivos pro y contras.

          Es de vulgar conocimiento que René Descartes es el constructor de un nuevo sistema filosófico que irrumpe con bríos en la humanidad. El Hecho de que establezca dentro de su interesante esquema racional, como patrón fundante a Dios, no deja de ser más que llamativo. Lamentablemente no podemos ocupar nuestro tiempo en cuestiones de esta índole, pero mantengamos presente este dato que de todas maneras nos va a proporcionar suma utilidad.

          Llegamos a un punto neurálgico, desde una óptica histórica – cientificista. Es decir el momento en el cual los rigores del saber (teóricos), conjugados con una progresiva técnica (observación empírica), devienen en sistemas que a partir de las tonificaciones anteriormente mentadas, van adquiriendo un nuevo matiz pese a seguir conservando el postulado axiomático - primigenio, sostenido de un modo figurado, debidamente argumentado y perjudicialmente sacralizado.

“Dios Todopoderoso, necesita dar cuerda a su reloj de vez en cuando, pues de lo contrario dejaría de moverse. La máquina fabricada por Dios es tan imperfecta, que hasta Él se ve obligado a limpiarla mediante un concurso extraordinario, he incluso repararla a la manera en que un relojero repara su obra; por lo tanto, ha de ser un artesano, tanto más inhábil, por cuanto que se ve obligado con frecuencia a reparar su obra y ponerla a punto”.

“Puesto que la naturaleza ha de ser perdurable, los cambios de las cosas corpóreas han de ser atribuidos exclusivamente a las diversas separaciones y nuevas asociaciones de los movimientos de las partículas permanentes, al ser rompibles los cuerpos sólidos, no en el medio de esas partículas, sino allí donde se juntan, tocándose en unos pocos puntos solamente. “

Newton, como tras sus palabras se puede advertir, se ocupa de la naturaleza, como de causa de los efectos observables, tratándolas como causas o fuerzas matemáticas. Es por esto que se ocupa de un modo magistral de la fuerza gravitatoria, ya que se muestra, a través de determinadas observaciones como evidente y a partir de este aserto, encolumna toda una serie de consideraciones, desde el punto de vista científico, que van a reconsiderar el papel fundacional del concepto Dios.

A partir de esta circunstancia realmente considerable, las cuestiones respecto a las aproximaciones de saber van tomando un tono más que especial. Una realidad es el hecho de la bifurcación de todas las áreas de conocimiento, es decir la tajante división de los grandes tópicos teóricos, caso física, matemática y filosofía (según el orden Aristotélico, modificado inversamente por Descartes) que de alguna manera van no solo a ser reformulados, estableciendo nuevos conceptos en pos de un todo absoluto, que también al ir segmentando aquella formación cuasi primigenia, modifican sustancialmente no solo las formas( Evolución Biológica, La electroestática, la electrodinámica, la lingüística, la psicofísica, el método sociológico, etc.) que además forjan la nueva realidad de lo eternamente imprescindible, por más que las situaciones que sobrepasan el modernismo, ofrezcan un nuevo aquelarre de posibilidades( sea partículas elementales, cadenas de ADN, un punto de materia, etc). El concepto más originario y populoso, metamorfoseado se va constituyendo de un modo diferente en lo esencial, pero igual en lo formal, es decir un Dios crucificado, bañado en sangre, con una diadema de espinas en la cabeza y con lágrimas en los ojos, pero con espíritu demoníaco.

Intentaremos recorrer subrepticiamente las grandes tendencias que forjan la particular manifestación del fundamento infundado.

Generalmente en filosofía se habla de una corriente posmoderna, sostenida por un argumento o un método rizomático, desde la óptica científica la nominalizada particularización discurre por intermedio de desclasificaciones que son harto difíciles de sintetizar con debida consistencia, de todos modos intentaremos sacar conclusiones generales para poder vincularlas no solo en un sentido filosófico, también relacionándolas con la particular construcción conceptual, que moviliza este pequeño análisis.            

 En matemáticas, el abismo se empieza a dar desde el momento mismo en el cuál Bertrand Russell pone en crisis la lógica de clases (desterrando prácticamente la aritmética defendida por Frege) con el descubrimiento de la famosa antinomia (Vg; Epiménedes el Cretense dice que todos los Cretenses son mentirosos) construye la teoría de los tipos, que pese a seguir con una línea platónica intenta brindar una salida coherente dentro del círculo de lo lógico-matemático. David Hilbert con los métodos finitistas (procedimientos elementales e intuitivos, de tipo combinatorio, que se utilizan para manejar siempre una cantidad finita de objetos y de funciones determinables) impulsa toda una corriente tendiente al problema de la completud de la teoría de los números. Kurt Godel afirmó en relación a este último paradigma, que el cálculo lógico, con potencia suficiente para formalizar la aritmética elemental, si es coherente, es de un tipo que hace que en él sea indemostrable la fórmula que expresa su coherencia. Dando comienzo de esta manera, en el campo de lo matemático, un espacio en el cuál se empieza a dar prioridad a lo específico en desmedro de lo general y a favor, más que nada de intereses en relación a lo particular.

La semántica de Tarski postula “si tenemos una definición de verdad consistente en el acuerdo entre aserciones y hechos, no tenemos un criterio de verdad: siempre podemos equivocarnos al decir que una teoría es verdadera”, de este modo la investigación discurre acerca de las relaciones que se pueden establecer entre los lenguajes formalizados y los conjuntos de objetos. Esta búsqueda de una prueba coherente bajo un tipo semántico representa otra prueba más de los caminos trazados en pos de un absoluto, que paradójicamente se va subyugando bajo los rigores de lo metódico, cambiando radicalmente de esta manera la meta final.

Dentro del ambiente de la física, el punto de partida constituye el impacto crítico de la mecánica con el electromagnetismo en torno al paradigma relativista einsteniano, sumado al estudio de los fenómenos de la intelección entre la materia y las radiaciones (paradigma cuántico), dan como resultado: teoría de los cuantos, física  atómica nuclear, subnuclear,  química física, astrofísica, bioquímica, biofísica, geofísica, etc. En definitiva, estos sectores, como también en el área de la biología, la teoría genética, logra adquirir entidad propia, van divisando un terreno propicio para el cultivo de las grandes conclusiones en base a parcializados estudios, lo cual marca una tendencia irreversible dentro del ámbito de lo científico.

Ya en el terreno de lo filosófico observamos la contundente realidad en que las ideas más consideradas tienen una especial vinculación con lo específicamente científico. El caso más clarificador es el reinado del pensamiento Hermenéutico, el cual se destaca básicamente por la aceptación de las consideraciones varias y el rechazo a los pensamientos sistémicos.

La palabra ya tiene un significado, él sustantivo humano manifiesta su presencia y el curso de su desarrollo no variará, ni ante las petulancias de la desinformación, notificadas por los cirigallos, que portan medios de comunicación atentando en forma ininterrumpida contra la dignidad, a favor de incandescentes y fatuos fogonazos, conseguidos por intermedio de un azaroso escogimiento de mártires públicos, que en detrimento de la objetividad necesariamente muestran lo triste de la subjetividad, que para ese entonces ya alcanza un grado increíblemente considerable de celebridad, tampoco cambiará de rumbo ante la fascinación lamentable, recargada de envidiosos presagios, por parte de aquellos que expresen un consentimiento y comunión con respecto a vuestras ideas y que al darse vuelta mascullen malignos deseos ante la muestra contundente de su inferioridad, no intelectual ni moral, tan sólo espiritual, ya que se darán cuenta que sus supuestas buenas intenciones respondían a absurdas pretensiones personales, y al encontrarse con la inevitable comparación llorarán por su fracaso y por vuestro éxito, recordad que a la grandeza no sé la ostenta sólo se la detenta. Consanguíneos intentarán treparse al aluvión de lo inevitable, no os olviden jamás que sois animales de sangre caliente, no pueden garantizar sus acciones ante la conformación de un torrente plasmado de sustancias engañosas, costumbristas y formales.

¿Por qué escuchar la supuesta erudición de algún dinosaurio del pensar?. ¿A qué se debe que los miles de galardonados catedráticos sólo repitan hasta el hartazgo bellas construcciones teóricas, sin siquiera pensar en lo que dicen o dejan de decir?. ¿Cuál es el motivo que los alumnos detentan como para interesarse exclusivamente en sus nimias existencias, decoradas por ciertas pavadas de momento? ¿Dónde ha quedado la grandeza del hombre, esa que hace pensar abstracciones generales, que indaga en las eternas preguntas sin respuesta, esa que transforma en inmortal a un simple ser dominado por la carne?. ¿En que nos hemos convertido, acaso en fantasmas influenciables por rancios libros y por petulantes y vacuas ideas que los medios de comunicación nos propinan, acaso en meros títeres payasescos que deambulan en el espectáculo circense llamado vida?

Todo es conjetura, cada uno de estos vocablos, como las ondas de percepción que los decodifican.

Por @frantomas30 

 

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