POLíTICA   26 de junio de 2018

Tato debiera estar libre.

La cuestión no es jurídica, sino política. El incremento del malhumor social, o la posible ruptura del clima de paz social que tanto se pregona y se vende, que se reconoce desde Nación (auguran un próximo trimestre de mayor recesión y contracción económica), que se palpa en las calles (sea mediante paro forzado, o mediante el ejercicio represivo para no permitir la instalación de una carpa de protesta frente a la casa de gobierno) aún parece no llegar al entendimiento de la cocina del poder. Mantener bajo tecnicismos leguleyos en prisión, y privado de sus derechos políticos, a un ex gobernador, votado por la ciudadanía y más allá de que tenga razón en sus reclamos (es decir la libertad de Tato, debe ser tratada más allá de Tato y su entorno) o que tribunales nacionales o internacionales le den la razón jurídica, existe una razón social, que impele a que mediante un salvoconducto (llámese conmutación de pena, pacto correntino por la paz social y contra la pobreza, símil al de la Moncloa español) el otrora líder sea reconocido por sus pares, como nuevamente admisible para la cosa pública o política. Caso contrario, ¿Qué se le podría pedir a un Zalazar, a quién el mismo estado que le privó de educación, de oportunidades laborales, tanto para él, como para su descendencia, cuando no encuentran, o lo sueltan, al asesino y violador de su hija, que se ajuste a derecho? ¿Qué no le pegue a su propia mujer? ¿Qué no pretenda hacer justicia por mano propia, rompiendo vidrios o escrachando el proceder de ciertas magistradas? ¿Cuántos Zalazares, están agazapados, esperando, con el cuchillo bajo el poncho, asestarle la estocada a ese estado que es sólo para unos pocos y que podrían sentir que es su oportunidad en este clima de recesión que solo cierra con el orden represivo al no haber encajado, como se pretendía la alineación astral de nación-provincia-municipio?-

La política de cabotaje, la parroquial, sigue en sus conflictividades y tensiones de hace décadas atrás. El cambio de perspectiva, sin embargo, proviene de un clima social que empieza a enrarecerse y que de acuerdo a todas las perspectivas hasta el año que viene no mejorará. Las protestas y reclamos se agudizarán y profundizarán, sin que estas acciones sean necesariamente semejantes. La necesidad de que el orden establecido, no vea interrumpido su normal desenvolvimiento, no tendrá relación en cuantas latas de gas pimienta tenga disponible la policía local o sí dispararán balas de goma o llegarán las pistolas “taser” (shock eléctrico). La práctica de la represión necesita de un blindaje en la legitimidad que tengan los gobernantes, es decir ellos, deben cerrar filas entre sí, para que no se filtre, no se perfore, no se socave la autoridad del mando que detentan en su disputa consensuada de oficialismo y oposición y de ciertos agregados folclóricos, como los chamameceros que pasan del Eustaquio Miño a la Legislatura o de los deportistas y famosos, que pasan del set televisivo al teatro de la política.

El cabo suelto es Tato Romero Feris. Sí alguna chance de quedar libre tiene el líder nuevista, mediante una decisión política, quién primero debe convencerse es precisamente él mismo y por sobre todo, actuar en consecuencia. Es decir, dejar de ser por motus propio o mediante su esposa, la senadora provincial, los artífices de su propia defensa, que tampoco debe ser jurídica o judicial. Tato debiera constituir un foro, de ex gobernadores, ex legisladores y demás autoridades consagradas desde lo simbólico (una suerte de Sanedrín) que pugnen por una Corrientes libre de máculas y de pobreza, que en estos tiempos de crisis, se abrace bajo una sola consigna, que bien podría ser la de que en Corrientes somos todos, pero partiendo de la base de que de esos todos, ninguno este preso, políticamente.  Esta acción, podría constituirse en el  verdadero paso, adelante y de mejora, entre los gobiernos de Colombi y este nuevo de Valdés. Es decir, tanto aquellos que promueven una suerte de Valdesismo, desde diarios o medios de comunicación, debieran trabajar en este sentido, no promocionando burdamente el reparto de preservativos de la última dirección de un ministerio o anunciando con bombos y platillos el cronograma de pagos con la misma foto del cajero del banco de julio y san juan, sino instando a que un verdadero líder democrático, debe constituir una paz social sin tener un ex gobernador (insistimos independientemente de quién sea, de lo que se le acuse o de lo que haya hecho) en la insidia de una justicia, a la que se debe remozar, y despresurizar de sus obligados y necesarios jaqueos políticos, para evitar que en base a esta discrecionalidad, cada vez sean más los “Zalazar” que, con razón o argumentos, no sólo descrean de la justicia, sino que tampoco, y lo que es más grave, se encuadren al estado de derecho que sostiene y propone, y que lo ataquen o agravien.

El senador que ingreso hace poco a la magistratura, el ex gobernador, debería también tomar nota, dejar de lado, las empalagosas sesiones senatoriales, en donde se le rinden los homenajes en vida, y comprender, que puede existir una noción de la política que no sea únicamente la suya y la de sus correligionarios. Podría quedar, como el que terminó con el período de Tato, a nivel político, restituyendo la justicia, pero que tiempo más tarde, producto de la paz social, por sus gobiernos, generada, promovió a la conmutación de su pena, a una amnistía para blindar esa paz social y evitar escarceos en tiempos de crisis. No sólo esto, le haría saber al gobernador que es él, quién, tiene los conceptos de un estadista, de un líder más allá del cargo (evitando así tener que discutir por cuestiones menores, saliendo a los diarios a desmentir que se pelea o peleará con su continuador) y por sobre todo, posibilitando la libertad de Tato, generaría que sí alguien, cuando pierda poder de ascendencia o el poder en cuanto tal, lo quiera enviar a prisión, bajo alguna excusa leguleya, con manejos discrecionales, ante jueces que siempre fallarán al que no tenga el poder circunstancial, le enrostre esto mismo, que años más luego, tuvo la grandeza, política, humana y personal de no tener a nadie sometido por razones políticas, travestidas de trapisondas jurídicas de baja estofa que no resisten ni la menor apelación de ningún tribunal respetable o la mirada y el sentir común y desde el llano de cualquier Zalazar.

 

 

PD: La siguiente es la nota anterior, que bajo la categoría "Humor" fue utilizada por el presente medio, para dimensionar el intéres que pudiera despertar en los (e)-lectores. En menos de 10 horas de estar "en línea" se constituyó en la noticia más leída del año, rompiendo récords de ingresos y consultas. 

La Corte Suprema revocó la sentencia a Tato Romero Feris y ordenó su inmediata libertad. 

Un reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia declaró procedente un recurso extraordinario dejando sin efecto el rechazo del Superior Tribunal de Justicia de Corrientes

Comunicamos mal.

La prueba contundente de lo que afirmamos, es que en los tres poderes del estado, constituidos, como instituidos, se prescinde del concepto de comunicación que no solamente tiene relación con prescindir de servicios comunicacionales que le podría prestar un profesional o quién oficie de comunicador, para dejar tal tarea en manos de amigos, familiares o entenados, cuando no, ellos mismos, en modo selfie, emitiendo el certificado de defunción a la ya nefasta y fascista “gacetilla de prensa” para dar nacimiento a esta epocalidad de imágenes casi automatizadas de móviles inteligentes que capturan instantes vanos e intrascendentes y al ser replicados se transforman, en el sinsentido de la inteligencia artificial, en una noticia digna de ser avalada, compartida y vuelta a replicar.

Corregimos. En el poder judicial, es donde se observa más cabalmente lo que afirmamos. No se trata de intenciones o de moralidad. Es decir, los representantes de los poderes constituidos,  e instituidos (performativamente, bajo la excusa o la razón que lo otro es la ley de la fuerza), no es que dejan en las manos de familiares y amigos, la comunicación de los actos públicos, por una superchería de aprovecharse de la ausencia de normas que establezcan el reparto de la pauta publicitaria oficial (y en el caso de que existiera la misma, su aplicación taxativa o la aprobación que necesitarían los miles de proyectos en tal sentido) y por ende el establecimiento de un estado de derecho, donde se respete la libertad de expresión, y de tal manera, no pagan, como lo deberían hacer por comunicar, sino que bastarden a la comunicación misma, casi sin querer, como a sus familiares y amigos (creyendo que los están ayudando los someten a tareas para las cuáles no están ni siquiera con ganas de llevarlas a cabo), u ocupándose ellos mismos, cuál adolescentes viven prendidos, en las sesiones o espacios institucionales de los teléfonos móviles haciéndose autobombo o autopromoción, en una clara exaltación de lo yoico a niveles de turbación manifiesta.

El poder judicial, aún mantiene (pese a encuentros, foros y discusiones, saludables, pero que no logran aún lograr el pasaje al acto) el paradigma de que los jueces hablan por sus fallos o sentencias. Esta definición, tal vez roce aquello de su constitución, es decir cabría la posibilidad de que se constituya una suerte de foro ciudadano, o que en las aldeas en que no se dispuso, la integración de observadores o tribunales populares, en cualquier caso, que la modificación del paradigma, signifique la repercusión palmaria de que el servicio de justicia, retorna a sus fuentes, en ese viejo principio, cuando la justicia no se decía ni se pretendía “independiente” pero se forzada a dar a cada uno lo suyo.

Deberíamos atestar los posibles talleres, foros, encuentros, tertulias, congresos, para dotar a todos y cada uno de los integrantes del poder judicial, no sólo a suplir tal paradigma, sino a constituir uno que tenga que ver no tanto con las formas (es decir con el modo selfie o compartir de la red social que fuere) sino con el concepto de lo que se tiene que transmitir en este caso, en el judicial, que es de los tres, el poder menos visible, en su conformación como en su acción para el ciudadano común, incluyendo como expresamos la naturaleza de su supuesta independencia.

En el legislativo, como en el ejecutivo, como expresábamos la batalla está perdida. Sí lo pusiésemos en términos futbolísticos, estamos en el minuto 80 de juego, a 10 del final, perdiendo 3 a 0, con 1 hombre menos.

Basta con asistir a cualquier sesión plenaria, del cuerpo parlamentario que fuese en el vasto horizonte que nos otorgan nuestras aldeas democráticas, para dar cuenta que, hasta que no se expida una resolución que prohíba el uso de aparatos con el nefasto nombre de inteligentes, nos llevaremos la triste imagen de parlamentarios que parecen estar en una discoteca replicando imágenes sin sentido y por doquier. Así lo atestiguan sus diversas y distintas cuentas, que sólo parecen copias, de copias, de tantas imágenes, que ya ni se ven, dado que no se distinguen en ese mar latoso, de ego, que proponen y con el cuál invaden.

Tal vez estéticamente, la imagen no sea tan fuerte, pero normativa como conceptualmente, lo que sucede entre el poder ejecutivo y la comunicación es aún más siniestro.

No sólo que en contadas administraciones existe una norma que distribuya la pauta publicitaria oficial (dándole sentido al principio de la obligatoriedad de que los actos de gobierno sean públicos y por ende de considerar a la comunicación como pública) sino que en este poder del estado, sigue primando la absolutista, como fascista consideración de que lo comunicable, solo se puede generar, desde la gacetilla de prensa.

Quiénes creemos estar comunicando, tendríamos que tener la obligación moral, de replantearos que significa comunicar y sí es dable hacerlo en un sistema que propone, como en otros ámbitos que la comunicación, sea replicación o sistematización de capturas de imágenes intrascendentes, que volcadas a un dispositivo, se terminan transformando en noticia o en algo destacado.

Quiénes nos resistimos a ser replicadores, copiadores y pegadores, y por tanto, nos forzamos a ponernos en autocríticos, rever nuestras posiciones, salirnos de nuestras zonas de confort, además de todo esto, tendremos seguramente, el acoso, el señalamiento, como la indiferencia de quiénes creen estar ganando algo (como sí de ganar se tratara, en tal lógica en donde quiere hacer prevalecer el mercado, que sí compraste más barato y  vendes más caro le das sentido a tu vida) a expensas de destrozar la comunicación.

Una herida de muerte, en la que lacerados, caen en su mortal dolor, los que victimarios, en verdad son víctimas de las herramientas que se aprovechan de su inhumanidad. No pueden, han vendido esa posibilidad de preguntarles al de a lado, que le está pasando, pero sacan una foto, a un pasto crecido y obtienen más de 100 me gusta por tal engaño de esa inteligencia artificial, que de a poco les va sacando la posibilidad de volver a encontrar el alma y el espíritu, con el que fueron ungidos como seres humanos.

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