ANÁLISIS  15 de mayo de 2018

¿Cómo lebacs?

Cómo sí el futuro inmediato precisara de circunstancias apoteóticas, entre los nacionales que le hacen poner el pecho al asalariado ante su supuesta batalla con los especuladores y los provinciales que aprovechando el desconcierto azuzan con el fantasma fatídico de los recortes y que más temprano que tarde, amenazarán con bonos, el hombre común ve licuar sus esperanzas, una vez más, de contar con un país y una provincia en donde las obligaciones, la palabra y el derecho se cumplan, para dejar de beneficiar a los grupos encaramados en los distintos estadios del poder, que blandiendo todos los trapos disponibles en el armario partidocrático, siempre encuentran el talismán para salir indemne de las cíclicas calamidades sociales de las que son principales responsables.

La egolatría de quiénes conducen nuestros destinos se percibe a leguas, cuando ponen frente al micrófono la posibilidad de un Armagedón, de un final de tiempos, de un acabose. Es que se deben sentir tan importantes, tan imprescindibles, tan elegidos por la divinidad y el azar, que cuando piensan en la finalidad, no piensan, como sería normal en su finitud como seres humanos, sino en la finalidad en sí misma y de todos en general, por ello, ante una situación determinada el ególatra te crea un relato, una ficción, una historieta que sólo existe en su ruin maquinación mental.

Entonces, tras años de gobierno, el cuerpo, o las pelotas o los ovarios, a la pelea contra especuladores-golpistas, la tiene que poner el trabajador, el pobre tipo de a pie que sin fueros, que sin pesos de peso, ni autos, ni despachos oficiales, al terminar su jornada laboral, se debe someter al recorrido del camión de lechugas para todos o de camarones de agua dulce (la continuidad perenne que viene desde las recordadas cajas PAN, o la institucionalización de la dádiva democrática), se debe poner el traje de comisario y putear al del supermercado porque la lata de lentejas no tiene el precio que le alcanzaría con su paritaria en caso de estar en blanco o con trabajo registrado, vivir en la conflictividad permanente con la patronal y para presionarla aún más, generar un conflicto con la sociedad civil, haciendo un paro o cortando una calle. Pero si  la justificación argumental, debe estar en aquello que prodigaban los peleles barbados de 678 vocablos, que provenía de la Chanta Mufa, o Chantal Muffe, y su marido que cobró también por documentales en canales oficiales, viviendo en París, entonces deberían dar cuenta que la conflictividad permanente la debe dar el trabajador con su clase política, no cómo un “revival” del marxismo clásico, sino como una reacción de sentido común. Allí como ejemplo paradigmático está el guitarrista devenido en peronista enjuiciado por la justicia, como símbolo paradigmático de un proceso que no pudo salirse de las sábanas de un lecho conyugal.

Sí de familias hablamos y de conflictividad permanente que podríamos decir de nuestra patria chica, gobernada por el radicalismo más peronista de todo el país y porque no de la historia en el manejo del poder, de un radicalismo con el viento a favor de la fortuna que no se cercena ni por el calor sofocante y recalcitrante de un verano insoportable, por más que desnude la barbarie de un tendido eléctrico que ofrece menos garantías que el voto de un necesitado en tiempos de elecciones. Hasta los lilitos en corrientes, entregaron la dignidad con la que la blonda, vence al poder y ceden, afanosamente, para disputar la alocada carrera de ver cuanta parentela puede soportar el pezón estatal.

Un gobierno que lleva sus incontables años (por el período de Arturo que no sabemos dónde ponerlo…) y en idéntica estrategia que su oposición nacional (en algún momento, durante un buen tiempo en sociedad con) deslinda la responsabilidad dirigencial. Resuelve, como a nivel nacional, el incremento de la burocracia política para pagar a dirigentes, en su mayoría perdidosos en sus distritos, y de dudosa e incomprobable ni siquiera capacidad sino interés en la gestión o en el trabajo cotidiano y al mismo tiempo hablar de pagar a proveedores y empleados rasos del estado con bonos.

En el intermezzo de estos Leviatanes, se encuentra el plomero de la legislatura, la docente de la escuela rural, el jubilado, la que cobra la asignación, teniendo que agradecerle al lobo nacional que no muere de inanición, que sus hijos no son desnutridos y que en el hospital le ponen más vacunas que antes y a su lobo provincial que cobra a término, que en la canchita del barrio el fin de semana le arman un torneo de futbol y le regalan camisetas y pelotas a los gurises, cantándole la cumbia con la gatona, entangada que más luego hará el taller para descosificarse y dejar de ser tal en nombre de los nuevos fascismos de importación. Nada de ilusionarse con tener un futuro digno, una vida que no sea el calvario diario de pelearle a la pobreza estructural en la soledad de entender que el estado que le tendría que acompañar está presente para aquellos a quienes la varita mágica los ha tocado con el azar de ser amigo del juez, del comisario o del político de turno.

Mientras más tenga que soportar el ciudadano el pisoteo de su clase dirigente, su burla permanente, la ostentación de las diferencias entre unos y otros, menos tendrán que hacer los laderos de los poderosos de turno, esos fanáticos a sueldo, de cultura, educación e inteligencia promedio, que por temor a ser alguien en la vida, prefieren estar detrás del ala, o del traste del enajenador poderoso, que en realidad esta vestido, por el miedo, por el pánico de estos idiotas útiles de turno que prefieren la comodidad de repetir un discurso, de replicar y compartir las imágenes de relatos insolventes, de esos programas gubernamentales con nombres pelotudos y que son una tomada de pelo para el sentido común, para ser parte de algo, por más que este algo sea una mierda indisimulable, porque se cagan en las patas por tomar las riendas de sus vidas, de enfrentar la incertidumbre que plante naturalmente la existencia y ser artífices de su propio destino.

Para infortunio de unos pocos, los que no están peleando el mango, para poder progresar en sus vidas, corriendo la coneja, el camión de descuento, el surtidor otrora subsidiado, la salita donde no sea presa de una coima o presa de la inseguridad, o no se deje caer en el flagelo de las adicciones, que el estado no combate obviamente, arrían las banderas verdes, o los globos amarillos, como antes reinaba la letra K, cuando como lo dijimos hace no mucho arriaban las dos juntas con ambas manos y seguramente arriaran otras con otras letras y colores; sépanlo que de ustedes también depende eso que dan llamar patria, sea la grande o la chica, cuanta menos obsecuencia, sea paga, voluntaria, militante o cómo demonios la quieran llamar, más cerca estaremos de tener un proyecto colectivo que resuelva con más prontitud y justicia los problemas de los diferentes sectores de la comunidad, mientras más conductores tenga el colectivo será mejor, pues tendremos más variantes y alternativas para llegar a destino, la sobreabundancia de pasajeros idolatrantes es perjudicial para el colectivo que dicen defender con sus estúpidas repeticiones de los relatos de otros, sectarios, elitistas y siempre asociados para tener manadas de boludos enfrentados.

Por @frantomas30 

 

 

 

 

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