ACTUALIDAD  27 de abril de 2018

En la búsqueda de Delfos, un cuento real.

Los esfuerzos incesantes para desterrar el dolor no consiguen otra cosa que variar su figura: ésta es primordialmente carencia, necesidad, cuidados por la conservación de la vida. Al que tiene la fortuna de haber resuelto este problema, lo que pocas veces sucede, le sale de nuevo el dolor al paso en mil otras formas, distintas, según la edad y las circunstancias, como pasiones sexuales, amores desgraciados, envidia, celos, odios, terrores. Ambición, codicia enfermedades, etcétera. Y cuando no puede revestir otra forma toma el ropaje gris y tristón del fastidio y el aburrimiento, contra el cual tantas cosas se han inventado. Y aunque se consiguiese alejar éste, difícil sería que no volviese en cualquiera de las otras formas para empezar otra vez su ronda; pues entre el dolor y aburrimiento se pasa la vida. Arthur Schopenhauer, Existencia, Hastío y Dolor.

Por Carlos A. Coria Garcia.

El extraño sabor mezcla de sal, ají y azúcar del ungüento misterioso, distribuido uniformemente sobre un trozo de pan duro, que con el correr del tiempo la absorción produce la pérdida de su petrificación, pasando a un estado de melosidad masticable y tragable, al menos eso parece suceder.

Eran los días del viejo Jacinto Vargas en su terruño lejano, ahí donde el horizonte se funde con la tierra. Así es la vida, fueron las palabras que día tras día retumbaron en los oídos de Jacinto desde pequeño hasta el presente, como si fuera que la vida es el desprecio por la vida misma, en un estar para ser víctima del paso del tiempo o del tiempo pasando sobre su lomo.

Vargas es un experimentado en pasar los días con la escasez de alimentos, servicios y objetos o artefactos que hacen a la vida cotidiana, si fuera comparado con cualquier habitante de la ciudad más cercana sería un hombre de las cavernas, para Jacinto la vida es praxis y la vida buena es eupraxía, dirá Aristóteles. Vargas es considerado por la gente de la ciudad como un sabio, llegan hasta su tapera a solicitar concejos, como en la antigüedad los guerreros acudían al Oráculo de Delfos. ¿Qué podría saber Vargas que un ciudadano del siglo veintiuno no sepa? La respuesta la tiene Heráclito según Jacinto: …a los demás hombres les pasan inadvertidas cuantas cosas hacen despiertos, de la misma manera como olvidan cuantas mientras duermen o también: Estando presentes están ausentes.

El concepto de vida debe ser sin duda de aquellos enmarañados multiformes, multicausales, la vida, por ejemplo para los griegos, era dividida en dos términos, por un lado zoé,  que englobaba a todos, y por el otro bíos, que indicaba la forma o manera de vivir propia de un individuo. Platón, en Filebo trata el tema y menciona tres tipos o  géneros de vida y Aristóteles, por su parte, en Ética a Nicomaquea habla de una vida contemplativa del filosofo -bíos theôrçtikós-, de la vida de placer -bíos apolaustikos-, y de la vida política -bíos politikos-, los dos filósofos nunca mencionaron en sus tipologías al zoé  que, entre otras cosas, carece del plural por el hecho que la vida tratada en sus tipologías va mas allá de la natural, para entrar en la vida cualificada.

Jacinto Vargas supo construir su propio concepto de vida al que puso en práctica, es decir, paso del concepto-idea a la acción, Vargas sostiene que la vida: es el andar de los de los hombres fuera de la imaginación y dentro de la bóveda de lo real. Jacinto comprende y trasmite a sus visitantes que llegan hasta su rancho sedientos de una reflexión, que la idea-concepto que construyo contiene dificultades para su práctica, explicando que una actividad plena y continua de la percepción sensorial que aterriza en lo real, supone también una enorme dificultad, y con frecuencia se produce en los órganos sensoriales una especie de engaño, del cual es responsable la phantasía o imaginación. Imagínese usted ser todo lo que soñó pero la realidad de los acontecimientos de ayer, de hoy y los que vendrán los colocara en otro sitio muy distinto, es la historia de los héroes y héroe es el que se hizo en la realidad no en la imaginación y supo hacerse cargo de su lugar en la historia.

Jacinto Vargas termina siempre su discurso ante los visitantes con una reflexión sencilla que dice más o menos así: no han de conseguir una respuesta de la vida y ante ella si no experimentan la resistencia del asfalto, la suavidad del arenal, la humedad y viscosidad del barro si no caminan descalzos, la vida para ser entendida precisa desnudez, comenzando en la conciencia de finitud y en la idea de que somos seres hacia la muerte, afianzando la seguridad en el tránsito de extremo a extremo. Publicado en Diario El Tiempo, 22 de enero, 2018.

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