ANÁLISIS  12 de abril de 2018

Abortos de la naturaleza.

Celebrado debate surge desde el tratamiento de diferentes proyectos de ley, denominadas pro-abortivos o favorables a la interrupción del embarazo. Sectores ultramontanos, apoyados en las supuestas mayorías conservadoras, que se aferran al statu quo, o a los designios de un factor de poder como el eclesiástico, quieren “ganar” la batalla “argumentativa”, dando a entender que se está a “favor de la vida” esgrimiendo como razón que la concepción de la vida, o la vida misma, son cosas iguales y que se dan en el mismo momento que se generan. Se resuelve con Aristóteles, con la diferenciación que realizó en su Metafísica, entre Potencia y Acto (una silla es el acto de la potencia de un árbol) el Estagirita, hace más de 2500 años, lo dejo en claro, incluso dentro del contexto democrático de lo griego en donde no todos eran ciudadanos, siglos después los que deberían encabezar la batalla cultural por temáticas como estas, pretenden transformar la política en la aprobación del pliego de un Juez o la constitucionalidad del fallo de otro sobre la intervención de un partido, pruebas contundentes que se necesita algo más en la cabeza que deseos de llegar a una banca legislativa para hacer política, o en su defecto al llegar a estar, terminar siendo sometido por el mandamás de turno.

Todo los sectores sociales y las corporaciones que responden a una definición social, política y religiosa, que llevan “perdidas” las batallas para declarar a los homosexuales anormales, y los métodos anticonceptivos como embriones de cámaras de gas, los mismos que fueron derrotados por la evidencia ante el divorcio vincular o la caracterización de hijos ilegítimos, en relación a la decisión de que las mujeres decidan sobre sus cuerpos, o sobre la interrupción del embarazo, han asestado “golpes” argumentativos bastante sólidos, pero no inexpugnables, mucho más grave, son falacias que esconden, una forma cultural abonada a lo que se conoce como machismo, veamos.

Estos sectores han instalado en el discurso mediático la definición del “aborto” como sí se está a favor o en contra. El sonido de la palabra aborto, ya posee un sesgo peyorativo, sí bien, es la interrupción del embarazo hasta el tercer mes, o la posibilidad de que las mujeres decidan sobre sus cuerpos lo que esta en discusión (esto se discutirá más adelante), convengamos que aborto, es una terminología que ya induce a no estar a favor, sería lo mismo preguntarle al oído a una chica que tenemos en conquista, ¿queres coger conmigo? Antes que decirle, suave y románticamente sino desea hacer el amor.

En segunda instancia, en esta campaña mediática estos sectores instalaron, que los que están en contra del Aborto, están a favor de la vida, como sí los que están a favor de que las mujeres decidan sobre sus cuerpos están a favor de la muerte.

Esto mismo ya se ha visto con la teoría de los dos demonios, con el no te metás, con el yo Argentino, con el que somos derechos y humanos, y tantas zonceras de las que tan bien se ha encargado Jauretche.

Lo cierto es que pese a la falacia instaurada, la batalla la vienen ganando, sobre todo, porque han obtenido el “sentido a favor” de cierta clase política, que en el caso del matrimonio igualitario y temáticas semejantes al menos se mostraron neutros.

El arma argumental que poseen quienes en verdad pretenden que la mujer no deje de ser la cosa del hombre, el objeto sexual, el cangurito donde se deposita el semen para que genere el vástago, es que la concepción misma de la vida es en la primera unión entre el óvulo y el espermatozoide, algo tan difícil de precisar en el momento exacto (exacto estamos hablando, no cuando a la mujer no le viene y se va a la farmacia a comprar esa especie de termómetro desechable donde hace pis) y que de allí mismo, el ser, por más que no se pueda expresar, que no sea deseado, que tenga una formación sí y sólo si dentro del cuerpo de la madre, ya es un sujeto, cuando no se está considerando, precisamente sujeto a quien lo cobija, a su posible y potencial madre. Y hablamos de posible y de potencial madre, por que aquí radica la cuestión, no tendría que ser discutible siquiera que una mujer, que habiendo tenido relaciones sexuales, tenga un plazo razonable de 90 días, para decidir si lo que se esta gestando dentro de su vientre será un ser humano o lo dejará para otra oportunidad o para nunca.

Es que acaso, ¿hemos venido al mundo con la obligación de procrear?, ¿al nacer o después nos han preguntado si queríamos vivir?, tantas preguntas de esta índole que no se resuelven de ninguna manera, si no entendiendo que sólo aquellos seres humanos que han venido al mundo, producto del amor, del deseo de ambos padres, pueden llegar a ser felices en esta tierra, los otros, los que fuimos producto de un divertimento, de una obligación cultural, de un forro pinchado, de una noche de lujuria, estamos sometidos a una existencia plagada de karmas urticantes que ni entregándonos a Dios o al mejor de los psicólogos, logramos el hiato de felicidad, sí quizá, deseando y encargando un hijo con la razón y la decisión de la mujer.

Dejémonos, de culturas machistas, de pautas culturales violentas, un ser humano es a partir del día 91, del 0 al 90 pertenece a la mujer, sí no el deseo, el simple deseo solitario de acostarse, simplemente por tener sexo, con alguien ocasional ya  implicaría una especie de ejercicio paternal, y masturbarse sería un infanticidio y hacerlo con forro un tributo a los  nazis.

A favor de la vida estamos todos, a favor de la decisión de las mujeres, lamentablemente unos pocos, que bien podrían transformarse en muchos en el debate que se está propiciando en la Honorable Cámara de Diputados de la Nación.

La política es precisamente el poner palabras y cuerpo, a consideraciones como estas. No al “rosquear” para objetar el pliego de un juez (que además esconde una finalidad contradictoria, los mismos que están en contra de que se judicialice la política y del aprisionamiento de ex funcionarios y gobernantes latinoamericanos, desearían que el ex gobernador de una provincia como la nuestra sea encerrado en una cárcel) o ventilar argucias leguleyas para objetar el fallo de un juez de la nación sobre un partido.

O se sostiene la institucionalidad y se respetan las formas jurídico-judiciales (no sometiéndolas al escarnio público ni a la bufa entre pasillos) o se descree de las mismas, y se forma un nuevo sistema que genere servicio de justicia.

En un acto de campaña, el ex candidato Presidencial, Daniel Scioli, muy exultante le preguntaba a un escenario (plagado seguramente de choriplaneros, la pregunta sería ¿que problema podría existir en tener esto mismo como objetivo en la vida, o acaso lo que hace en una multinacional un ceo requiere de mayor capacidad que la apretar un botón para enviar un Excel?) colmado, ¿Se puede estar medio embarazada?; respondiendo: “No, o se está embarazada o no se está embarazada, pero no se puede estar medio embarazada” agitaba de tal modo Scioli a la tribuna. Tiempo más tarde nos enteraríamos que vivía un romance con una joven modelo a la que le propondría el propio Scioli, abortar ante su embarazo no deseado, al menos por el ex motonauta.

Tal vez, sí el ex candidato, en medio de aquella campaña, le decía la verdad a la ciudadanía, acerca de su vida personal, hubiera resultado más creíble para muchos y posiblemente hubiera cosechado más votos. Eligió lo contrario, y además de perdedor, quedó como contradictorio y mentiroso.

La expresión opositora en Corrientes (el pejotismo) actúa de forma parecida, le quiere hacer creer a la gente que trabaja por una justicia independiente, y se enoja cuando le fallan en contra en vez de calzarse los pantalones y tratarla como un elemento de poder, es decir o la modifica con el apoyo de la gente, o la maneja sin que esta se entere.

A medias como se está manejando no, salvo que quiera seguir perdiendo elecciones. El tema del aborto es otro ejemplo contundente, en vez de “robarle” esa bandera al Macrismo, y de esconderse en pruritos vanos, debería salir a decirle a la ciudadanía que para que quieren seguir trayendo hijos al mundo, sí en Corrientes, reina un partido único de gobierno, que no baja los índices de pobreza y que en nombre de la democracia se constituye en un régimen administrador de sueldos de supervivencia para la mayoría y conchabos de jerarquía para los que son del palo…

Una campaña mediática, dialéctica y de esta magnitud, horadaría el poder del oficialismo gobernante, pero por suerte (para el gobierno) y por desgracia para la oposición, los opositores son canapés, son bocaditos diminutos para Ricardo, que se los sigue comiendo en bandada, en bandeja y estando o no envestido con el poder formal.

 

 

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