ANÁLISIS  28 de febrero de 2018

Muerte al macho.

En una de las expresiones más acabadas como contundentes, que refiere a la disconformidad o contraposición con una cultura machista y patriarcal, la noción golpea tanto a quienes desisten salir de tal lugar (no necesariamente un “macho”, como único privilegiado por tener falo, también podría considerar tal lugar de confort la “hembra” apostada o acodada en la opción de decidir condicionada o no decidir, en un mundo en donde es complejo decidir más allá de géneros) como a las que proponen tal salida, incluso más allá de su expresión metafórica, sino tomándolo en su sentido literal. La humanidad es algo más complejo que las salidas totalitarias de exterminios hacia colectivos de “otros”, además de dolorosas y funestas, estas experiencias se repitieron y se seguirán repitiendo a lo largo de la historia. Aceptar por ejemplo, que más allá de la letra muerta de una disposición jurídico-legal (siempre nominal, desde la perspectiva de lo que debería ser) la vida que surge desde la concepción, va unida por unas buenas y largas semanas, sí o sí, dentro del cuerpo de la mujer, que es quién decidirá, sobre ella como sobre lo que se va formando en su vientre, independientemente de lo que diga o deje de decir un código normativo. Siquiera es necesario apelar a la “pobreza” como para darle mayor valor argumental, los pobres (hombres como mujeres) se mueren, sea real o simbólicamente (en su dignidad) de tantas cosas que “flexibilizar” la posibilidad de que interrumpan embarazos, no necesariamente significaría un cambio de paradigma o un hito en tren de la lucha contra la pobreza o favor de los mismos.

La mujer como género, codifico su habla desde otra estructuración, desde otro lenguaje, mucho más subliminal, como lateralizado, que el desarrollado por el hombre (más básico, instintivo, directo). En esta ubicuidad, la cuestión de fondo, nunca estuvo en duda, la mujer decidió hacerle creer al hombre que decidía per se, y per todos, en los asuntos públicos y políticos.

El hombre en su ceguera fanatizada y ramplona, casi se exterminó física como materialmente, por intermedio de guerras y confrontaciones militares, dejando terrenos y lugares devastados por tanta violencia explícita.

La mujer, desde Lisístrata (pieza teatral de Aristófanes) siempre supo cómo imprimir el giro del destino necesario, para que la humanidad, continuara por el rumbo que marca el magnetismo de su vagina alumbratoria, de su vulva de la cual todos salimos y en la cual todos terminamos (muerte).

Desde hace algunos años, en diferentes aldeas occidentales, lo que mediáticamente se conocen como expresiones feministas, que proponen interesantes verberaciones conceptuales, al estilo “lo personal es político” o esta última de “muerte al macho”, más que una reacción ante el hombre como género (que insistimos nunca “corto ni pincho” siempre fue un actor de segunda, de allí que necesitase creer que un Dios hizo la mujer de su costilla, que las palabras se articulan desde su posición fálica y demás privilegios que en verdad son las muestras de su cobardía) es una reacción ante el sistema,  que mata, aniquila y viola, la dignidad humana, al dejar a gran parte de la misma a las puertas de la marginalidad, la pobreza y la desesperación. La otra parte, la mínima que esta adentro, transformados en una suerte de hologramas de sí mismos, hastiados de sus manipulaciones que confundieron el goce con el placer, alineados de su propio ego, necesitan, de las que están en el límite, para que algo suceda.

Lo novedoso, es que las que mandan, se hacen cargo de que llevan la carga de las decisiones.

Matar al macho, podría ser una salida, pero sí es conceptual o declamativa, también lo será, porque son ellas, las que lo dicen, la que lo expresan, tal como en esas primeras semanas de vida, el humano concebido, depende, como lo hará siempre (herida narcisista del psicoanálisis que luego busca mediante referencias “machistas”, Edipo, envidia de falo, complejo de castración, el corte del cordón umbilical) de una mujer.

Tras tanto tiempo, la necesidad hizo que develaran su poder, el poder al que tendrán que combatir con las armas que consideren.

En el fondo se dirime, una cuestión proverbial, antediluviana, sí es que la humanidad, merece, amerita, precisa, su continuidad (en los términos que se viene presentando) o sí se la aborta, y nos quedamos en lo que hemos sido y en lo que jamás pudimos ser.

Es una decisión que la debe tomar la mujer (entendida como concepción de pensamiento, como unidad conceptual), que quizá ya hubo de ser tomada, y que nos comunicarán cuando así lo consideren. Los machos fuimos una pesadilla que habitó, estructurado en el lenguaje inconsciente de la mujer, la breve como nefasta e intensa, abreviatura de una noche de mal sueño.

En el despertar de la mujer, el macho sólo existió en el sueño, ella tomará la decisión de seguir con la experiencia humana, a riesgos de otros dolores y experiencias que estarán más allá de su control, o abortará tal aventura, esta última es su completa y más radical decisión, sin que importen leyes, normativas, filosofías o moral, todos estos inventos también de su yo para retardar una indecisión, con la consabida angustia que genera la misma, que lleva miles de años.

     

Por Francisco Tomás González Cabañas.-

 

 

 

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