POLíTICA   11 de febrero de 2018

El fiasco de siempre con vos.

A los que de noche se cargaron a la espalda la mochila y la historia, a los que tomaron con las manos el relámpago y el trueno, a los que se calzaron las botas sin futuro, a los que se cubrieron el rostro y el nombre, a los que, sin esperar nada a cambio, en la larga noche dejaron todo, para que otros lleguen en 4x4 empilchados y perfumados, rodeados de adláteres a tomarse la foto, en una mañana por venir aún, puedan ver el día perfecto y único, Para ellos, los sin nombre, ni biografías ni museos. Para ellos nuestra memoria y rebeldía. Para aquellos, que llegaron de ojete como una categoría del azar, sin perspectivas, ideas, de futuro, de nada, que se aprovechan de todos aquellos que al menos hacen algo que perdure en el tiempo y para otros, la lucha es para que se retiren por donde llegaron, por la ventana.

 

Fiasco es una palabra italiana que significa frasco y a la que, sin embargo, se le ha dado en el idioma español una connotación enteramente distinta, pues en cualquier diccionario o enciclopedia aparece vinculada con el mal éxito en una empresa o con un fracaso. La raíz de este vocablo se encuentra en la industria botellera. Sabido es que las botellas se confeccionan en principio mediante el soplo del vidrio con unos largos tubos. El aire infla la masa del vidrio hasta que adquiere el tamaño deseado y luego se moldea.

Los principiantes en el oficio casi siempre soplan mal y, antes de lograr hacer una botella, no consiguen sino pequeñas burbujas con las que sólo se obtienen diminutas botellitas. Es decir, que en vez de botellas, logran sólo hacer frascos.

Lo mismo ocurre con los politiqueros improvisados, creen que hacen botella y de casualidad soplaron un frasco que no se puede parar solo, corren frenéticamente detrás del podio como criatura caprichosa para saciar sus ansias de una mínima cuota de poder que no les brinda el llano, dedicados exclusivamente a la tranza, a encajar en el lomo de los contribuyentes el salario de las runflas de militantes recolectores de votos que se amuchan en los actos públicos para dar calor al jefe de turno, aplaudirlo desaforadamente como si vieran a Gandhi, los nuevos popes (que de ojete llegaron y se creen Barack Obama) siempre circulan preparados, listos y prestos para que le tomen la foto con espectacularidad de su obra maestra, de la cual no tienen la más pálida idea del proceso de realización y tampoco le interesa saberlo, todo lo que importa es que se luzcan como hacedores.

Peor aún, (no se les cae un gramo de ideas) copian íntegramente la plataforma política escrita y publicada (de un frente pequeño y humilde pero con ideas claras) desconocen cómo poner las ideas (copiadas) en funcionamiento por el simple hecho de que carecen de interés  t de conocimientos sobre la realidad y su funcionamiento en el plano de la ideas, pero todo se les hace un embrollo cuando se escapan de la simple praxis berreta y parroquial que nos tiene acostumbrada la novel pseudo-democracia argenta: eso de ir por los barrios a ofrecer ir a la mar en coche al pobrerío de la periferia y de las secciones, a contarles que si apoyan a la banda de improvisados la vida será más bella (para la runfla) porque junto podemos más, pero a no olvidarse que la juntada es entre cuatro o cinco, parentela icluida antes que nada, el resto a la cola y a cagarse en la vereda y sin papel higiénico al mejor estilo venezolano.

Siempre: indica que algo es constante, continuo en el tiempo total considerado, pero si a siempre adosamos con vos la búsqueda de ese otro es confuso para no decir perverso, el politiquero de raza tiene como premisa hacerse propio del otro, aquel que siempre anida en la mesa donde se reúne la familia en la tapera, una suerte de método de fantasma, una presencia permanente en el seno de la vida del poriajú.

La ciencia política utiliza la palabra “gobernante” para indicar aquel que tiene en sus manos el destino de una población, el problema es cuando el “gobernante” que no gobierna siquiera a su cebador de mate, que amenaza a músicos para que dejen de tocar -¡Ay que careta! si crees que es necesario chupar culos a diario ¡ay que careta! (SFDL)-, de lo contrario se terminara "la buena relación" con el Estado, sin saber el paracaidista (que carece de libertad por su relación amo-esclavo con el capanga) que la música independiente no tiene jefes, la  runfla (aterrizados de ojete) que utiliza en sus alocuciones públicas para que agiten sus manos cada vez que la palabra “pueblo” resuena en los parlantes, exteriorizando todo el tiempo una masa ideterminada (pueblo), es el producto del subconsciente que indica que será lo primero en ser desechado por el que habla.  El fiasco nace en el eslogan y se manisfiesta en la realidad. 

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