CULTURA  19 de enero de 2018

“Filosofar es rebatir la democracia”.

Así lo expresa, el filósofo Catalán, Nemrod Carrasco, en una reciente entrevista concedida a un medio ibérico, en virtud de que la serie de Netflix, “Merlí” (de gran repercusión allende el océano) está inspirada (guionada) en sus clases universitarias donde concita el interés de sus oyentes que trascienden la frontera de lo académico. La afirmación en lo atinente a la filosofía política, tal como podrá ver, en la nota que transcribimos, es una prueba más, concreta y fehaciente, de cómo la escuela correntina de pensamiento (por intermedio del centro de estudios Desiderio Sosa) cala hondo en el círculo intelectual europeo, dos obras editadas y presentadas en el viejo continente(la democracia incierta y el acabose democrático) y una tercer título próximo a publicarse (La democracia africanizada) por el sello Asturiano (Camelot) del correntino Francisco Tomás González Cabañas, son la constatación de cómo “la cuestión democrática” llegó para quedarse en el mundo del debate teórico e intelectual y que a partir de tal instancia, resta el acrecentarla, reforzarla, prestigiarla, pero nunca más, tratarla en forma sacra, totémica, o idealizada que nos ha llevado a que tengamos que seguir tolerando, supuestas democracias que se llevan puesta la pobreza, la indignidad de grandes porciones de la población y el atontamiento de una clase dirigente, que cambió el pensamiento, la reflexión y la sesudez, por la gacetilla, la selfie y la recorrida a tientas y a locas que lo único que consiguen es paradójicamente el efecto contrario al que se proponen.

 

¿Contra Dios?

 

Sí, combato a Dios.

 

¿Y quién va ganando?

 

¡Dios, por goleada! Bien dijo Baudelaire: “Dios es la única criatura que para reinar no necesita existir”.

 

¿Qué entiende usted por Dios?

 

Lo que se me impone: el Estado, el dinero, la familia, la pareja, la propiedad, la culpa...

 

¿Cómo planta cara?

 

Con filosofía, planteo una aporía tras otra.

 

¿Qué es una aporía?

 

Poros es camino, aporos es “sin salida”. ¡Cada una de las contradicciones de la vida cotidiana! El vivir humano es pensar.

 

¿De qué ser humano toma ejemplo?

 

Yo estudiaba Derecho, un día escuché a Agustín García Calvo... ¡y me cautivó la posibilidad de pensar!

 

¿Y estudió Filosofía?

 

Primero acabé Derecho. ¡Cuesta atreverse a saber! Estudiar Filosofía se penaliza, tiene poco mercado: un padre desaprobará que su hijo quiera estudiar, dirá: “¿Para qué sirve?”.

 

¿Por eso ha asesorado la serie Merlí?

 

Tuve como alumno a Héctor Lozano, su creador y guionista. Le gustó mi modo de impartir Filosofía.., y me pidió asesorar la serie televisiva para hacer atractiva la filosofía.

 

¿Qué tiene Merlí de usted?

 

La duda socrática, sacudir al alumno para que se anime a cuestionarlo todo.

 

¿Está contento con el resultado?

 

Sí, porque creo que algo hemos contribuido a revalorizar a los filósofos y a que filosofar resulte atractivo a los jóvenes.

 

¿Aunque no tenga salidas laborales?

 

Sí, pero es que tiene más salidas de las que parece: cada día hay más publicitarios, mercadotécnicos y coachs que han estudiado filosofía. ¡Y son los mejores!

 

Si Sócrates viviese hoy, ¿haría anuncios?

 

¡Seguro! Un buen anuncio te descoloca, es decir, te hace pensar... En cuanto al coach y al filósofo, divergen: el coach aspira a la armonía, y el filósofo aspira a la disensión. El filósofo contraría al mundo y a sí mismo.

 

¿Filosofar es contrariar?

 

Filosofar es tocar los huevos. Filosofar es incordiar. Filosofar es preguntarte, es cuestionarte la realidad, todo. Filosofar es distanciarte de tus propias creencias: es descreer.

 

Filosofar es descreer... ¿de qué?

 

De todo lo establecido e incuestionable.

 

¿No respetar nada, pues?

 

No respetar opinión alguna. Dinamitar todas las opiniones. Atacar las opiniones no es atacar a las personas. Yo no soy mis opiniones. No tengamos la piel tan fina: ninguna opinión debería ir a misa. ¡Ataquémoslas!

 

Pero las opiniones son la base de la ­democracia.

 

Filosofar es rebatir la democracia, entonces.

 

Eso suena incorrecto.

 

¡A Sócrates le costó la vida! Sí, filosofando, Sócrates puso a la democracia ante el espejo, y entonces... ¿filosofamos o no filosofamos?

 

¿Todos podemos filosofar?

 

Filosofar no es para eruditos, es plantearte cuestiones que cruzan tu vida cotidiana. ¡Cualquier momento es bueno para pensar!

 

Por ejemplo.

 

Todo nos interpela. Ves a un amigo tatuado, y te preguntas: ¿por qué nos tatuamos? ¡Y pensar sobre esto es ya filosofar!

 

Dígame qué piensa sobre esto.

 

Escribes en la superficie de tu piel algo que hay en la hondura de tu alma. Lo íntimo, ahora aireado. Como con las selfies. O, ¿por qué esa obsesión por tener likes?

 

¿Es otra pregunta filosófica?

 

Sí. Diría que habla del narcisismo como valor hegemónico, hoy. Pero verse a uno mismo no es tan obvio: prueba a mirarte fijamente en un espejo durante mucho rato...

 

¿Qué me pasará?

 

Empezarás a no reconocerte... ¡o quizás a verte de veras! Y eso puede ser muy inquietante, puedes asomarte a un abismo.... Schiller habla de atravesar el abismo de la libertad.

 

¿La filosofía ayuda a ser feliz?

 

¿Y por qué ese empeño en buscar la felicidad? Y si no llega, ¿buscarás culpables?

 

¿Los hay?

 

Tú, buscándola: tu sentimiento de culpa por no estar bien contigo mismo y con el mundo es el que te empuja a buscar la felicidad.

 

¿En qué consiste una vida feliz?

 

Antes pregúntate ¿en qué consiste vivir, realmente? ¿Vivimos realmente?

 

¿Qué se responde?

 

Que hoy producimos y consumimos, y a esas dimensiones hemos reducido nuestras vidas. Dice Agustín García Calvo: “El futuro es el vacío que nos impide vivir”.

 

¿Qué filósofo le ha regocijado colar en la serie Merlí?

 

Guy Debord: cuestiona hasta qué punto vivimos... o quizás estemos practicando un simulacro de vida, una sociedad del espectáculo..

 

¿Filosofan nuestros jóvenes?

 

Sí, y dejemos de ser paternalistas con ellos: tienen la frescura de decir barbaridades, están abiertos, mientras que los mayores nos frenamos, nos aposentamos y nos atontamos.

 

¿Qué debo tener para filosofar bien?

 

¡Mala baba! Se trata de desenmascarar el buenrollismo que se nos impone. El buen filósofo es un aguafiestas.

‘Merlí’

La serie Merlí ha puesto en pantalla lo que sobre el papel sería veneno para la audiencia: ¡un aula de filosofía! Con un profesor que habla de Thoreau, Nietzsche, Sócrates o Kierkegaard. Y ha funcionado. La serie Merlí ha ayudado a decir a los jóvenes catalanes que pueden dialogar con filósofos de todos los tiempos... y ponerlo todo patas arriba. Nemrod Carrasco es el profesor de filosofía real que inspira al de ficción y el responsable de servirle los argumentos filosóficos. Carrasco publica Apories de la vida quotidiana (Angle), un conjunto de 51 preguntas “para no dejar de pensar”, para atrevernos a reflexionar –yendo hasta el final –sobre tantas cuestiones del día a día.

La entrevista al filósofo catalán se obtuvo del medio colega:

http://www.lavanguardia.com/lacontra/20180118/4490175520/el-filosofo-es-un-aguafiestas.html

 

 

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