ANÁLISIS  7 de enero de 2018

¿Debe la política ir al Diván?

Wilson era, por cierto, complejo: no será fácil descubrir la clave de la unidad bajo las aparentes contradicciones de su personalidad. Además, no debemos iniciar la tarea con falsas esperanzas. Jamás podremos lograr un análisis completo de su personalidad. Sobre muchas partes de su vida y su carácter no sabemos nada. Los hechos que conocemos parecen menos importantes que los que ignoramos. Todos los datos que quisiéramos conocer sólo se podrían descubrir si él estuviera vivo y se sometiera al psicoanálisis. Ha muerto; nadie los conocerá jamás. Por lo tanto no podemos tener la esperanza de comprender los acontecimientos decisivos de su vida psíquica ni en todos los detalles ni en todas sus relaciones. En consecuencia, no podemos llamar a esta obra un psicoanálisis de Wilson. Es un estudio psicológico basado sobre el material de que disponemos en la actualidad, nada más. (Freud, S. “El Presidente Thomas Woodrow Wilson. Un estudio psicológico”. Pág.5)

El médico y escritor Alberto Soler Montagud se pregunta ¿Deberían pasar los políticos una evaluación psicológica antes de gobernar?, casualmente, en los tiempos en que el ex Jefe de Gabinete de la Nación, ex Gobernador del Chaco, actual Intendente de Resistencia, hubo de ejercer la representatividad cómo Senador Nacional, Jorge Capitanich, presentó un proyecto de ley que disponía tal estudió o test a los candidatos en el ámbito del poder legislativo como ejecutivo.

"Cuando uno tiene que concursar por cualquier trabajo, de piloto, de recepcionista o de gerente de una compañía, le exigen un examen psicofísico. En cambio, cuando uno se postula para ser presidente, diputado o senador nadie le pide nada", añadió el senador. Para el autor de la propuesta, la ley que impulsa contribuirá a la transparencia de la política y permitirá que la ciudadanía tenga mayor control sobre los funcionarios a los que les paga el sueldo. Declaraba en tal oportunidad al diario La Nación (http://www.lanacion.com.ar/430143-proyecto-para-exigir-un-test-psiquiatrico-a-todos-los-candidatos)

El escritor Montagud, avanza hacia una caracterización que incluye o se determina de acuerdo a los siguientes parámetros:

“Político narcisista, ese que se adora a si mismo, que actúa con poses teatrales y que a veces tiende a la histeria más histriónica.

Otro prototipo sería el político neurótico, entendiendo aquí la neurosis como una propensión a la inseguridad y a las dudas permanentes de ciertas personas acomplejadas sobre si mismas, generalmente víctimas de una ansiedad que les dificultad para tomar decisiones. Aclararé, no obstante, que no es el ámbito político un terreno fértil para que nadie con rasgos neuróticos haga una carrera brillante, aunque muchos lo intentan y hasta lo consiguen con el apoyo adecuado de medios y campañas.

 

En tercer lugar tendríamos el grupo de los políticos paranoides, que incluye a  individuos suspicaces que saltan a la mínima, son temerosos de que los demás estén conspirando contra ellos (ideas de autorreferencia) e influyendo en sus decisiones (miedo a perder su autonomía); tienden también a proyectar en los demás aquellos defectos que rechazan como propios.

El último prototipo que mencionaré es el del político esquizoide (que nadie confunda este término con la esquizofrenia, por favor) propio de quienes no llegan a contactar plenamente con el mundo exterior y se encierran en un caparazón personal al que confieren más entidad que a la propia realidad. Suelen mostrar frialdad y un aparente desinterés por todo (aparentan ser tímidos), todo ello aderezado con una gran inteligencia con la que intentan sincronizar su mundo interior y la exigente realidad que les rodea y reta continuamente”. (http://www.nuevatribuna.es/opinion/alberto-soler-montagud/deberian-pasar-politicos-evaluacion-psicologica-antes-gobernar/20141213123733110296.html)

Asimismo, cita a Owen en su ya clásico desarrollo de lo que denominó la enfermedad del poder o el síndrome de Hybrys o desmesura. Aspecto que la mayoría de los politólogos actuales utiliza para denostar al rival del político al que asesoran.

La cuestión deontológica quizá sea clave, pero no corresponde a la arena política sino a la psicoanalítica. Es decir corresponde a esta área determinar sí Freud en el texto que le dedico al ex Presidente Wilson, transigió o no la ética de su ejercicio (en cierta manera se lo pregunta en el mismo trabajo) y a partir de allí, sí son analizables las personalidades públicas desde un diván abstracto que juzgue o explore los significantes otros que hayan dejado con su obra o con su no accionar los gobernantes.

Para la política sería saludable, en el completo sentido de sus términos, que al menos la plana del secretariado, del funcionariado, de los hombres y mujeres que designa el político elegido, se sometan a algún tipo de test, como bien recordaba Capitanich, sucede en todas las órbitas de la actualidad laboral.

Sí mandan los políticos, y no se quieren ver dañados en su ego, y alegan que no corresponde que sean “analizados” o evaluados psicológicamente, tal vez tengan razón, lo seguro es que tienen el imperio de los votos. Con ellos, sí podrían exigirles a sus funcionarios que se realicen estas pruebas, como en cualquier otro trabajo, para otorgarle a la ciudadanía la seguridad y la confianza de que están siendo asesorados por quiénes pueden hacerlo desde el punto de vista, al menos de la salubridad, mental o psicológica.

Por Francisco Tomás González Cabañas.-

 

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