24 de noviembre de 2017
El armado del Gabinete bajo el criterio de “Representación perspicua”.
En todas las esferas gubernamentales, de todos los niveles, se cuecen las habas, de quiénes formarán parte del gobierno de este o de aquel, como lo sostuvimos en notas anteriores, los niveles de “desesperación individual” por formar parte o continuar dentro de un colectivo que les asegure o garantice la poltrona de continuar o sentarse dentro del mismo, podrían dar innumerables libretos para cientos de culebrones centroamericanos, sin embargo, la ausencia de lógica/legitimidad/racionalidad/institucionalidad, que aplican (sin comunicar además, ni tener la intención de hacerlo) los tenedores del poder, para designar a sus colaboradores, y su plena aceptación de hecho, debe ser analizada, imprescindiblemente, bajo una óptica filosófica. Acudimos a Wittgenstein.

La Ciencia política podría desandar con mayor profundidad, en el caso de que se acepte  esta perspectiva que entiende que no lo hace, el tópico, del origen legítimo de que los administradores del poder, o titulares de los diferentes ejecutivos, tengan la absoluta potestad, o el poder discrecional, no de designar o nombrar a sus colaboradores, sino de ni siquiera dar a conocer el criterio utilizado para tal atribución, que en los tiempos actuales, resulta al menos, carente de horizontalidad y de la debida relación directa y trasparente con la comunidad o el electorado.

Para que se entienda con absoluta claridad; que la gente haya ungido, un presidente, gobernador, o intendente, tal como se acostumbra a decir, después de las elecciones, sea en boca de triunfadores, perdedores o ambos, no “es un cheque en blanco”, pero en verdad, a la luz de esto que exponemos, sí lo es, y vaya sí lo es.

Esta nueva mentira, políticamente correcta, de la que es víctima incluso el propio sistema político y por ende sus integrantes, es uno de los bastiones soterrados, ocultos, que carcomen la vinculación entre los representantes y representados.

Insistimos y se confirmará más adelante, que no es nuestra intención ni campo, hacer ciencia, por ende no nos interesa la comprobación fáctica (por otro lado imposible en las Ciencias del espíritu) de todas maneras, existen, ejemplos, a rolete (el término poco académico es ex profeso).

Estimado lector, usted debe construir este texto con el escribiente, ¿No le toma por asalto el recuerdo acaso, de tal Intendente, Gobernador o Presidente, designando a la mujer, al pariente, al amigo, al socio comercial?, asimismo en este ejercicio del recuerdo, podemos incluso profundizar haciendo una búsqueda o pequeña investigación ¿recuerda alguno de los ungidos, dando alguna explicación de cuál ha sido el criterio, para dar uso de ese indiscutido arbitrio discrecional, es decir que públicamente haya exclamado que puso a tal, por razones x, dejando por sentado que ha utilizado un criterio razonable o un patrón conductual?.

El cheque en blanco que le hemos firmado a nuestros electos, tiene fecha de cobro el próximo 10 de diciembre, y en él mientras tanto, de aquí a tal fecha, bien valdría el ejercer nuestro derecho, de preguntarles que harán con el dinero, en términos no metafóricos, vendría a ser, cuáles serán los criterios que utilizarán para designar a sus colaboradores, los hombres o nombres deben carecer de importancia específica o protagónica.

Uno observa a diario, en el espacio público de nuestra tardo-modernidad, muros de redes sociales, cientos de consignas viralizadas que abarcan la compleja diversidad de la que está compuesta la humanidad, uno de esos cartelitos, tan logrados estéticamente, bien podría tener la pregunta en tamaño catástrofe ¿Cuál será tu criterio para designar a tu funcionario? Dirigida a todos y cada uno de los que irán al banco a cobrar el cheque en blanco que le firmamos, perdón que asumirán en diciembre.

Pero este desandar no es una confrontación con nuestra clase política, no entendemos la realidad bajo conceptos Marxistas, los consideramos a ellos mismos, víctimas de un sistema que los trasciende, como sostenemos hace tiempo, que habla por ellos, que actúa en nombre de, que se corporiza en sus trajes de funcionarios.

Imaginemos por un instante estar en la piel, de uno de esos tipos que va al banco a cobrar ese cheque en blanco, no nos rasguemos las vestiduras, no es individualmente responsable, puede poner la suma que quiera sin dar explicaciones a nadie. En términos reales, tendrá la presión de poner a su mujer, a la cuñada que nunca se enderezo en la vida, tendrá la tentación de ofrecerle un lugar a esa ex compañera de la secundaria que en aquel entonces le daba bola al que jugaba al rugby, y que ahora se chorrea por el otrora gordito con granos de quién nunca dio cuenta, que tiene la lapicera “más grande y atractiva del condado”, tendrá centena de tipos a con quiénes se ha comprometido en la campaña, antes, cuando era croto, el quiosquero que le fiaba, el del club, le crecerán los amigos del jardín, y en definitiva todo el paisaje, casi demencial que este pobre víctimario/victima, atravesará por no trazar un criterio, una lógica, un ordenamiento, que tenga que ser público y coherente, para ser respetado y aceptado, y en definitiva para que su vida no termine desquiciada (este es otro aspecto que bien valdría una nota de investigación, todos los ex, que han terminado con severos desequilibrios psicológicos por la condición alienante que propone el endiosamiento por un mandato o período).

Convenimos que estamos ante un problema filosófico, encontrar una lógica, una norma, a esa atribución discrecional  que es el ejercicio de designar colaboradores, sin que la misma reconozca la necesidad per se de encontrarla.

Vendría a ser como encontrarle un sentido a la vida, entendiendo y aceptando que la misma no lo tiene, ni lo tendrá, salvo la que nosotros le asignemos, en tanto y en cuanto creamos, persistentemente en tal asignación, reconociendo que sólo podrá ser válida en forma específica y delimitada temporalmente. 

“El concepto de representación perspicua tiene para nosotros un significado fundamental. Designa nuestra forma de representación, el modo en que vemos las cosas. (Un género de «visión del mundo» que parece ser típico de nuestro tiempo. Spengler)”.

                                                                                                                                                                  

Nos alecciona José Francisco Sánchez Osorio, en su  lectura de Wittgenstein y su concepto medular que hemos escogido.

“Esta representación perspicua facilita el comprender //la comprensión//, que consiste precisamente en que «vemos conexiones». De aquí la importancia de los eslabones conectantes, de encontrar los eslabones conectantes. El punto del método filosófico es cómo construir los eslabones, cuyo conexión da como resultado, precisamente, la representación perspicua. En ese sentido, una perplejidad filosófica no se resuelve dando una explicación causal, sino que se disuelve gracias a un tipo particular de representación de los hechos. Sin embargo, no hay consenso frente a la interpretación de las representaciones perspicuas, existen dos interpretaciones predominantes de dicho concepto. La primera de ellas afirma que una representación perspicua es una representación no lingüística de las reglas gramaticales. No se trata, pues, de enunciar las reglas de manera clara, sino de presentarlas de manera diferente. La segunda interpretación sostiene que las representaciones perspicuas no son más que un ordenamiento claro de las reglas gramaticales del uso de las palabras. Dentro de esta segunda interpretación, las representaciones perspicuas se distinguen por ser una serie clara de reglas acerca de cómo usar las palabras.se podría llamar representación perspicua a todo sistema de expresión que se relacione con el sistema de expresión productor de la filosófica y que tenga la función de disolver tal confusión. No habría una restricción sobre la forma que una representación perspicua pudiera tomar. No importa si es un octaedro, una serie escrita de reglas sobre el uso de las palabras o casos inventados que aparentemente están alejados del tema que se está tratando, siempre y cuando, a partir de él, se hagan patentes relaciones que introduzcan claridad donde haga falta”.

“Wittgenstein dijo que no estaba intentando enseñarnos ningún hecho nuevo: que sólo nos diría cosas «triviales» ―«cosas triviales que ya sabemos»―; pero que lo difícil era obtener una «sinopsis» de esas trivialidades, y que nuestra «incomodidad intelectual» sólo puede ser eliminada mediante una sinopsis de muchas trivialidades” (Moore).

Podríamos apostar, con un alto nivel probabilístico de acierto, que más del 90% de los que cobraran el cheque en blanco jamás han oído hablar de Wittgenstein, asimismo en igual proporción seguramente tampoco tengan interés en hacerlo, pero este desconocimiento no implica que no estén actuando bajo lo que el filósofo denomino “Representación perspicua”. Para validar el criterio que usarán para designar a sus funcionarios, impondrán una serie de argucias o de explicaciones  alógicas, sucedáneas y contrapuestas, en términos filosóficos conectar los sistemas de expresión que causan perplejidades con otros sistemas de expresión más simples (tal como los sencillos juegos de lenguaje), que tienen como finalidad disolver el problema al hacer ver relaciones o aspectos que pasaban desapercibidos, tomándoles juramento a sus funcionarios sea porque le debía un favor personal a uno, porque tuvo que ceder a la presión de un grupo que lo apoyo, por quedar bien con un familiar, por la solicitud partidaria o por la capacidad manifiesta de quién ha sido designado, uniformando bajo su báculo a todos y todas que pasarán a estar bajo su tutela, por obra y gracia, no sólo a él, sino a ese cheque en blanco, también firmado por usted.

“Los poderosos en cambio, que continúan planteándose sus metas de siempre, viven todavía en su viejo mundo limitado. Son ellos los verdaderos provincianos, los aldeanos de nuestro tiempo; nada está más alejado del mundo que el realismo de los ministros y de los ministerios, es superado sólo por el de los dictadores, que se consideran todavía más realistas.” (Elías Canetti).-

Al menos de aquí hasta la fecha señalada, la incertidumbre por las conformaciones del gabinete provincial (o de lo que se pueda cambiar) como de los respectivos municipios, tiene la proyección esperanzadora de que pueda constituirse en algo mejor para las mayorías que emitieron el sufragio, las razones, como las pruebas, es decir los hechos, se verán o se legitimaran después, por ello, es que los dueños de las lapiceras, pese a todo, tendrán que poner a ciertos que les den buenas razones para que estén donde estarán.

 

 



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