ANÁLISIS  18 de noviembre de 2017

¿Estamos ante un nuevo caso Alejandrino Maidana?

“Me acuerdo del caso del escribano Alejandrino Maidana, el padre del que en esos momentos era el fiscal de Estado, Víctor Hugo Maidana. Era una figura clave del poder político de entonces (era vicepresidente del otrora poderoso Partido Autonomista). Estaba acusado del asesinato de una mujer, y al cabo de la investigación yo lo encontré culpable. Pero… finalmente fue absuelto. ¡Así era la justicia dependiente del poder político!” (Fiscal General César Sotelo; http://www.sobretablas.com/notix/noticia_06257) De acuerdo a medios de comunicación algunos brindando el nombre y apellido del supuesto implicado y otros fotos del mismo (por más que se publiquen a distancia se percibe al sujeto) un legislador provincial estaría involucrado en un hecho luctuoso que va tomando ribetes políticos. Esperamos que las palabras del Ministro del Superior Tribunal, Panseri, “Lo que yo pretendo es que exista un poder judicial donde no importan las personas que importen las banderas” pasen de lo desiderativo a lo ejemplificador o real.

“En los cuentos de los hermanos Grimm no se esconde la muerte ni de los héroes ni de los malvados; más aún, se la muestra con tanto detalle que hoy nos parecen macabros. Este es un rasgo del dispositivo de negación de la muerte: censurar, callar y tomar por loco al que desea hablar de ella” (Fernández, L, D. “No hay lugar para la muerte”. Pág. 13. Editorial Aurelia. 2016.)

Imagínense como se callaría, se censuraría y se tomaría por locos a todos los que osaran hablar no sólo de la muerte, sino de la muerte propiciada o propalada desde el poder, independientemente de que sean por cuestiones personales o baladíes. Algo de esto podría estar ocurriendo, en verdad está ocurriendo en la misma tierra en donde el actual fiscal general recuerda a viva voz, una situación puntual (un crimen que antes se lo caracterizaba como pasional cuando no existía la perspectiva de género) que simbolizaba esto mismo, la contundencia en argüir aquello de que la última ratio siempre y lamentable como indefectiblemente es la violencia. Asimismo confirma un principio aquí soslayado, de que las supuestas estructuras invencibles y elefantiásicas de poder, caen por lo general por aspectos nimios, por tonterías que desnudan al gigante y grandilocuente aparato cómo de pies de barro del sueño del rey Nabucodonosor II.   

El poder, constituido por todos y cada uno de los elementos (estas mismas líneas incluso) jamás posibilitará que emerja lo contumaz de su expresión, de lo injusto que resulta que no todos seamos iguales ante la ley, dado que no podríamos aceptar ni tolerar tamaño despropósito. Como también lo expresamos desde hace tiempo, los mismos que deben dictaminar que somos iguales ante la norma, son los que reinan en el olimpo de las prerrogativas. Para integrar tal poder, en sus líneas jerárquicas, se debe ser abogado, para finalmente no pagar impuestos especiales, cobrar sueldos siderales y no jubilarse en caso de no querer o de hacerlo con mediante la jubilación de privilegio. Esto es el sistema, que aceptamos, toleramos y aplaudimos incluso al punto de defenderlo a rajatabla, cuando se producen estos escapes, estas indecencias, estos accidentes.

No se trata de la muerte de alguien (esto es lo terrible, tal como en los ritos expiatorios o de ofrendas, se precisa de sangre que se vierta para la armonía social) tampoco del asesinato de otro (termina siendo una víctima más el oportuno victimario que en la borrachera del poder, cedió su condición de sujeto o no pudo evitar que se lo devorará la misma maquinaria que hizo que matara a su víctima, transformándolos a ambos en lo mismo) de lo que se trata, es de cómo el poder cuando no es anatematizado por un tratamiento ciudadano, cuando se lo concentra en grado sumo, termina supurando, afectando a los distintos integrantes del cuerpo en cualquier momento dado.

Insistimos, y sobre todo para los que despotrican contra el concepto de la posverdad, ya ni siquiera importa cómo ha sucedido, lo que se dice que sucedió. Nosotros como sociedad, mediante la justicia que es el poder neurálgico de nuestras democracias occidentales (asentadas en el oxímoron que se constituyen en lo abanderado de la institucionalidad y no se eligen mediante voto e imponen su propio integración mediante la ruptura de la igualdad ante la ley, consagrando el olimpo para el abogado) jamás permitiremos que se sepa que tal cosa fue posible (¿imaginan un integrante del poder que salga en los mismos medios en los que se cansó en salir dando clase y cátedra de ciudadanía y política, siendo juzgados por amigos, familiares y compañeros de café?) todo esto no sólo que es imposible per se, sino además como si se tratará de una nueva gracia del destino; los actores son los mismos, salvo que cambian o pueden cambiar sus roles (ante los hechos reales, de víctimas y victimarios, pero simbólicos somos todos víctimas al no aceptar nuestras limitaciones y nuestros problemas con respecto al poder).

“Los pueblos que olvidan su historia, están condenados a repetirla” (Marco Tulio Cicerón) Autor que seguramente deben leer en las facultades de derecho, una pena que no se preocupen en pensarla a esta como tantas y otras frases, para que la aplicabilidad de las mismas nos depare como resultado tener una sociedad mejor en donde tendamos a que tengamos las mismas posibilidades y cuando no, que las desventajas o desproporciones sean compensadas, cuando esto no sucede, la irracionalidad gana y se traduce en violencia.

 

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