ACTUALIDAD  30 de octubre de 2017

La mierda, su vinculación histórica y directa con la política.

Enmudecieron los pasantes ante tan cruel reprimenda del canino que ostentaba ser el Capitán de guardia de la puerta principal y única al sanitario, que contaba sólo con un retrete verde agua, en pésimas condiciones, pero que aún servía de recipiente de líquidos humanos.

Capital Penso, que vivió en las postrimerías del siglo XV, con dieciocho años de experiencia guarderil en rincones lúgubres y excrementicios pidió al menos, cuatro veces, su trasferencia a la cocina del castillo, prefería a su edad, perseguir moscas que aterrizaban en las naranjas semi podridas que olerse a diario defecaciones de empachos post banquetes tremendos, orgiásticos y borracheriles de la Corte Real.

Penso, el Capitán, desoyó la orden del más alto mando de los guardianes reales de sanitarios, evacuo en el marco de la puerta del lado derecho y se marcho estornudando haciendo abandono de su puesto. ¿Qué función cumplía el Capitán? Vigilar y castigar a quienes pifien al orificio y la diarrea se salga de su lugar. El tiempo hizo que el noble trabajo se convirtiera en una actividad muy bien remunerada y con ascenso social.

En los primeros albores del siglo XVI hacen su aparición los profesionales del arte del compinchismo, quienes fundaron teniendo como antecedentes las labores del Capitán Penso. Así, allá por los preludios del siglo XVI en la Corte Real inglesa, aparece un funcionario y a la vez jugador que va ir adquiriendo con el correr del tiempo extraordinaria relevancia en el plano político ingles.

Enrique VII fue el Rey que sintió profunda necesidad de contar con una persona que oficialmente se haga cargo de su caca, o sea, instauro un funcionario con la tarea específica de que le limpiara el ano luego de endosar su desecho real. Una suerte de Ministro Real de la Mierda, inspirado en las historias que supieron contarle sobre el Batallón de los guardias reales de sanitarios, que tuvieron sus ancestros y el recuerdo presente y omnipotente del Capitán Penso que supo un día, subordinarse a sus superiores y termino por costarle que lo empalen en la plaza publica con una escoba.

El nuevo funcionario emprendía una tarea poco feliz y nada tranquila, se recorría el palacio con utensilios acuesta como toallas, pelelas, palanganas, etc., y como si fuera poco, el Rey contaba con una  silla real de cagar, por lo tanto, el nuevo funcionario debía trasladarla también, nunca se sabe donde apretaría las ganas de evacuar.

Jorge III, bautizado el loco, que vivió entre los años 1760-1820 usó durante su reinado a unos nueve Ministros Reales de la Mierda, en distintos momentos.

El funcionario al que nos referimos los ingleses en su lengua originaria lo llamaron Groom of the Stool, que en traducción a la lengua española quedaría algo así como Mozo Limpiaculos, el cargo real no fue solo un oficio escatológico por excelencia y excluyente, sirvió para llegar muy alto en la carrera política, así tenemos el ejemplo de John Stuart, que llegó a ser Primer Ministro británico después de su exitoso paso por el bizarro y pastoso puesto de Ministro Real de la Mierda.

En la actualidad y teniendo en cuenta el paso del tiempo e inventos como el bidet, el trabajo no quedo en desuso, lo que sucedió, es que muto la actividad, un puesto análogo al anterior hoy serian los cebadores de mate oficiales, que corren a ofrecer su infusión ancestral chamanica al mandamás de turno.

La enseñanza, tal vez sin querer, del Capitán Penso es que cuidar ciertos culos puede ser el trampolín a la panacea económica y de privilegios y esto, tiene sustancia real.

 

Por Carlos A. Coria Garcia.

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