ACTUALIDAD  19 de septiembre de 2017

Huelga Sexual con perspectiva de Género. El macho emulando a Lisístrata.

Lisístrata (en griego Λυσιστράτη “la que disuelve el ejército”) es una obra de teatro del dramaturgo Aristófanes. En clave de comedia, el escritor de la antigua Grecia, describe la primera huelga sexual de la historia llevada a cabo por mujeres y que fue representada por primera vez en el año 411 a.C. La misma surge para criticar las malas artes o la mala conducción política, realizada por hombres, constituyéndose además en un método de protesta o de presión que continuó a lo largo del tiempo y que resultó muy efectivo para destrabar conflictos de proporciones a lo largo y ancho del mundo. La presente propuesta es que los hombres, sean quiénes por primera vez inicien la huelga, preservando sus cuerpos para evitar el contacto físico con fines sexuales o amatorios, hasta tanto y en cuanto la política demuestre su rostro humano y mes a mes, demuestre en cada una de las aldeas en donde impera que ha reducido sus índices de pobreza y marginalidad.

“Debido a las continuas luchas que mantenían Atenas y Esparta, las mujeres de ambas ciudades deciden iniciar una huelga de sexo hasta que los hombres dejen las armas. La revuelta es ideada por la ateniense Lisístrata que, harta de no ver a su marido, plantea al resto de mujeres de la “polis” la solución perfecta para acabar con la interminable guerra del Peloponeso: la abstención sexual. Lisístrata consigue convencerlas (pese a las reticencias de muchas) y todas pactan un juramento por el que se comprometen a excitar a sus maridos para luego negarles tener sexo. El pacto se propaga por las ciudades para que repercuta en los combatientes de ambos lados. Las mujeres toman el Acrópolis (símbolo de la toma de poder del espacio público y de la ciudad) y prohiben la entrada a los hombres. Estos guerreros acostumbrados a reforzar su moral al final de día -tras la batalla- en el lecho conyugal entienden que sus vidas han cambiado por completo: ahora son ellos los que se encargan de limpiar la casa, hacer la comida, cuidar a los hijos y- lo que peor llevan- dormir solos.  Durante los días de huelga la moral de los hombres es muy baja y no hay batallas. Aunque no pueden entrar en el Acrópolis, tratan de persuadirlas llamando a su instinto maternal. Llega un momento en que los hombres (quienes aseguran tener “inflamada la ingle”) y varias mujeres suplican interrumpir la huelga por unas horas pero Lisístrata se niega. Finalmente se firma la paz entre Atenas y Esparta: los hombres deciden terminar la guerra, les ha podido su deseo sexual. Las mujeres han ganado”. https://sociopolish.wordpress.com/2015/10/08/lisistrata-la-primera-huelga-sexual-de-la-historia/

Por supuesto que una huelga, en realidad como todas, tiene mayor incidencia en el plano simbólico que en el real. Son escasos los huelguistas que han perecido o que han hecho perecer mediante la huelga misma lo que se venía dando. A lo sumo consiguieron ser escuchados en sus reclamos, o en el mejor de los casos, lograron el cometido, pero muy pocos han dejado la vida en ello. Con lo que vamos con esto, es que sí se declara, por parte de un grupo de hombres, una huelga de esta naturaleza, no sólo que es incomprobable su cumplimento (la abstinencia sexual solo puede darse intramuros, por más que sea ejecutada como un accionar público) sino que además no requiere del taxativo cumplimiento del mismo. Es decir, alcanzaría y sobraría con un conjunto de imágenes de diferentes colectivos, agrupaciones sociales y demás fuerzas vivas, que envíen sus declaraciones de apoyo a la huelga de sexo propiciada por hombres, con su consiguiente correlato en redes sociales y demás plataformas en donde este tipo de gestas se ridiculizan fácilmente, pero logrando, a su vez, el efecto multiplicador de la viralización (por más que sea en términos, sardónicos o bizarros) para galvanizar, marcar a fuego, el principio por el cual se reclama: Que la política brinde resultados concretos y comprobables en relación a la temática principal que afecta a las democracias actuales: la no disminución, cuando no incremento de la pobreza y la marginalidad.

De lo contrario, para que tener relaciones sexuales, con la posibilidad de engendrar nuevos pobres a un mundo que nos los tolera, que los rechaza y los empuja a la indignidad? ¿Nos merecemos, los adultos habitantes de este mundo, el goce o el placer sexual, teniendo los índices de pobreza y marginalidad reinantes? ¿No sería más de “hombres” de esa caracterización a la que aún no renunciamos de “machos cabríos” el no ser parte de prácticas sexuales hasta tanto y en cuanto veamos resultados comprobables en cada una de las comunidades en donde nos constituimos en seres políticos?

Estamos de huelga, esperamos tu adhesión.

Centro de Estudios Desiderio Sosa.

https://desideriososa.wordpress.com/

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