ACTUALIDAD  28 de agosto de 2017

Al poder se lo encuentra en las reuniones de la clase alta, por más que se busque los votos en los barrios bajos.

El absurdo del paisaje que ofrece lo electoral, es el montaje aburrido de candidatos en barrios pobres, con gente pobre, diciéndoles que le cambiarán su vida por un voto. El poder, que decide quiénes, cómo y dónde viven, está en otro lugar, en esas reuniones, encuentros y fiestas que no son material comunicacional y en donde los 500 de la clase dirigente deciden sobre el millón de dirigidos. La clave o el verso de “¿cuantos votos tenes?” y lo real de convencer al puñado de poderosos, antes que a los cientos de miles menesterosos. A lo sumo, trabajando desde la noción culposa, pecaminosa, que cada tanto, cada acto simbólico de lo democrático, se vomita, se regurgita como el obeso mórbido que desparrama cada tanto, algo nimio de lo que le sobra, de lo que conforma su anquilosada panza errante que es símbolo de su egoísmo, al que disfraza, colectoras mediante, como si fuesen estudios de colostomía para que ese intestino, ominoso, abusivo, se vuelve a tragar la esperanza del millón de correntinos.

Una de las tantas actividades que insospechadamente debe recolectar un mayor grado de incertidumbre en cuanto a sus resultados fácticos y comprobables, debe ser  la construcción política, desde un no lugar de poder, desde el llano o desde el camino propio. Sí a esta aventura rayana con lo psicótico, le agregamos escenográficamente un lugar con características conservadoras, cómo la provincia de Corrientes, habría que ir a buscar a quiénes desanden este camino para encerrarlos en un manicomio.

1) Ya es una petición de principios arrancar con "yo tengo tantos votos", nadie tiene la propiedad de los votos (por más locura galopante que le haga creer tal cosa al afectado), es más, ninguna persona cuerda podría sentirse orgullosa de "querer controlar, como si fuera un negocio agropecuario, cuanta gente lo puede acompañar con el sufragio".

 

2) Al votante no se le ofrecen ni ideas, ni proyectos, ni alternativas, por tanto difícilmente las pida, sí se le ofrecen ayudas materiales, en dinero o en especies, ganará quién le engorde el bolsillo. Salvo un puñado, en realidad los candidatos (hablamos de todos, esos suplentes número catorce y sus madres o esposas), el resto vota de acuerdo al beneficio inmediato que obtenga.

 

3) No existen definiciones ideológicas que distingan a partidos entre sí, mucho menos a quiénes, momentáneamente conducen los mismos. El pragmatismo de los ismos, sólo se reduce a bandas, compuestas por afinidades familiares y amistosas, que compiten entre sí y que arrean a lugartenientes pagos, para ver quién se queda con el botín en disputa y luego repartir entre los integrantes del grupo ganador.

 

4) Convendría que los líderes de las facciones que se enfrentan electoralmente, se pongan un plazo en el tiempo, podría ser de 60 o 90 días, y que al llegar al mismo, pongan en una misma mesa, el dinero que consiguieron para sustentar la campaña, el triunfador sería aquel que consiguió más emolumentos

 

No esta demás por lo siguiente.

 

1) Más allá de que poco o muy poco se cumpla la constitución o las normas, la propuesta anterior no sería constitucional y los idiotas útiles de la izquierda y la derecha extrema, dirían que se esta volviendo a la dictadura (no por nada en especial, simplemente porque los botarates, no tienen otro elemento a mano que utilizar a los torturados y muertos)

 

2) La refutación más lógica, sería que sí bien, en toda elección, lo que define es el dinero que consigan los sectores en pugna, puede que (como excepción teórica, no práctica) no necesariamente gane el que más metálico consiga, la virtud puede encontrarse en como administrarla, gana el que mejor gasta.

 

3) Finalmente la razón que sostiene la farsa de las convocatorias. El circuito económico y laboral que se genera con el dinero de las campañas, afecta en gran parte a la población, desde los medios, las imprentas, las comidas y hasta quién suscribe, sí no existiera esta realidad, perdería una perspectiva laboral y el presente texto como tantos otros, no tendrían razón de ser.

 

Los candidatos se eligen, de acuerdo a la cantidad de votos que dicen tener los postulantes, y que quiera creer que tienen el que hace la lista u hombre poderoso. Los generadores de este circuito saben a ciencia cierta, que todo los datos y demás se encuentran inflados, pero la clave se encuentra en sumar la mayor cantidad de dirigentes posibles, al menor costo.

 

De allí que, finalmente la mayoría de hombres en cargos públicos, no tengan o cuenten con una miserable idea, para trabajar en serio para su ciudad, provincia o país.

 

Si se hiciera un sondeo de la clase política, veríamos que un gran porcentaje, nunca consiguió ingresos de otras fuentes que no sean las arcas del estado, o que a nivel personal, ni siquiera pueden conducir sus hogares. El razonamiento cae de maduro, el médico que observa su radiografía de pulmón, ¿ lo recibe en el consultorio con un cigarrillo en la mano y le dice, sentate papi que vamos a ver como estas? O el empleado del banco, ¿ le recibe el dinero de su depósito y se lo pone en el bolsillo, para después decirle, tranquilo maestro, ahora lo pongo en la caja?

 

Esto mismo ocurre con la política, pasa que son tantos que los ciudadanos comunes no tienen ni la chance, ni el tiempo para percatarse del atropello.

 

Cuando los vientos se lleven frases tan lacerantes como semejantes de ¿Cuántos votos tenes?, ¿Vos quién sos?, ¿Cuánto vales?, la política será otra cosa. Pero comience usted caro lector, pregúntese cuantas veces dijo o pensó estas frases a diversos interlocutores. Sí ha caído en desánimo, a levantarse, hace mucho tiempo que la humanidad padece esto.

 

Cuentan que Alejandro Magno, en una de sus campañas, se encontró con temperaturas bajo cero y para llegar a destino, tenían que cruzar con su ejército, un río fangoso, profundo, poco amigable. Ninguno de sus hombres se animaba a dar el primer paso, para enfrentar el obstáculo. Alejandro, comienza a ingresar al río, en el medio del mismo, al ver que nadie lo sigue, se da vuelta y mirando a sus oficiales les dice ¿Os dais cuenta de las cosas que tengo que hacer, para que me tengáis respeto?.

Es del todo comprensible el hecho de no ser estando, es decir, ser sin buscar la noción misma. Ninguna creación técnica sobre lo natural, ninguna construcción artificial por más cuantitativamente apoyada que se encuentre, asegura la verdad. Ahora sí vayamos a elementos concretos, dejando de lado las abstracciones; tenemos sexo porque nuestros jugos no entienden de ousías, miramos televisión porque nuestras risas no entienden de esencia, escuchamos música porque nuestros oídos no entienden de ser. Orinamos porque bebemos, caminamos porque nos sentamos, defecamos porque comemos, escuchamos porque hablamos, dormimos porque nos despertamos, gastamos porque ganamos. Pareciera que todos aceptan un patrón universal, filosófico o no y los que filosóficamente buscan el individual para llegar al tema más profundo, se ven como influenciados no sólo en los que creen en la contingencia mundana o fáctica, sino también en la incapacidad de los dirigentes que no saben estructurar lo que ya es hoy sacrílegamente anacrónico, y además se ven como necesitados de acaparar otros espacios, exaltados quizás por ideas de evolución intentan superar las cuestiones y los modos de la antigüedad. Se debería apuntar a construir una nueva interpretación a partir del segundo supuesto, respetando lo clásico, fabricando un modelo nuevo de valores, para que a través de que estas condiciones sociales pueda nacer viva la nueva elaboración. De esta manera se puede apreciar un nuevo desarrollo, de acontecimientos. Desde la creación de un hacedor, hasta el nacimiento de ciencias que pongan en crisis lo que estamos afirmando.

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