POLíTICA   7 de agosto de 2017

Código Colombi.

Tal como su candidatura a Senador Provincial, la de su delfín sucesor y el cacicazgo de hombres de su riñón en municipios populosos, el gobernador, decidió (para luego convencer a sus asociados) hace rato por quién será el vicegobernador. Es verdad, no lo hizo por un capricho o gusto personal, sino por la aplicación de un código o de una lógica, que no por ser rudimentaria (todos sus funcionarios lo definen como un “Almacenero”) no deja de ser implacable, en el concierto de una oposición que es un terreno abonado para ser sometida una y otra vez por el imperio del ECO que retumba como si fueran muchas voces, de la que se destaca una. Esa es la que dice, casi con una obviedad tautológica, de la que nos avergüenza expresar, pero lo hacemos porque esto mismo desnuda la ausencia de periodismo político (eso no significa que no existan los celebrities mediáticos que se forjan supuesto prestigio a los pautazos) como nuestra condición de no radicales de cuna (de haberlo sido estaríamos hace tiempo mamando de alguna ubre estatal sin ganas, ni tiempo, producto de un empacho colosal, para andar ladrando a la luna). El vicegobernador tiene que ser el líder del partido, después del radical, más votado en las últimas elecciones. Tiene que ser el líder del partido que tenga más funcionarios (ministros, subsecretarios, directores, etc) en el ejecutivo. Tiene que ser el líder del partido que tenga más presencia política representativa (legisladores, intendentes, vices y concejales). Tiene que ser el líder del partido que tenga hasta entonces, mayor presencia en las elecciones hasta aquí. Bueno, todo esto, da un único partido, cuyo líder, además tiene presencia política, prestigio personal y volumen en todo sentido. El resto de las habladurías, las que tanto gustan o mejor dicho hasta forman parte del Código Colombi, no dejan de ser eso mismo, maniobras de distracción para incautos y a la vez, elementos de negociación para el adentro de la fuerza política que se rige por este código.

Usted imagínese por un instante que Colombi le diga a sus socios primero y la sociedad después que el vicegobernador de Eco, será quién figura tercero o cuarto en la lista de los 20 partidos que conforman el espacio político en cantidad de votos obtenidos por fuerza política, que teniendo un presupuesto político, siquiera puede contar con un concejal en Estación Torrent y que como novedad ofrece la incursión de un padre de pueblo que espero la muerte de su anciana madre para decir algo más que el padre nuestro. Que será quién amago, hasta hace cinco minutos atrás traicionarlo, con el auspicio mediático de su archi-enemigo que pretendió y pretende plantarle un muerto.  Imagínese sí no que diría que el Vicegobernador va a ser alguien que ya fue, dado que se lo pidió el Presidente para hacer valer su partido inexistente, que tiene en el distrito más intervenciones que afiliados. En ninguno de los casos sería Colombi. Cambiaría para mal y como mínimo se le reirían, a escondidas, musitando que algo grave le ha ocurrido.

Sucede que Colombi, se convirtió en símbolo. Colombi dejo de ser un hombre para pasar a ser este código político que supero al otrora aparato invencible del pacto.

Este código está en funcionamiento automático hace rato y no se trata de nombres particulares, es una metodología. Es la instrumentación de la profesionalidad política.

Dentro de este algoritmo, la oposición que no es tal, aún no comprende que todo lo que haga (discutirle esta lógica de almacenero) dentro de la órbita de lo numérico, tendrá como destino irrevocable, hocicar a los pies del código Colombi.

Sí usted se toma el trabajo de escuchar sus discursos, podrá decodificar que cuando visita esas comunas instando a los pueblerinos a que ganen sus municipios expresa que la política se hace desde el estado, el resto es nada, sentencia lapidario, efectivo, contumaz.

Sí en algún momento, hizo uso de paracaidistas u hombres con poca estructura, que no tengan su lógica política, fue por circunstancias especiales o coyunturales. Al inicio de este año electoral, afirmó que no eran tiempo de paracaidistas.

El hombre con quien comparte, políticamente más poder dentro de la alianza Eco, como del gobierno en los últimos tiempos, será el vice. La lógica del código Colombi así como es inexpugnable es inmodificable. En caso de que se la modifique (encima sin razón aparente de que se lo haga) corre el riesgo innecesario de dejar de ser invencible.

No se trata de una cuestión de nombres o de hombres, insistimos, estamos ante el funcionamiento de un aparato colosal, preciso e impiadoso de poder, que se maneja bajo una lógica.

Lo expresamos desde la poca fortuna de haber ocupado un lugar, de desentrañar este código para prestarle un servicio a la comunidad (para tener una mejor política). Tanto al propio código como a  sus hacedores, algo que no entro en esa lógica y que nos pretendió fulminar con su indiferencia. Tenemos la plena convicción que el código, llámese como se llame y determine lo que determine, puede ser mejorado, y que ello signifique (dado que casi siempre hablamos tutelando a los pobres que tal vez se incomoden con este padrinazgo) que quiénes a esto nos dedicamos tengamos el reconocimiento, adecuado, merecido y en su justa medida. 

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