POLíTICA   21 de julio de 2017

La democracia debe pagar mensualmente a sus ciudadanos por ser tales.

El planteo acerca de la RBU (Renta Básica Universal) o ingreso por ciudadanía, cobra más fuerzas en esta parte del mundo, desde que se entendió su prioridad no sólo desde lo económico (había nacido como idea en Europa ante el avance de la robotización sobre el trabajo, el advenimiento del mundo de las máquinas que suplen al hombre) lo ecológico (existen teorías acerca de la imposibilidad real, que nos es ocultada bajo las argucias de inseguridad jurídica y demás explicaciones económico-financieras, de que los países en desarrollo pueden industrializarse dado que no existe mundo posible que soporte o tolere sustentablemente tantas industrias) sino principalmente lo democrático; El contrato social que implica el vivir en nuestras democracias actuales, debe corresponderse con la remuneración, ciudadana o en concepto de ciudadanía, a sus respectivos habitantes, para que los mismos, a partir de tal ingreso, puedan no reclamar para sí, a modo de queja o de excusa para no realizar lo que deben realizar, o realizarlo mal, a desgano y de tal forma, constituir, desde las bases mismas, la posibilidad, real y efectiva, tanto conceptual como económica de tener una sociedad mejor. Aprontan en Corrientes el proyecto para ser puesto a consideración de la ciudadanía como de los diferentes candidatos en las distintas elecciones.

Proyecto de Ley para instaurar el Ingreso de la Correntinidad.

Tal como se discute en el mundo (desde Europa a países como Canadá o en nuestro continente, Brasil o Colombia) creemos indispensable la instauración de un ingreso universal, desde la mayoría de edad hasta la edad jubilatoria, para que la ciudadanía signifique y represente en forma fehaciente y en su sentido lato la participación, pura y neta, en las cuestiones de estado, a través de un monto, a razón de dos sueldos mínimos, que serán financiados por intermedio de un fondo que elimine todos los otros planes o subsidios discrecionales, para que por intermedio de este fondo se mitiguen los alarmantes y acuciantes índices de pobreza y se invierta la lógica del capital que paga trabajo, antes que repartir ciudadanía, para que por intermedio de este reconocimiento al ciudadano se lo motive e inste a que se transforme en una mejor persona y por ende en un agente de cambio para el bien social o colectivo.

“La Renta Básica Universal es el derecho de cualquier persona, sin importar su sexo, raza, edad, condición civil o socio-económica, de participar de la riqueza común de la nación como un derecho ciudadano, un ingreso que, con el progreso del país, será suficiente para atender las necesidades básicas de cada persona, y que no se le negará a nadie, ni siquiera a los más ricos. De esta manera, eliminaremos totalmente cualquier burocracia para averiguar cuánto gana cada uno en el mercado formal o informal y cualquier estigma o vergüenza que una persona pueda tener al informar sus escasos ingresos y pedir un complemento. Con esta ayuda básica, la persona podrá decidir si empieza otra actividad más útil, porque en la actualidad, las personas que reciben alguna ayuda del estado, piensan que si consiguen un nuevo trabajo, el gobierno les puede retirar la ayuda, y por eso pueden desistir de buscar algo mejor.

Desde el punto de vista de la dignidad, de la libertad del ser humano, tendremos la mejor ventaja. Para la mujer, que por falta de alternativa resuelve vender su cuerpo, para el joven, que se vuelve un miembro de la cuadrilla de narcotraficantes. El día que todos en la familia tengan un ingreso básico suficiente para atender las necesidades vitales, la persona va a ganar el derecho de decir NO. Por eso, la renta básica elevará el grado de libertad y dignidad de cada uno en la sociedad.

La idea de la RBU puede encontrarse en textos que remontan a Aristóteles, Confucio y La Biblia, y se encuentra en la famosa Utopía del inglés Thomas More de 1567, en las ideas de Thomas Paine, quien en 1795, después de la Revolución Francesa, propuso una indemnización pagada como alquiler del uso del suelo a todos los ciudadanos. ¿Cuál es el horizonte filosófico que inspira RBU?
Existen, dentro de cada uno de nosotros, valores éticos muy importantes, valores cívicos, valores de identidad, de bienestar y de fe, que necesitan ser tenidos en cuenta tanto por los gobiernos como por todos los segmentos de la sociedad.

Esos valores han sido siempre muy relevantes para la humanidad, pues son responsables de las grandes transformaciones ocurridas durante la historia. Valores como los que estimularon a tantos brasileños a seguir a Antônio Conselheiro en Canudos. Que inspiraron a escritores, como Machado de Assis o Gabriel García Márquez, o a poetas como Pablo Neruda o Castro Alves, a escribir obras de gran significado humano y social. Valores que iluminaron a Mahatma Gandhi al liderar a su pueblo en la conquista de la independencia de la India. Valores que caracterizaron el largo camino recorrido por Nelson Mandela y su pueblo para acabar con el Apartheid en África del Sur. Estos valores llevaron a millones de brasileños a las calles, en 1984, en la campaña que reclamaba elecciones directas. Lo mismo ocurrió en 1992, cuando nuevamente estos valores instigaron a nuestro pueblo, sobre todo a los jóvenes "caraspintadas”, que se movilizaron en la campaña Ética en la Política, que terminó con la caída del presidente de la República, que había roto todos sus compromisos con la Nación.

Recientemente, a principios del siglo XXI, el pueblo argentino, conducido por estos valores transformadores, ha manifestado su firme voluntad de tener un gobierno democrático que garantice la soberanía de la nación y la vida con dignidad de todo su pueblo. Para que esos valores sean respetados, es necesario que exista una ley justa.

El filósofo Aristóteles, que vivió en el siglo IV AC, insistió en que una ley para ser justa necesita distinguir lo que es participable e incompartible de lo que es repartible. Participable es aquello que no puede ser repartido porque, si fuese dividido, desaparecería, perdería su realidad. El poder, por ejemplo, es participable. En cambio los bienes y las riquezas son repartibles. La ley justa para lo que es participable debe de determinar que todas las personas son iguales ante la ley. La ley justa para lo repartible es aquella que encuentra una medida a través de la cual la repartición de los bienes y de las riquezas sociales produzca igualdad entre las personas.

El criterio de esa medida, según Aristóteles, es la cantidad total de bienes y riquezas de la sociedad, a partir de las relaciones de cambio. Por tanto, el criterio es impedir que, a través del cambio, la desigualdad crezca. El reparto de los bienes y riquezas no se realiza a partir de la cantidad de trabajo de cada uno, sino a partir de la totalidad de la riqueza social. Aquel que no trabaja también tiene derecho a una parte de la riqueza social. En primer lugar, porque quien no trabaja puede estar siendo impedido de trabajar. En segundo lugar, porque es necesario para la paz interna de la sociedad que no exista miseria ni desigualdades profundas. Se puede crear un sistema a través del cual se recaude más de los que más tienen, con la finalidad de asegurar de este modo a todos lo suficiente para vivir con dignidad” (Cristiano Morsolin)

 Este trabajo o propuesta que va recibiendo firmas, para que sea presentada como iniciativa ciudadana, y otorgada a los candidatos a gobernador de la provincia para el próximo turno electoral, encuentra también o por sobre todo, argumentos destinados a combatir la procacidad de pobreza como uno de los principales trastornos de la humanidad. Tal como lo detalla el intelectual Correntino, Francisco Tomás González Cabañas, en su articulo “Pobreza y Democracia”: A nadie se le puede escapar, al menos los que habitamos por estas tierras latinoamericanas en donde en nombre de la democracia, gobiernos populistas o conservadores, de derechas o izquierdas, administran la cosa pública, sin resultados concretos en relación a disminuir la pobreza (un cuarto de población como mínimo o piso en cada país como promedio).

En términos puros, o duros “La democracia sería un procedimiento de amenazas y negociación, que implicaría que las expectativas se ajusten o acondicionen a las de los otros individuos. Las personas tienen que negociar, intercambiar, regatear y alcanzas consensos, bajo la amenaza del exterminio mutuo” (Henry Mora Jiménez).

Claro que esto finalmente no ocurre, por una cuestión matemática, básicamente. La principal variable que mantiene el statu quo (insistimos que lo forman tanto los que dicen no formar parte del mismo o lo critican, como los que reconocen ser sus principales defensores), de estas simulaciones democráticas, es la pobreza y la marginalidad. Mientras se tengan índices altos, aquellos que escapan de tal reducto, más chances tendrán de seguir sometiéndolos, a sus decisiones, por un mendrugo o una dádiva (básicamente en tiempos o procesos electorales) a todo un universo de individuos al que de lo contrario, los tendrían que integrar en el cabal sentido del término. En la pirámide de los decisores, están no sólo los que gobiernan o manejan la cosa pública (más familiares, amigos y socios) sino también quiénes desean estar en tal lugar (opositores) y por lógica, deben aceptar las reglas de juego para participar. Estos, en su mayoría en verdad, son meros asociados, que se reparten cuotas o cotos de caza (ciudades o municipios, o bancas legislativas, o cargos en la justicia) para sostener la legitimidad y la legalidad, en el peor de los casos, están los incautos, que creen que podrán cambiar algo, sin cambiar antes las reglas de juego, estos son los idiotas útiles, los que les salen gratis al poder y los más furibundos y acérrimos defensores de un sistema que los tuvo, los tiene y los tendrá, como esclavos, o cancerberos de los opresores a quiénes dicen combatir.

Finaliza Mora Jiménez: “La igualdad contractual se transforma ella misma en relación de dominación, y lo hace por su lógica interna, que es una lógica de compra-venta (en general, de intercambio entre valores equivalentes). Por medio de la compra-venta se transmiten poderes, y estos poderes establecen una relación de dominación que en ningún momento viola la igualdad contractual”.

La violencia sexual produce por lo general strepitus fori, básicamente dado que el accionar de índole privada (o reservada) como la práctica sexual, es socializada, a efectos de que alguien resultó víctima padeciendo como abuso de la genitalidad de otro, o siendo menoscabado/a en su propia genitalidad, perforando la cuestión orgánica, y siendo afectado/a en su dimensión moral, psicológica y humana. Esta aberración, demuestra hasta qué punto los seres humanos, podemos prescindir de nuestra humanidad, despertando la curiosidad, de los congéneres, como para exorcizar la posibilidad de que eso mismo vuelva a ocurrir.

En términos políticos, ocurre algo muy parecido. Descontando a los pobres y marginales, a los que están en el negocio, como oficialista u opositores, a los románticos o incautos que les hacen el juego, el resto observamos impávidos, como violan una y otra vez, a nuestra democracia sometida a los peores vejámenes desde hace tiempo, es tan cruenta y atroz esta situación que no haremos nada para que cambie o se modifique, solo esperamos que no nos ocurra a nosotros lo mismo, al punto de ofrecernos a besar el falo del violador para creer que de tal modo, no seremos violados, sí es que nos entregamos antes.

En estas tierras de realismo mágico, no precisamos ni nobeles, ni reconocimientos académicos, ni subversiones del orden establecido, nos alcanza con el falo del violador, que en nombre de nuestra identidad, y por habernos sacado de los dominios de la corona (y que evitaron hacer la propia, como proponían Manuel Belgrano y José de San Martín, con el proyecto de “Monarquía Temperada”) nos someten a la peor de las pesadillas de ser pobres o evitar serlo, con la condición de no hacer nada por aquellos que deshumanizados en nombre de nuestro progresistas bienestar.

“Por lo mismo que ninguna forma de gobierno es tan débil como la democracia, su estructura debe ser de la mayor solidez; y sus instituciones consultarse para la estabilidad. Si no es así, contemos con que se establece un ensayo de gobierno, y no un sistema permanente; contemos con una sociedad díscola, tumultuaria y anárquica y no con un establecimiento social donde tengan su imperio la felicidad, la paz y la justicia…La libertad indefinida, la democracia absoluta, son los escollos adonde han ido a estrellarse todas las esperanzas republicanas” (Simón Bolívar. Discurso de Angostura. 1819)

Por Centro Desiderio Sosa. 

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