ANÁLISIS  21 de junio de 2017

El Último cole a Santa Catalina con la Tarjebus cargada en la Caja Municipal.

Así como la prohibición del incesto es el principio de autoridad que trasciende la cuestión de género, e instaura un padre regulador, una regla que se masculiniza dado que en última instancia puede echar mano a la violencia instintiva para justificarse, a lo largo de nuestra historia el símbolo que logramos conceptualizar para cumplir o no cumplir una aceptación social, es el dinero, el billete, la teca, el contante y sonante, la tela, la lana, la mosca, la biyuya, la lata, la papota, la tarasca, o como lo quiera denominar. La que estaría faltando en la Caja Municipal Capitalina y que sería toda la cuestión de aquí a diciembre cuando cambie de manos el gobierno (todo lo otro es cháchara) como la que falta en los bolsillos que son nuevamente convocados a votar, y que muchos lo harán nuevamente, por quiénes otros dicen que se la han llevado. Claro en el plano simbólico, el tiempo no es el mismo que en el plano de la realidad. El dinero es el simbolismo del poder que por otra parte nunca es real. Quién tiene dinero, no siempre tiene poder, pero quién no tiene dinero, no tendrá poder. El poder sólo es concebible mediante la acumulación de dinero. Quien quiera, pretenda o busque cambiar las reglas del juego del poder, de la política, de su actual sistema, debe cambiar esto mismo, en este plano simbólico. Debe hacer que la ciudadanía simbolice el poder mediante otro concepto que no sea el dinero. De lo contrario, seguiremos narrando, leyendo y siendo parte de una novela, de esta novela, repetitiva, reiterativa, obvia y evidente, que se consume en el éxtasis, sempiterno de su consumación paroxística.

Los conflictos ocurren cuando dos partes pugnan por algo específico que consideran propia para sí y que sí lo compartían antes ya no lo pueden, o quieren o deben compartir, por lo general un bien material, subyacente a lo que  se da en llamar como “intereses encontrados” se constituye en el disparador de que uno o unos cuantos se parapeten con otro u otros cuantos.

Lo más peligroso, triste y lamentable, de todos y cada uno de los conflictos entre ciudadanos occidentales, obedezca al quiebre del pacto social tácito entre los que tienen (ni siquiera los que más tienen, simplemente los que tienen) y los que no tienen, por cierto no es una hipótesis ni literaria, ni amarillista, ni alocada, es una posibilidad que la deberían pensar como tal los que poseen mayores responsabilidades ante la comunidad o pensarlas desde esta perspectiva; no la histórica, la eurocentrista-académica de los de arriba y los de abajo, sino lo de afuera y los de adentro.

Los que privilegiadamente por un designio del azar, nos hemos salvado de no ser carne de la indigencia, de la pobreza y de la barbarie de la exclusión, sabemos, palabras más, palabras menos, que somos una provincia que atesora proto-ciudadanos o croto-ciudadanos o semi-ciudadanos (como metáfora por la negativa de los semidioses griegos por ejemplo, a diferencia de los idiotas que no participaban porque no querían, estos los actuales no tienen la chance de plantearse nada) por decirlo con claridad taxativa, en cantidades industriales. La acción religiosa, pero por sobre todo, la cultura religiosa, es la quintaesencia en donde reposa la única razón valedera por la cual estas masas no arrasan, literalmente, con la cabeza de los pudientes, nada podríamos decir si no existiera un paraíso eterno que aguarda con cadencia la carencia del pobre, donde se redimirán todo tipo de injusticias, allí está el hijo del todopoderoso, espinado, crucificado, con sangre en el cuerpo, lapidado, humillado, de tez blanca, agraciado, joven, masacrado por (y esto es lo más maravilloso) ni siquiera por el malo, por el demonio o por el más terrible de los seres, sino por el no creyente, por el que dudo de sus palabras, de sus conceptos, de su cultura.

Imposible no adherir, al menos inconscientemente con esta forma de ver, de sentir el mundo, y no se trata ni de una religión, ni de la iglesia, ni de hombres, es un sistema cultural que hace a la mujer casar de blanco, y de tirarle agua al recién nacido (por citar actos litúrgicos que uno podría denominarlos como mínimo “vintage”), a costa de mantener a las masas domesticadas, con nada más que la esperanza que cuando mueran verán el sufrimiento del valle de lágrimas recompensado en el paraíso terrenal.

Aquel Pan y Circo de la Roma pagana fue superada por este narcótico del alma tal como lo definía Marx (“La religión es el opio de los pueblos”) y  la combinación con la democracia electoral hizo el resto.

Hablamos de democracia electoral, porque está muy claro, por más que sea harina de otro costal, que la democracia entendida como lo define la ciencia política, la vivimos en tiempos electorales, el esto podría ser un intento de, un esfuerzo de o un simulacro de.

El socialismo en la Argentina, introduce en el parlamento, las primeras demandas “populares” desde ya lo termina de materializar el radicalismo de la mano de Irigoyen, pero el Peronismo es quién se convierte en la quimera perfecta para una sociedad posible, entre clases desiguales.

No es difícil de explicar por qué en Corrientes, no gobierno el peronismo hace 40 años, más allá de la inutilidad desbordante de sus dirigentes, todas las fuerzas políticas que arribaron a la primera magistratura correntina (al menos 4 diferentes) recrearon el espíritu quimérico del peronismo, a su modo, a su forma y a su manera.

Acentuando aquello de la religiosidad, mediante la oficialización de imágenes paganas el cumplimiento a rajatabla de calendarios litúrgicos, el fetiche de la pertenencia al círculo de lo social, se delimitó siempre en estar dentro de las 4 avenidas, tan fuerte es el mensaje conceptual, que hasta la maravillosa costanera ha quedado afuera de la dimensión, dado que Corrientes no se ha pensado desde lo turístico, sino desde lo que represente y significa para sí y para quiénes atesoran sus historias, sus crónicas, sus deseos, sus sueños, en definitiva, sus dueños (de hecho si quiera pueden compatibilizar las fechas de carnaval y cuaresma).

Ese peronismo que con Perón hubo de incluir bastante (desde el 14 bis por definirlo en una línea) ha sido, y mucho más en Corrientes, una expectativa auspiciada por todos los partidos políticos, que con sus banderas, convicciones e historias propias, incluyeron, esa inclusión que de acuerdo a lo que establecimos como hipótesis, podría estar agrietándose, peligrosamente.

Básicamente la interlocución, el habla, la relación, entre los que no tienen, con los que tienen, podría estar quebrándose.

No partimos desde esta toma, vayamos a otro escenario, al de la democracia, por tanto a la arena electoral.

El pacto tácito entre los sectores que no tienen, con los que tienen (atención que no hablamos de sectores desfavorecidos, clase dirigente, el corte es tener y no tener) se viene modificando en sus códigos, en el habla, en el lenguaje, pero por suerte, el entendimiento, escaramuzas más, escaramuzas menos, resulta.

Al reiniciar la democracia el que era del Pacto, era del Pacto (el mismo tan exitoso para sus miembros, que románticos pertenecientes pretende volver), algunos peronistas y un puñado de radicales. La maquinaria era perfecta, hasta que desde adentro, producto también de un intento de unión entre peronistas y radicales y un estertor social (a comienzos de los `90) el tercer enroque del pacto, produjo el cisma, y sí desde arriba se cambiaban de partidos y de denominaciones, como no hacerlo desde abajo.

En pleno auge de los noventa, comenzaba a circular el voto por dinero efectivo, pero se sabía que si se conseguía o se invertía tanto, se obtendría lo pactado, era como un supermercado donde uno puede decir que barbaridad me venden el agua, pero era sí y sigue siendo así en el supermercado te venden el agua y si uno quiere lo compra al precio determinado en la góndola.

Hasta el estallido social de `01 funcionó tal código, tal sistema, ante la ruptura entre representantes y representados se barajó y se dio de vuelta, se iniciaba el reinado de los planes sociales.

La quimera del peronismo se hizo cargo de vuelta, en plena tormenta incluiría, sí para ello necesitaba denostar los noventa lo haría, dividiendo en izquierda y derecha, dando el corte desde otro lugar.  Aquella virtud que derrochaba a nivel nacional el peronismo, escaseaba en su dirigencia provincial, otra vez le soplaban la expectativa y los que incluían eran otros, que daban el corte a través de lo meteorológico (el aire fresco).

Se restableció el orden, sobrevino una suerte de recuperación de dignidad (nada que ver con el 14 bis, pero un reflejo de) la asignación universal, jubilaciones mínimas para aportantes mínimos, poco o mucho, depende de lo bien o mal que te caiga la Presidente, lo cierto y más importante, es que de un tiempo a esta parte, el pacto tácito entre los que tienen y los que no tienen, posee una endebles de consideración.

Se sabe, en todos los partidos políticos, que al que no tiene conviene visitarlo lo más cerca de las elecciones, que por más que se le de lo que se le lleve, agarrará de todos los partidos y terminará votando la boleta que se haya salvado de ser papel higiénico, también lo sabe el que no tiene, que hasta lo dice, no con resignación sino con naturalidad, “vienen cuando necesitan el voto”.

Quiénes estamos atentos a este tipo de cosas también sabemos que el interés real de poder incluir de quiénes se dicen inclusivos es una impostación para continuar con sus privilegios de clase, en la que se constituyeron,  y quiénes no tienen la necesidad de hacerlo, porque ya pertenecen no lo harían por un acto de caridad, sino de necesidad, por tanto el camino del que no tiene es mucha veces la exteriorización de su drama, por más que genere esto mismo una situación conflictiva.

Quizá nos quede rezar, esperar que la suerte nos acompañe, como dirían los redondos en la canción símil al título (El último Bondi a Finisterre) “con lo que cuesta armar un full, Gualicho de Olvidar, apretado en las manos…Caldos de Venus que son como Agua bendita y un par de rounds de amor con la tele encendida, Puede ser chaparrón, pero también tormenta, No quiero verte más, ¿será así mi ceguera?”.

Mejor es hablar en términos músicales de Corrientes Capital, por más que no sea el ámbito del chamamé auténtico, como en Mburucuyá, Curuzú o Mercedes, o del carnaval, por más que comparta reinado con el resto de sus comparsas de interior o de la tercera en discordia Entre Ríos, sus escritores se contentaron con tener dos ferias de libros, para exponer vanidades varias, haciéndoles el caldo a la politiquería de turno, y en los medios, habitan todos aquellos que hagan loas al que paga, o al sentido común de una Ciudadanía que pretende estar sana del desquicio que impone un sistema regido por el tener dinero, y que sin embargo no hace nada para evitar salir del mismo, pese a que este le enrostre una y otra vez, su faz mas deleznable y fétida; como una lluvia que inunda, como la pobreza que azota con mayor calamidad en los escasos días gélidos de un junio invernal que nos demuestra que esta no es la tierra sin mal o en su defecto, sí lo ha sido en algún momento, la hemos cambiado, de allí que siempre queramos cambiar.

 

Por Francisco Tomás González Cabañas

@frantomas30 

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