POLíTICA   15 de junio de 2017

De “Lo nuestro es Hacer” a lo Nuestro es escribir una carta.

El Intendente de la Capital, en retirada, recuperó la razón y con ello la palabra. Tuvo que padecer una feroz paliza electoral (no por la cuantitativo sino por lo categórico; él mismo la concebía como imposible, a la derrota) que lo dejo de cama, y tras unos días de reposo, pudo hablar y escribir. A diferencia de cuando creía que todo era hacer, entendió por la fuerza republicana de la democracia que la política no se trata de ello. Regreso a la razonabilidad. Vuelve a escribir. Como no podía ser de otra manera, usa su tinta, su razón y el poder que se le escurre de las manos, para favorecer a los suyos, como siempre lo hizo, como le enseñaron y como seguirá haciendo hasta el último minuto de vida política que le quede (por esto sería recomendable que le pidan institucionalmente que renuncié por más que no lo haga para preservar de mayor daño a la municipalidad). Sin embargo, puede que esté equivocado, y tal como ya le ocurrió, cuando no advirtió de sus errores políticos que le costaron la capital o su capital, esta vez le termine costando lo que le pueda quedar en la arena política.

El error en el que podría estar cayendo el Intendente que se fue (la ciudadanía capitalina acaba de votar y sí se le preguntara querría que sus autoridades asuman cuanto antes, no existiendo antecedentes históricos de distancias tan largas entre electos y en retirada, ver sino el caso de Alfonsín y Menem)es básicamente en el daño que le  está realizando y que por carta pública, a su amigo el ministro provincial, se la achaca a otros, a los funcionarios que por fuerza de su pluma  pretende dejarlos en planta permanente.

Cómo bien expresa el señor, que con la misma lógica debería regresar a la Dirección Provincial de Energía de Corrientes, o en todo caso denunciar a tal entidad por su precariedad laboral (nunca dejo en claro tampoco sí es que ingreso en pleno tiempo del pacto Autonomista-Liberal, por concurso público o recomendación/padrinazgo de alguien) están mancillando el buen nombre y honor de una treintena de personas, cuyos nombres y apellidos circulan en medios de comunicación como en redes sociales cuál si fueran pedófilos irredentos. El primero que lo mancilla es él, pues los hace presa de una acción de gobierno, que como toda es pública, en relación a funcionarios que son públicos, a horas de haber expresado el corpus público quién pretende que lo gobierne en su próximo mandato institucional. Este daño irreparable que realizo contra tales personas, tal vez lo hizo desde su desconocimiento o desde su pretensión de que nunca más podrán encontrar mejores horizontes que los que poseen como empleados municipales. Es decir, considera el señor que hizo, que ninguno de ellos podrá tener algo mejor sí no es por fuera de sus decisiones. No sólo que esto es barbárico en sí mismo, sino que la realidad se encarga de enrostrárselo negativamente, hasta su propio amigo el Ministro se lo señalo claramente; está perdiendo la compostura. No se trata de la legalidad de la decisión, que orbitara en el ámbito que tenga que orbitar. Sino en lo que significa la decisión en si misma, lo dijimos no solamente para esas personas a quién el hacedor considera de menos (por más que les haga creer lo contrario los está pisoteando en su dignidad al verlos sólo como sujetos de sus decisiones), sino para el cargo institucional con el que la ciudadanía lo contrato por un período de tiempo.

Siquiera, tuvo la gentileza, la modalidad de sentarse a dialogar con los electos, la grandeza, la hombría de bien, la entereza política, de plantearle a sus sucesores esto mismo. Defecciono, escondiéndose en la debilidad ajena, la de los suyos, a quiénes usa exponiéndolos en su debilidad, como para asestar este golpe a la continuidad jurídica del estado, porque no puede, no quiere, no es capaz, de hacerle frente a lo que le ocurrió políticamente, su craso fracaso como político y su éxito como administrador a la  vez. Administrar esta complejidad es una tarea para lo cual el ingeniero, demuestra no estar preparado. Si bien recupero la  razonabilidad, la palabra, pudo abandonar la soberbia autocrática de creer que iba a estar facultado a hacer lo que se le antojare, la recuperó por la fuerza de la gente, por el sopapo simbólico que le dieron y que lo devolvió a una realidad de la tuvo la fortuna de salir, pero no la preparación como para aprovechar.

Más allá de festejar el regreso al verbo, al concepto, a la palabra, a la carta, a las letras. A quiénes tanto combatió, como si fuese un compartimento rival al hacer del que se creía dueño y que por ello, enviaba a sus rabiosos beneficiarios a atacar a todos aquellos que mediante palabras le expresábamos nuestra disconformidad con un accionar peligrosamente autocrático, lo importante para señalar es lo siguiente:

En manos de la ciudadanía está la posibilidad de subsanar esto mismo, en manos de todas las víctimas de esta triste situación (sobre todos quiénes aparecen como beneficiarios), en manos de las autoridades electas. En manos de quienes dicen, porque saben, porque lo sienten, porque no se esconden detrás de los débiles, en manos de los que pusieron a los que están, para que con el recupero de la razón, descubran el valor del sentido común, de lo obvio, de la armonía, de la paz, y de la sabiduría de entender que todo lo que hagamos, como expresemos y pensemos tiene su réplica en la eternidad.

 

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