ACTUALIDAD  6 de junio de 2017

Periodistas a secas no, operadores a secas sí.

“Junto con la libertad de elección, que preserva para sus ciudadanos, el Estado tiene (o debería tener) otros objetivos: proteger su vida, su integridad física y sus bienes, luchar contra las discriminaciones, actuar en pro de la justicia, la paz y el bienestar comunes, y defender la dignidad de todos los ciudadanos. A este respecto, como ya sabía Burke, la palabra y las demás formas de expresión sufren restricciones, que se imponen en beneficio de los demás valores que asume la sociedad…Poner límites a la libertad de expresión no significa solicitar que se instaure la censura. Se trata más bien de apelar a la responsabilidad de los que tienen el poder de difundir informaciones y opiniones, responsabilidad que aumenta cuanto mayor es el poder del que se dispone y que debería suscitar una reserva proporcional. Pesan menos obligaciones sobre un libro que ha vendido cinco mil ejemplares que sobre un periódico que lee medio millón de personas o una cadena de televisión que ven cinco millones de espectadores” (Todorov, T. 2012:7)

Un nuevo día del periodista en que la comunicación no logra para sí tener una ley de pauta de distribución publicitaria. Al parecer los que se precian de tales, en una suerte de la exacerbación de un purismo absurdo, se ufanan de ser felicitados, palmeados, saludados, todos los 7 de junio, “chipaceados” en el ámbito de un reducto oficial, para tener presta la pluma, afilado el micrófono, el aire inmediato, y saciarse en la nada absoluta que significa y representa el supuesto servicio de comunicación social.

Lo hemos sostenido en infinidad de oportunidades (va otro link) pero al parecer ciertas sociedades ansían la criminalidad Goebbeliana que se le repita para que algo quede, independientemente de su posibilidad de ser verosímil. Si la comunicación tuviese un fin público, social, democrático que sirviera para sostener las libertades, tendría como prioridad el comunicar las formas y posibilidades de cómo derrotar el principal problema que afecta a nuestras tierras; la pobreza. A contrario sensu, como en una especie de paradigma de la perversión, los que se dicen comunicadores públicos, en nombre de ese purismo, de supuestamente comunicar bajo la égida del interés de las mayorías, les da el canal de comunicación a los principales responsables de que el hambre se haya extendido como un flagelo, y cuando tienen la posibilidad de preguntar, de indagar, de cuestionar, supuesto “leit motiv” de la comunicación, callan, o edulcoran, o evaden, o comunican lo incomunicable que es ni más ni menos que cualquier cosa, menos la razón de ser de la comunicación.

Operar sin embargo, es intervenir en la realidad, es hacerse cargo del animal político que somos tal como lo definió Aristóteles. Un comunicador, sea de deportes o espectáculos, con lo que comunique, interviene en la realidad que comenta, narra o diseñe. Que sepa lo que está haciendo, es decir ser consciente de su capacidad de operador, o que lo esconda por mostrarse como impoluto ante la comunidad de comunicación ya es harina de otro costal y una cuestión deontológica que sólo debería ser discutida en ámbitos académicos.

No ser considerado periodista, comunicadores, por quiénes, exacerban esta actividad travistiéndola de características que no posee, dotándola de una supuesta moral universal que debería seguir obcecadamente, es a todas luces un orgullo que nos podemos dar, los que no nos conformamos con un abrazo, un felicitaciones o una chipaceada cada 7 de junio.

 

 

Links Relacionados:

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http://comunaslitoral.com.ar/nota.php?ID=4985

http://comunaslitoral.com.ar/nota.php?ID=5192

 

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