POLíTICA   15 de mayo de 2017

Res non Verba Versus Cogito Ergo Sum.

En un breviario en donde como en todas las áreas parcelizadas de la correntinidad sólo tienen espacio para el supuesto debate intelectual-político, los amigos y entenados de, en una suerte de entropía de las cuatro avenidas, elitista y afecta al nepo-amiguismo, todos coinciden en señalar, extrañamente, que la actual disputa electoral por la Jefatura de Gobierno capitalino, es una de las peores, o de las que no se discute nada conceptual, importante o decisivo. Nosotros creemos, sin embargo, que además de la pelea por la fellatio, o la acción de mamar las bondades del estado (reduccionismo en la que ha caído de un tiempo a esta parte la democracia occidental) como pocas veces antes, se está planteando, hasta incluso sin que lo sepan sus propios protagonistas, formas distintas de concebir y ejercer el poder, que palmariamente se reflejan en datos estadísticos, como el llamado piso y techo alto que tendría el que va por su reelección y las posibilidades de quién va por destronarlo que son abismalmente contrastantes, inconducentes e inhabitables en una misma comunidad política.

Res non verba (hechos no palabras) es una definición, semántica como conceptual, que se atribuye a Catón el Viejo, un senador del siglo II a.C., cuyo nombre vendría con el tiempo a simbolizar las virtudes de frugalidad, coraje, determinación y trabajo que los romanos más apreciaban y que, según creían, les habían permitido conquistar su imperio. Para los ciudadanos de la gran urbe del Lacio, res non verba era un principio que se aplicaba, sobre todo pero de ningún modo exclusivamente, a su forma de concebir la política. Ello tenía, sin duda, un costado brutal, que sufrieron los pueblos conquistados. Esta fuente que tal vez, alumbró a posteriori una faz agonista de la  concepción política, reduce, la representatividad de la política a tal punto, que la lleva a su último resquicio, a su fundamento primario, que es ni más ni menos que la violencia. Hacer por hacer, sin pensar, concebirlo ni representarlo bajo palabras o análisis (denunciamos incluso que un candidato a concejal, envalentonado en estos términos expresó el brutalicidio de “hay que terminar con las palabras”) termina necesaria y lógicamente en absolutismos, en donde impera el acto, el hecho, que sin palabras se impone por la fuerza. Muchos hombres de acción, equivocadamente, piensan y sienten que los cuestionamientos del pensar, son dardos teledirigidos hacia sus cabezas, y con el manejo, mediático y sobre supuestas usinas “intelectuales”, quieren dejar en evidencia, que el pensamiento crítico es sólo la jactancia de las minorías, el inconformismos de infantes sociales, de quiénes al mando de agencia de noticias que tabican en sus cabezas,  tendrían que agarrar una pala para no pensar, dado que esta actividad no generaría, para sus conceptos, nada redituable, socialmente hablando, para sus festejos, concelebraciones y autopromociones. La condena de buscar respuestas donde no las hay (las filosóficas) es un encadenamiento eterno, el no arribar a una libertad absoluta, no significa que tengamos que abandonar una causa que viene con nuestra naturaleza, por más que la dictadura del hacer, nos someta a creer que sólo somos seres destinados a plantear desdichas sin objetivos prácticos. Para terminar con la introducción, que muchos agarren una pala, merced a que pocos gestionan la pala, no significa que algunos se pregunten, ¿para que se agarra la pala? Y esta pregunta fundo la filosofía moderna, El Cogito ergo sum, de René Descartes.

René Descartes, Francés, Filósofo, Feo, Matemático, Moderno, Metódico, Gran Generador de Generalidades, nueve primeros vocablos que se figuran, a los cuales luego, les podemos adosar una lógica; La letra F por filosofía y física, la M por matemática y la G por genialidad, es decir las tres ciencias sin las cuales no existiría el pensar y una única y cierta cualidad. Esto que puede sonar mero palabrerío, sobre todo para los que únicamente hacen, explicaría por qué quiénes llevan a estos candidatos, abrieron la posibilidad de usar el sistema de las colectoras, es decir multiplicar la posibilidad de ofrecer candidatos, a diferencia de sus adversarios que concentran todo en una nomenclatura única y oficial. Desde el punto de vista político son metodologías disímiles, cada uno con sus pros y contras, pero desde lo conceptual, eso que los otros no ven o lo ven como algo soso, es en verdad, determinante, sustancial, instituyente.

Para ejemplo bastara una sola muestra:

En este supuesto camino del pensar antes que el actuar, se lo debe hacer comprometidamente, no como una invitación a un acto romántico de domingo y cabe con relación a esto, una duda proverbial. ¿Por qué dentro de las distintas y disimiles colectoras que abonan a la fórmula oficial no está la del partido del vicegobernador, que sí bien nunca se caracterizó por cosechar muchos votos los que tuvo, la mayoría los tuvo en el distrito donde se vota? ¿Acaso siquiera la comunidad periodística-intelectual, esa que está tan interesada en señalar que nada importante se discute, puede preguntar a viva voz este interrogante político a sus principales actores, o al menos preguntarse?

Este como otros interrogantes obvios (¿Cuál sería la impronta del ex gobernador, desde el próximo 10 de diciembre?, ¿Será  en tal caso un gobierno, cerrado como el que pretende destronar, en donde impere la condiciòn de ser radical de cambiemos para formar parte de él?) tendrán que ser dirimidos por el candidato, opositor en el municipio, al mismo instante que continúa con el febirl ajetreo de campaña.

No vamos a elegir los ciudadanos de Corrientes Capital, entre dos modelos, dos proyectos, dos partidos, más o menos asfalto, la relación con nación o provincia, la posibilidad que uno u otro pueda contribuir o no con un determinado candidato a gobernador, ni ninguna otra trapisonda semántica, que por intermedio de colores, operativos de prensa o desvíos mediáticos se nos pueda hacer creer o pasar.

Vamos a elegir, a tener la posibilidad, que tal como se expresó bíblicamente primero sea el verbo, más luego el hacer, para discutir, incluso desde el hacer, sí con lo que se hace se combate o no la pobreza, antes que taparla con arena y cal, o cuanta cosa se le pueda ocurrir a cada quién.

Está en juego mucho más que una elección, que usted se dé cuenta de ello y no caiga en la trampa que le quieren hacer creer, que no se juega nada importante, ya saldará sus posibles dudas, su convicción ciudadana y con ello sabrá que hacer antes, durante y luego de la elección del 4 de junio.

 

 

   

 

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Comentarios

Roberto Santana

Bla, bla, bla

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