ACTUALIDAD  8 de mayo de 2017

Se llevan la nuestra.

Más que una estocada al Intendente Capitalino, como semanas atrás lo fue para el mismísimo Gobernador, desde el mismo canal que emite desde el unitario y selectivo barrio de Palermo de la CABA, o para toda la clase política o institucional (de hecho desde este punto más críticos que nosotros, difícil, sin embargo les reconocemos que sin saber muy bien cómo, lo cierto es que siguen sosteniendo la legalidad del pacto social) el manejo de la campaña política-social, por parte de dos o tres periodistas porteños, es un gran golpe para la supuesta comunidad periodística. En estas mismas columnas, algún mes atrás Noviembre de 2016, habíamos expresado “El periodismo correntino no existe” ( http://comunaslitoral.com.ar/nota.php?ID=5750 )pero claro, en estas tierras en donde ni siquiera se investiga un cartel y todo gira alrededor de lo que exprese el afamado mejor solventado desde Buenos Aires, nosotros siempre seremos los culpables, los responsables, cuando tan solo somos los mensajeros de algo tan evidente que nos da miedo el acercarnos a ello como para reconocerlo.

Tendríamos que haberla hecho, como lo hacen allá en América, se reparten la clientela del interior, los cinto ancho, tal como somos para ellos y nos envían dos vivos con una cámara, filman  los cartelitos y graban los lugares donde tendrían que estar las construcciones que expresa el cartel. Miran algún dato en internet y listo. El resto queda a cuenta de los presentadores, que son esos supuestos periodistas, que en verdad son más show-man (como en la política ingresan uno desde el futbol, el otro siendo amigo del jefe) que se la reparten con creces. La mía, la tuya y la de él.

Todos sabemos que aquellos lumpenes no tienen criterio periodístico por tanto menos tendrán interés periodístico. Hacen esos pseudo-informes por la contante y sonante que de alguna u otra manera sale del erario público que está a mil kilómetros de los tipos que la cobran para vender ese humo capitalino.

Nosotros pagamos caro, nuestra falta de libertad, a expensas de vivir atados a los límites del sueldo y del humor del patrón. Nos hemos acostumbrado a seguir el farol que mejor encienda, hacemos seguidismo bobo en el mejor de los casos, en tales certezas perdimos el respeto y la dignidad.

Por estos informecitos, los propios gobernantes salen solícitos, a dar explicaciones, públicas, por canales, hablando respetuosamente, pidiendo calma institucional a la ciudadanía, presentándose en la justicia, en los organismos de control. Cuando pocos, escasos, vernáculos, logran hacer una investigación, o expresar razonadamente una crítica, esos mismos gobernantes, envían a sus sabuesos más irracionales a que tilden de loquitos, de enfermos a tales hacedores, que los persigan incluso, organismos de gobierno, ejerciendo violencia institucional y una solicitud expresa a la comunidad toda, que traten con indiferencia y excluyan a los librepensadores que actúan atentando contra la salubridad social por pensar o hacer pensar.

Así como nos deben millones por reparaciones históricas no liquidadas, por eternas obras de infraestructura que siempre están al comenzar, y más allá de los colores políticos que nos han gobernado, siempre se impuso por sobre nuestra dirigencia una política unitaria, por parte de los nuestros que se conformaron con migajas, con mendrugos, o con la disputa simbólica de no estar de rodillas, para no reclamar (como lo hicieron en los últimos años otras provincias ante la corte por citar un ejemplo) lo que nos correspondía, los periodistas hacemos exactamente lo mismo.

Cómo nos conformamos con lo que nos quieran dar de pauta, en el tiempo que se considere, sin que se ajuste por inflación, tal como los perros (ahora ni siquiera porque los ricos son tan ricos y egoístas que en vez de preocuparse por los otros humanos que no comen, se preocupan por los suyos, animales, para que viajen en avión) nos quedamos con la sobra, no discutimos o presionamos para transformarlo en una ley de distribución, en una normativa municipal o en un simple protocolo.

En la capital, pero no de nuestra provincia, se juega nuestro destino político, social, histórico (también lo referimos en el artículo El primer operativo de prensa porteño en la historia terminó con la posibilidad de la Monarquía temperada. http://comunaslitoral.com.ar/nota.php?ID=5877 ) como también mediático.

Pero bueno usted sabrá, nosotros no luchamos por sus intereses, como está acostumbrado a escuchar o a que lo engañen, nosotros peleamos por su libertad, porque sí usted no la tiene, difícil que sepa cuál es su interés y lo más probable es que cualquier porteñito (como simbolismo del chapucero no del que vive en el Puerto) lo engañe con producciones que no son tales y con jueguitos de palabras altisonantes.

Además de llevarse nuestros recursos, nuestro dinero, nuestro respeto, nuestra dignidad, se llevan nuestra libertad, y por más que  sus cómplices locales nos acusen de todo por oponernos a esto, lo último no se lo vamos a permitir, a nadie.

 

 

 

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