ANÁLISIS  2 de mayo de 2017

Entendemos la política al estilo Caboverdiano.

Sí bien el sistema electoral de Ballotage, es de origen francés, quiénes lo volverán a experimentar nuevamente para elegir su máxima autoridad política en breve, desde nuestras reformas constitucionales (siempre de expertos mirando experiencias ajenas, eurocéntricas que muy poco tienen que ver con nuestra realidad, referencia, hasta con nuestros posibles deseos colectivos) hemos instalado esta metodología adversarial, agonal, que dispone el acendramiento de las grietas, y tal como lo estipula un funcionario de Gobierno nacional (que debería concentrar sus reformas en el sistema electoral antes que hacerlo en el eufemismo del financiamiento de las campañas, como lo inició otro hombre enquistado en el estado que ha pasado en sus jóvenes años por más de tres partidos distintos) disponiendo que la parte debe suplir al todo y por ende la política o sus políticos ,no dialogan ni consensuan, podríamos terminar, profundizando esta brutalidad rivalista, de generar mayorías (que son mínimas por otra parte, un 50% de habilitados que asisten a votar, no es la mayoría de la ciudadanía real, intimada u obligada a optar) tan polarizadas, tan indiscernibles en número, que el conteo (tal por ejemplo como ocurrió hace no mucho cuando no se pudieron contar los votos para el presidente de la AFA, o los recuentos problemáticos para repartir legisladores) puede terminar cómo en el país Africano de Cabo Verde, cuando en las elecciones presidenciales de 2001 debieron repetirse por las acusaciones de fraude y el escaso margen final (50,05% contra 49.95%). La Corte Suprema decidió el resultado final, después de las apelaciones cursadas por irregularidades en la votación: Pires, del PAICV, fue declarado ganador por 17 votos. Nosotros usamos la justicia antes, incluso, para esperar que habilite o inhabilite candidaturas, o que interprete las normas jurídicas que hubieron de ser creadas por el legislador.

Sí usted sigue pensando que el hermanar los procesos del continente Africano con nuestra realidad política, es una afrente velada, un escarnio soez, una provocación más a la que lo tenemos acostumbrado, le seguiremos mostrando evidencias, por más que no nos corresponda, dado que no somos precisamente nosotros los que enajenamos las cuentas públicas, proveyéndonos de recursos para satisfacer nuestras deseos de materialidad. Consabidamente, aclaramos, que lo que nos mueve es la conmovedora convicción de mejorar nuestros estándares democráticos y nunca menguarlos o reducirlos, al contrario, el señalar en ciertos aspectos la capito diminuto, a la que la suelen someter, por acción u omisión, algunos hombres encaramados en el poder, no es más que la prueba de cómo nos arriesgamos a ser maltratados por estos seres diminutos, con recursos varios para enviar a sus cancerberos a que nos muerdan los tobillos, porque creen que hablamos mal de ellos, cuando siquiera los registramos, sino simplemente apuntamos a las fallas que pueden cometer y dañar el sistema estructural y evitar perjudicarlo aún más, sí es que callamos ante observarlo.

 La siguiente es una carta colectiva, de cinco ciudadanas Caboverdianas que se expresan como si fuesen ciudadanas de cualquiera de nuestros barrios, preste atención:

“ Así estamos la gente de a pie, manteniendo el tipo, y ahí están ellos, los poderosos, los intocables políticos que dicen sí a los bancos cuando estos les piden dinero público mientras a la ciudadanía no nos queda otro remedio que aguantar el chaparrón del NO: no becas, no trabajo, no igualdad; no cultura, no energía sostenible, ni mundo mejor, ni Estado de Bienestar, ni educación pública y de calidad; sin sanidad comunitaria o pluralidad lingüística...No-sin-ni-nada. Aunque hay algo que SÍ tenemos: la convicción de que ESTE ESTADO QUIERE SER OTRO. Y queremos decirlo, gritarlo, pero no nos quieren dejar porque en el fondo saben que somos fuertes, y lo somos tanto que nos tienen miedo. Temen que a través de medios de expresión y comunicación horizontales tales como las redes sociales nos reunamos, nos juntemos y burlemos la delgada línea que separa la manipulación informativa de la verdadera información. Y desde Cabo Verde no nos podemos quedar impasibles ante la lamentable situación que atraviesa el mundo…Ahora me doy cuenta de que me mintieron. De que en mi país invertir en cultura sólo está justificado si hay dinero, de que sólo nos preocupamos por los problemas a nivel mundial cuando es tiempo de bonanza en casa. De que, a la vista de los errores cometidos, es más fácil optar por suprimir que por modificar. En realidad nunca creyeron. Yo sí…Estoy indignada. No me siento representada ni con posibilidades de estarlo. Siento que el futuro que nos plantean no es el único al que podemos acceder, ni el mejor, ni el que quiero. Siento que me engañaron, que me engañan. Ahora intentan callarnos a base de transformar nuestra indignación en profunda tristeza y desesperanza. Pero no lo conseguirán". Xiana Solla Lagoa, Alba García Sánchez, Paz Pérez Catalá, Ana Pons Calvo y Marta González Moujir… http://tambienhaysolencaboverde.blogspot.com.ar

El problema es mucho más profundo entonces que la cuestión electoral a la que apuntábamos, por más que sea algo verdaderamente urgente y prioritario, sí es que no queremos que el recuento de votos se haga, como en Cabo Verde, en el siempre sospechado y nada democrático poder judicial.

El problema es que ni en nuestra comarca, ni en África, como difícilmente en algún lugar de occidente se dé el espacio público democrático que constituye un aspecto basal del principio de legitimidad democrática, veamos sí no lo que tiene para decirnos el profesor Wellmer en su obra “Líneas de fuga de la modernidad”: “El espacio público democrático es aquella esfera en que el criterio de un posible asentimiento racional de todos los interesados puede hacerse valer sin la obligación característica para el discurso de la decisión, de restringir el discurso en términos personales y temporales. La discusión pública no sólo influye en el discurso de la decisión, sino que es también el medio de una revisión y crítica discursivas de las decisiones. Por tanto, el espacio público democrático es aquella esfera en la que el discurso puede ser continuado incluso más allá del momento de decisión, a saber, de tal manera que el poder comunicativo del espacio público pueda forzar también la revisión de decisiones” (Pág. 84-85).

La presente agencia de información, o el lugar en donde usted lee estas líneas, pretenden hacerse de ese espacio público democrático, de ese lugar que no lo encontrará en un partido (de hecho está es la razón de que tengamos demasiados, al no haber debate usted puede fundar el suyo en donde no discuta con nadie), en un medio de comunicación (nosotros no lo somos ni lo pretendemos ser la definición de los que lo son, es dar su voz, sin escuchar la suya o entendiendo que no la tiene o no conlleva la suya nada para ser escuchado o reproducido) en un congreso o ámbito académico (el saber cómo imposición es también o más bien allí, sucedáneamente unidireccional y disciplinar, lo que tendrá para decir, deberá que ser autorizado por quiénes le exigirán años de licenciatura, doctorados y máster, para que finalmente deje de pensar como usted y se transforme en un mero y huero instrumento de ellos) este espacio, es su espacio, en la medida que crea todavía que la democracia, más allá de las formalidades, de lo simbólico, reposa, subyace en el logos, en la idea, en el pensamiento, en lo más deslumbrante y enaltecedor que tiene el ser humano y que debería ser la guía o el objeto de cualquier organización social que se plantee un fin colectivo: promover, garantizar y fomentar el ejercicio de la libertad política. Todo lo demás llegará después. La plaza de la discusión de las ideas, con todo honor, gloria, sacrificio y abnegación la ponemos a su disposición, para que pueda sentirse a gusto en ella, y para que pueda, con argumentos preferentemente, decirnos por qué no está de acuerdo, más allá del poder que haya tenido, que tenga o que podrá tener.  

 

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